martes, 6 de septiembre de 2011

Chapter 11.

            • Narra Lilian.

Comenzamos una nueva semana, luego del fin de semana ajetreado que habíamos tenido con mi querida Ivy. Nos seguíamos riendo con todo lo que había pasado en los últimos días, bueno, en realidad yo lo hacía… no podía creer que ya había tenido sexo con el gran James Hetfield de Metallica, ¿y yo qué? Apenas estaba saliendo con Dave… Aunque en verdad tenía envidia; es decir, que suerte por ella...

         Señorita Proust… ¿puede prestar atención? – decía Paúl Smith, nuestro jefe.
         ¿Eh? ¿Qué? – fruncí el seño.
         No sé en verdad lo que está pensando, pero pido que por favor preste atención a la clase… es de urgencia que usted se ponga al día en todo este asunto, sobre todo porque está tratando con gente famosa – ironizó.
         ¿De qué está hablando? – fruncí el seño.
         En verdad solo te está fastidiando, tu ya sabes eso – rió Ivette.
         ¿Qué ha dicho señorita Devereux? – preguntó enfadado.

Me puse de pie, y caminé a la puerta, disgustada con todo lo que estaba pasando. Todos me miraron asombrados, asombrados de cómo yo, la extranjera era capaz de enfrentar al jefe de estudios que se encargaría de hacernos todos unos profesionales. Estaba harta de que este tipo se aprovechara de nosotras dos, solo por ser mujeres y mucho más por venir de Europa.

         Señorita Proust… ¿A dónde cree que va? – dijo molesto.
         A hacer orden en este maldito tribunal, cerdo xenofóbico – dije entre dientes, asombrando a todos.

Todas las bocas se abrieron, las mujeres taparon sus oídos demostrando mi manera vulgar de enfrentar la situación, salí del lugar caminando por esos fríos pasillos hacia la oficina del Magistrado, para poner a ese tipo en su lugar de una vez por todas.

         Hola Lilian – decía el tipo que hacía el aseo, lo conocía por tener una buena sociabilidad con la gente.
         Hola George – sonreí media molesta.

Llegué afuera de su oficina, tragué un buen montón de saliva que raspó mi garganta y me enfrenté a golpear la puerta del Magistrado, con mi decisión ya en mente, lista para cualquier cosa que el sujeto pudiera decirme.

         Adelante… – dijo una voz a la lejanía.

¡Dios! ¿Estará correcto lo que estaba a punto de hacer? Me cuestioné un par de segundos que se hicieron eternos en un momento complicado, giré la perilla luego de tenerla entre mi mano un largo rato, empujé la puerta con cuidado, así entrando en la oficina del Magistrado.

         Buenos días… – tragué saliva abruptamente.
         Buenos días… señorita Proust ¿Qué hace aquí? – sonrió poniéndose de pie para estrecharme su mano.

Apreté su mano con fuerza, decidida, me senté tal como me lo indicó y cerré los ojos respirando profundo para así poder ordenar mis ideas y declararle lo que tenía en mente.

         Anda Lily, ¿Qué sucede? – me trataba con confianza porque él nos trajo aquí con Ivette.
         Pues debo hacerle el comunicado… el señor Smith es un idiota xenofóbico que hace abuso de su poder en mi contra y contra Ivette. Me hago este enfrentamiento porque ya no lo soporto y no puedo trabajar así…

Me miró asombrado, hizo una mueca extraña con sus cejas, no podía creerlo, lo sabía… todo estaba en mi contra.

         ¿Qué dices? Eso es imposible… Paúl no es así, lo conozco hace años, hace décadas que trabaja aquí y nunca había tenido problemas con él…
         Quizá no, pero siempre hay una primera vez John, y sinceramente no puedo soportar esto – dije frunciendo el seño.
         ¿Sabes? Aún estoy asombrado con lo que me planteas Lilian. Creo que tendré que hablar con él respecto al tema, pero no te aseguro nada… ya que es uno de mis mejores hombres aquí – levantó sus cejas excusándose.
         ¿Qué? ¿Acaso no te importa la integridad de tus estudiantes? Por algo nos trajiste aquí con Ivette, no para que un viejo nos cuestionase todo el tiempo y nos apuntase con el dedo diciendo que todo lo que hacemos está mal solo porque somos francesas… ¿o para eso hemos venido? – dije molesta.
         Mira cielo, hoy hablaré con Paúl, así que no te preocupes, ahora vuelve a la sala… o puedes irte a casa, tú decides, pero no me vas a hacer dudar de mis trabajadores, porque aquí tengo lo mejor de lo mejor – dijo algo molesto.

Apreté mis labios en muestra de molestia, expulsé aire caliente y decidí salir de su oficina sin decir nada más. Caminé por esos pasillos fríos y anchos, que dejaban resonar el tok de mis tacones. Apreté mi maletín con fuerza y caminé hacia la salida, bajé las escaleras lentamente, doblando bien mis rodillas poco a poco, paso tras paso.

         Pero qué idiotas… – bufé entre dientes.

Me detuve en la acera e hice detener un taxi para ir al estudio de Dave, dijo que si salía temprano, fuese a visitarlo… cosa que hoy podría hacer.

         ¿Diga?
         Dave, voy para allá… – sonreí inocente.
         ¿Lilian? ¡Mierda! Tamaña mierda… – rió.
         ¿Qué sucede? Si quieres no voy, no tengo problema.
         No, nena, es porque los chicos tienen un gran desorden aquí, ven… que tu visita es bien recibida…

Sonreí.

         Está bien, estoy allá en 20 minutos…
         Bien, te espero entonces, adiós – corté.

Su voz me volvía loca, ese tono agriacido de su voz… ¡dios! No había hombre como él. Le pedí al chofer del taxi que se apresurara, lo único que quería era compartir lo que me quedaba de tarde para estar con Dave, aunque mi personalidad aún no florecía, me gustaba estar junto a ese tipo.

         ¡Merci beaucoup! – le dije al sujeto luego de bajar del taxi.

Me detuve frente a ese garaje gigante que yacía frente a mis ojos negros, acomodé mi cabello tras una de mis orejas y respiré profundo, cuando de pronto… Dave salió con una bolsa con basura entre sus manos. Me sonrió luego de quedarse mirándome un largo rato sin decir nada, yo sonreí como una niña pequeña, avergonzada de que sus ojos me estuviesen observando.

         Hola – moví mi mano en señal de saludo.

Se acercó a mí sin decir nada, con ese caminar despistado y varonil que lo destaca, me abrazó y besó mi mejilla con confianza, sus labios húmedos hicieron contacto con mi mejilla lentamente.

         Hola Lilian, ¿vamos adentro? – sonrió encogiendo sus ojos.
         Claro – asentí sonriendo, dulcemente.

Con su mano por sobre mis hombros me llevó adentro, un lugar amplio y medio oscurecido, sin nadie en su interior… solo instrumentos que supongo eran de los chicos, no había nadie… estaba semi-ordenado; al parecer si había estado arreglando el ambiente antes de que llegara, eso me causó gracia y no pude evitar sonreír.

         Veo que te esmeraste por ordenar – dije irónica.
         ¿Qué? No me digas que preferías el desorden… porque puedo desordenar si quieres – dijo preocupado.
         Es una broma Dave, está bien así como todo está – me senté en un sofá, dejando mi maletín a un costado de este.

Él se sentó junto a mí, se inclinó un poco hacia delante dejándome ver su espalda tras esa remera bien ajustada que traía puesta, me encantaba ese cabello rizado y despeinado como siempre suele usarlo, me tenté y lo acaricié con cuidado.

         Me encanta tu cabello – sonreí mirando perdidamente esos rizos anaranjados.
         ¿De verdad? Pensaba en cortarlo – rió.
         ¡No! No lo hagas, tu cabello es grandioso – lo miré sonriente.

Rió, quizá burlándose de mi reacción, pero me sentía en una confianza extraña y debía decirle que su cabello era genial, como sea… Se giró para mirarme de frente, mirándome extraño… sí, muy extraño, con sus ojos casi como enamorado, me puse nerviosa ya que no sabía que hacer.

         ¿Por qué decidiste venir?
         Pues salí temprano, y recordé que querías verme… además tuve una discusión con el Magistrado, maldito hijo de perra – miré hacia un costado.
         Esa es la actitud – rió – ¿Por qué has peleado con ese sujeto?
         Pues porque mi maestro es un maldito xenofóbico, abusa de su poder para menospreciar mí trabajo y le gusta dejarme mal frente al resto de sujetos idiotas que creen saber más que yo…
         Golpearé a ese tipo ¿Quién se cree? Tú eres una buena abogada, haces un espectacular trabajo… Deberían expulsarlo – dijo interrumpiéndome.
         Quiero irme lejos, esta ciudad ya me tiene harta, creo que sería mejor irme a New York – apoyé mi espalda en el respaldo.
         ¿New York? ¿Por qué tan lejos? – se extrañó.
         Pues no lo sé, me dijeron que los abogados allá son bien renombrados y que no me costaría encontrar trabajo… además no estaría con ese sujeto – bufé molesta como nunca antes.
         Pues vámonos a New York – sonrió mirándome directo a los ojos.

Lo miré desconcertada, ¿Por qué hablar de nosotros…? Me dio una nostalgia extraña, me gusta su mirada, tenía ganas de besarlo… como no, pero no ahora.

         ¿De que hablas?
         Con Megadeth saldremos de gira por la zona de New York y esos lugares, no estaría mal que nuestra representante nos acompañase, ¿no crees? – sonrió levantando sus cejas.
         ¿Estás hablando en serio? – sonreí sin creerlo.
         Claro, ya es hora de que pongas en acción todo lo que sabes mi amor, Megadeth saldrá de gira, y tú iras con nosotros – dijo lentamente para que pudiese entenderlo.
         Vaya, eso es… asombroso – sonreí y lo abracé espontáneamente.

¿Pero qué estaba haciendo…? Otro error, uno más para la colección.
De igual modo correspondió el abrazo, con esa fuerza extraña en sus brazos no tan gruesos, me apegó a su cuerpo con presión, me hizo sentir extraña, segura… ¿qué estaba pasando? Su mejilla comenzó a rozar la mía, poco a poco fue moviendo su rostro hasta llegar frente al mío, nuestras frentes chocaron en un dulce silencio, sus ojos a la corta distancia impactaron en los míos… solo un centímetro separaba mis labios de los suyos, su respiración se sentía tan cerca… Sus cabellos y los míos se mezclaron frente a nuestras mejillas, él sostenía mi rostro entre sus manos con sus ojos levemente abiertos, con su boca un tanto abierta dejando pasar ese aire caliente que impactaba en mis labios.

         Dave… – susurré.
         Shhh… – dijo en un tono muy bajo.

Cerré mis ojos sintiendo como se me iba el aire a medida que su respiración devoraba la mía, en un dulce silencio nuestras carnosidades hicieron contacto, sentí su piel frágil chocando con la mía suavemente, en un deleite que se selló como un beso, tan solo un choque de labios, que no requirió aquel jugoso vals de lenguas para ser perfecto…

sábado, 3 de septiembre de 2011

Chapter 10.

 
        • Narra Yvette.

Por fin había llegado el día en el que tendría mi gran cita con James Hetfield, apenas podía creerlo. Para ser honesta, estaba fuera de mí; corría como sicótica por toda mi habitación, arrojando mi ropa por todos lados, por lo que decidí llamar a Lilian para que me ayudara.

         ¿Por qué no tengo ropa para situaciones como esta? ¿Qué se supone que me ponga… la remera roja o la negra? ¡Dios, ayúdame a decidir! –
        No eres tan ruda ahora que vas a salir con él, ¿verdad? – preguntó sonriendo de medio lado.
        Bien, admito que quizás estaba subestimando esto de las citas. Ahora… ¡búscame ropa o moriré aquí mismo! – grité histéricamente mientras continuaba revisando entre mis cajones.
        ¿Por qué no te pones esto? – dijo poniendo la prenda frente a mi rostro.
        Claro que no, es para usar sin corpiño. Además, es un vestido blanco y no quiero aparentar celibato – dije riendo ante la idea de que James pensara que era pura o algo así.
        Creo que, a no ser que se te ocurra una mejor idea, esta es tu única opción –

Me di la vuelta para mirarla, estaba sonriendo; sabía que lo usaría de todas formas, así que se lo arrebaté y me metí al baño a ducharme. Cuando terminé, me vestí con una colaless negra que me había regalado Lilian para mi pasado cumpleaños, y el vestido blanco. Me calcé mis sandalias de taco favoritas, me alisé el cabello y me maquillé.

         ¿Cómo crees que deba saludarlo? ¿Debo comenzar a hablar yo primero o dejarlo a él? No debí haberme puesto este vestido…  – decía histérica.
        Cálmate mujer, estás comenzando a ponerme nerviosa… – dijo frunciendo el seño riendo – Y ese vestido te queda perfecto –

Continuamos discutiendo como debía comportarme, en realidad yo, ella solo escuchaba y reía. Tocaron el timbre de mi apartamento; di un pequeño salto… era James.

        Suerte nena, te irá bien – rió.

Salí del apartamento riendo a causa de los nervios, acomodando mi cabello. Mire mi reflejo en el espejo del ascensor mientras bajaba los 12 pisos hasta la recepción. Tomé una última bocanada de aire para darme valor antes de salir a las alborotadas e iluminadas calles de Los Ángeles.  Allí en la puerta me esperaba él, recostado sobre su lado izquierdo contra la pared, dándole la espalda a la puerta principal. Llevaba puestos unos pantalones de jean sueltos, zapatos negros y una campera de cuero. Me acerqué por detrás; estiré el brazo para tocar su hombro y llamar su atención pero me detuve, sentía como se formaba aquel tan conocido nudo en mi garganta… me armé de un valor que saqué de no sé donde y rocé su brazo. Él se dio vuelta, sorprendido de verme ahí, su mirada recorrió mi figura y sonrió de media luna dándome a entender que le agradaba lo que veía. Me tomó de la mano y me condujo hasta su auto, un BMW negro. Abrió la puerta del copiloto para que subiera.

         ¿A dónde iremos a cenar? – pregunté cuando entró al auto.
         Es un restaurante-bar, es nuevo – dijo mirándome.
         ¿Cómo se llama? – pregunté.
         “Zafira Shaiad” – contestó sonriendo.
         ¿Qué clase de nombre es ese? – reí – Cielos James, ¿qué tipo de lugares frecuentas? –
         No quieres saberlo cariño – rió – Veo que ya superamos lo del señor…–
         No es que lo haya superado, es que no quiero hacerte sentir más viejo de lo que ya eres – reí.

Bromeamos todo el resto del trayecto hacia aquel bar de nombre extraño. Estacionó el vehículo en el aparcamiento, bajo del auto y se apuró a abrirme la puerta.

         Gracias – dije tímidamente.

Me ofreció su brazo caballerosamente, el cual tomé riendo como idiota. Caminamos hasta la puerta donde nos recibió una empleada y nos indicó nuestra mesa. Nos sentamos y casi inmediatamente aparecieron dos meseros… quienes estaban desnudos, menos por los taparrabos que traían puestos. Tomaron nuestros pedidos y desaparecieron detrás de las puertas de la cocina.
Hablamos de negocios, fechas para los tours, posibles nombres, las canciones que entrarían en el próximo álbum, merchandising, entre otras cosas. Realmente estaba cómoda hablando con él, pero claro, eso no podía durar mucho.

         Te ves hermosa con ese vestido – dijo repentinamente.
         ¿Tú crees? – pregunté totalmente sonrojada y sin poder creer lo que oía.
         Claro que sí – dijo – ¿Por qué mentiría primor? –
          No lo sé…–  sonreí.

Trajeron nuestra comida, estábamos por comenzar a comer cuando comenzó a sonar una alarma en el lugar. Humo salía de la cocina y los meseros corrían de un lado a otro intentando calmar a la gente, quienes se ponían más y más alterados por el inminente incendio. De pronto, agua comenzó a llover del techo a causa de los grifos, que se activaron con la presencia de humo en el lugar. Afortunadamente, esto acabo con el fuego pero nos dejó completamente empapados.

         ¿Estás bien? – preguntó James.
         Sí… ¿y tú? – pregunté pero no obtuve respuesta – ¿James? – giré mi cabeza para mirarlo… estaba mirándome los pechos, muy fijamente para mi gusto.
         Oye… ¡James! – chasqueé mis dedos frente a su rostro.
         Oh... disculpa – dijo – No estaba escuchando –
         Lo noté, gracias – respondí – ¿Qué estabas mirando? –
         Es que… no traes… corpiño… –
         ¿Qué demonios? – miré mi vestido y noté como se traslucían mis pezones a causa del agua – James, eres un pervertido – reí.
         Bueno… esa fue una reacción que no me esperaba – rió.

Comenzamos a comer, reíamos por los chistes que él contaba. No me importaba el hecho de estar mojada y con mi maquille arruinado, esta era posiblemente la mejor cita que había tenido. James estaba contando un chiste sobre un hispano y un ruso, revoleando sus manos, cuando el tenedor salió volando de su agarre y aterrizó debajo de la mesa. Quise recogerlo pero no me dejo, se agachó él, tirándose debajo de la mesa, haciéndome reír nuevamente. Seguí comiendo, mientras esperaba que lo encontrara, cuando sentí una sensación extraña en mis piernas. Se sentía como si algo las rozara…  una mano, para ser más específica. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al contacto de su piel con la mía.

         Tengo… tengo que ir al baño – dije torpemente.

Me levanté lo más rápido que pude y corrí al baño. Abrí la canilla del agua fría y me mojé la cara. ¿Qué era lo que acababa de pasar allí afuera? Escuché que abrían la puerta pero no le di importancia y seguí refrescándome. Alguien me tomó del brazo y me giró, obligándome a mirarlo.

         ¿James…? –

Tomó mi rostro entre sus manos y se acercó lentamente; podía sentir su cálido aliento sobre mis labios. Cerró la distancia que nos separaba en un beso, el beso más dulce que me habían dado. Respondí casi al instante, rodeando su cuello con mis brazos y enredando mis manos en su cabello.

         Eres hermosa – dijo colocando un mechón de cabello detrás de mi oreja.

Cerré mis ojos, dejando que su boca fuera desde mis labios hasta mi cuello. Tiré mi cabeza hacia atrás, un suspiro de aprobación resonando en mi garganta. Me subió sobre la mesada de la pileta para estar más cómodo. Gemí, al sentir una mordida en mi cuello.

         Te gusta que te muerdan – dijo curiosamente – Dime… ¿Te gustan las charlas sucias? –

Intenté resistirme, mantuve mis ojos cerrados y mi boca de la misma manera.

         ¿Sabes que quiero hacerte ahora? – murmuró en mi oído – Quiero quitarte toda la ropa – prosiguió, acariciando todo mi cuerpo y deteniéndose al final de mi vestido – Y demostrarte cuanto me gustas –
         Hazlo – susurré.

Me quitó el vestido rápidamente. Ya no me preocupaba por mis inseguridades; estaba demasiado lejos de eso. Le quité su remera, acercándolo más a mí. Ambos gemíamos, besándonos apasionadamente. Mi cuerpo estaba en llamas y sólo podía pensar en cuan cerca quería a James de mí.

         James – respiré agitada, él presionó su frente contra la mía – Por favor…–  rogué.

Él sabía exactamente de lo que estaba hablando, sus ojos estaban oscuros por la lujuria. Rodeé su cintura con mis piernas, acercándolo más. Movió sus manos a la única prenda que me quedaba, retirándola salvajemente, pronto los dos estábamos desnudos. Se acomodó entre mis piernas, su miembro eréctil hacía contacto con mi piel. Cerré mis ojos y mordí mi labio inferior, mientras el entraba en mí, moviéndose lentamente. Me aferré a sus hombros; se estaba moviendo más rápido y ya no podía contener los gemidos que se escapan de mis labios. Me besó, una pasión que nunca antes había sentido oculta detrás de él. Sus movimientos se estaban volviendo más largos y fuertes y pude sentir como me acercaba cada vez más al clímax. Arqueé mi espalda, gritando su nombre. Mantenía mis ojos cerrados con fuerza, luces brillando en mis párpados. Podía oír a James gruñendo en mi oído, y sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando aquella sustancia se extendió en mi interior. Nos quedamos ahí, intentando recuperar el control de nuestra respiración y calmar los latidos descontrolados. Apoyé mi cabeza en su pecho y lancé mis brazos a su cuello, mientras él me rodeaba con sus brazos.  
Definitivamente… esta era la mejor cita que había tenido, por lejos.