DALE PLAY Y LEE.
• Narra Lilian.
Se paró frente a mí, su figura retorcida frente
a la mesa estaba presente, apreté mi taza de café con una fuerza terrible,
sentí como poco a poco perdía el aliento… tenía miedo a lo que pudiera pasar.
–
¿Qué haces aquí…? – dije sin comprender.
–
No puedes irte.
–
¿Qué? Espera… ¿Cómo me
encontraste…? – me puse de pie, molesta.
–
No puedes irte – dijo con la mirada ida.
–
Deja de repetir eso –
negué con la cabeza – ¿Qué haces aquí Dave?
–
Lo siento… – susurró
apenado frunciendo el seño.
No comprendía nada de lo que él estaba
diciendo, parecía que tenía algo en mente, pero no era precisamente lo que
estaban interpretando sus palabras. No sabía que pensar, y tampoco estaba de
ganas para perder mi tiempo, mi vuelo estaba a punto de salir, solo quedaban 5
minutos.
–
Permiso – dije esquivándolo,
tomando mis maletas y yéndome de allí.
–
¡No! – gritó.
Todas
las personas se nos quedaron mirando, su mano apretó mi brazo con una fuerza no
bruta, pero si extraña; sus ojos demostraban desesperación, su aliento estaba
resultándome tan ansiado… que no sabía bien lo que podía pasar ahora.
–
No puedes dejarme solo
ahora, no voy a dejarte ir… recuerda que te hice una promesa, te llevaré a New York… – sonrió
complicado.
–
¿A eso has venido? –
reí sin ganas – Ya no quiero ir a esa ciudad, puedes ir solo si quieres, yo
vuelvo a Paris, idiota – miré el suelo.
Tenía
tantas ganas de golpearlo en el rostro, solo me estaba haciendo perder el
tiempo, ya estaba decidida a abandonar esta ciudad, este país… y no regresar
nunca más.
–
Buena suerte con tu
banda – me solté.
–
No…
Con
el corazón hecho pedazos tomé mis maletas y caminé en dirección al avión, paso
a paso, como si la gravedad me jugara en contra; las personas pasaban junto a
mí tan lentamente que creí que me desmayaría… Unos duros pasos comenzaron a
seguirme, sentí como la presión de esa persona atormentara mi mente, de alguna
manera algo estaba provocando en mí… algo que me estaba haciendo daño…
–
No voy a dejar que te vayas – susurró mientras se acercaba.
Entonces me giré para verle, sus manos tomaron
mi nuca y una de mis manos, la presión que hicieron sus labios sobre los míos
al fin me abrían los sentidos para darme cuenta que estaba a punto de cometer
el peor error de mi vida al dejar en un país tan extraño a mi mejor amiga…
Su boca se abría y cerraba dando paso a su
lengua, por un extraño impulso yo correspondí, tal vez de verdad quería que
esto pasara tarde o temprano, pero una alerta me hizo reaccionar.
‘Vuelo 187 con destino Paris, Francia,
despegará en dos minutos (…)’
¿Estaba segura que dejaría ir ese avión? ¿O
simplemente esto era una despedida…? Mierda, ya no sé que es lo que tenga que
pasar…
–
No puedes irte… yo te
necesito aquí – tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos.
–
¿Por qué? Hace menos de
24 horas no querías verme… ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
–
La verdad – dijo sin
más.
–
¿La verdad? ¿De qué
hablas? – reí.
–
James e Ivette hablaron
conmigo, ya sé lo que pasó y lo idiota que fui al tratarte tan mal
injustamente… lo siento.
–
Tengo un vuelo que
tomar – le sonreí.
–
¿Piensas dejarme aquí
solo…? – alzó la voz.
–
Es triste que no
confíes en mí… Yo no tengo porque estar aquí, no pertenezco a este lugar Dave…
–
No volverá a pasar, en
serio. No puedes irte Lilian, yo te quiero aquí… conmigo – besó mi frente.
Cerré mis ojos, sentí su aroma. Tomé su rostro
con cuidado y lo besé superficialmente… no estaba convencida de nada así que
tomé mis maletas una vez más y emprendí el camino hacía el puerto de embarque
para abordar el avión con destino a mi ciudad natal.
Dejé atrás al hombre que revolucionaba mis
hormonas, con quizá una cara de asombro al ver que él ya no podía hacer nada
para retenerme en este maldito lugar; y fue allí cuando un grito me paralizó.
–
¡¡Liliaaaaaaaaaaaaaaan…!! – se escuchó en el vacío.
Me
detuve, sabía quien era, su voz era inconfundible…
–
No debes irte – gritaba
mientras se acercaba.
–
¿Por qué no? – reí
dolida.
–
Porque eres mi mejor
amiga – estaba sollozando.
La presión que había en su voz me atormentó, me
giré para mirarla… las lágrimas corrían desde sus ojos mientras me suplicaba
con su gesto de valentía que no la abandonara. Se acercó más a mí y de la nada
ya estábamos abrazadas, sus brazos me aferraban a ella con una fuerza
acogedora, comenzó a llorar, pidiendo disculpas, diciendo que jamás volvería a
ocurrir lo que había pasado, que no volvería a insultarme porque gracias a mí
ella había llegado tan lejos, gracias a mí gusto por las leyes ella se metió al
rubro y conoció a James, el amor de su vida… diciendo que sin mí, ella no sería
feliz.
–
Perdóname… por favor –
decía en mi oreja.
–
Ivette… – susurré
mientras dudaba de mis capacidades.
–
Lilian, te lo ruego…
quédate, aquí, conmigo, con Dave… por favor, quédate – me miró fijamente,
abatida.
–
…
–
¡Vamos, Lilian! No
puedes abandonarme así, tu sueño era venir a California, NUESTRO SUEÑO ERA
VENIR A CALIFORNIA… no me salgas ahora con que quieres irte, aún nos quedan
muchas cosas por hacer… juntas.
–
No lo sé… nada es como
me imaginé…
–
¿Cómo que no? Eres
abogada, vives en un lujoso hotel, tienes una motocicleta, te enamoraste,
tienes a tu mejor amiga aún contigo… ¿qué más quieres imaginar? Aún nos falta
tener una gran casa… – sonrió animada – Si te vas… no podremos lograr nada de
eso…
–
¿Enamorada? – reí.
–
Por favor, no seas
testaruda… quédate – suplicó.
–
¿Qué más quieres que
hagamos para que te quedes? – decía Dave parado atrás de mí.
–
Yo…
No sabía como reaccionar, tenía un gran nudo en
la garganta; Dave comenzó a inclinarse, aún con esa mirada tan ruda que siempre
ha tenido e Ivette sonrió disimuladamente cuando Mustaine de rodillas tomó mi
mano.
–
Lilian, te lo pido de
verdad… por favor, no te vayas – dijo apenado.
Verlo así, de esa manera me rompió el corazón y
como una niña tan arrepentida comencé a llorar, Dave se puso de pie y me apegó
a él mientras Ivette sonreía, él me soltó y luego fue su turno para abrazarme,
jamás en tanto tiempo había sentido tanto miedo de dejar a Ivette sola…
Me llevaron de vuelta a la ciudad, pero esta
vez no al hotel, si no que a la casa de Dave, dijo él que tenía una habitación
disponible, los chicos de la banda solían quedarse ahí cuando no querían volver
a sus casas, entonces él me la prestaría por un tiempo, hasta que con Ivette
consiguiéramos suficiente dinero como para comprar una casa para ambas.
–
Hablaré con Lombardi
para ver el asunto de tu regreso al bufé de abogados… haré todo lo posible –
decía Ivette parada en la puerta.
–
Si el viejo pone
problemas, no te preocupes, tendré que encontrar trabajo en otro lugar –
sonreí.
–
No, porque siquiera
somos abogadas aún, somos estudiantes y él no puede despedir a una estudiante.
–
Bueno, haz lo que
puedas, confío en tus capacidades…
–
Haré lo mejor que
pueda, ahora ve a descansar… suerte y no pienses en irte nunca más, no sin mí –
me abrazó.
–
Tranquila… gracias por
todo Ivy – la apreté con fuerza.
–
Descuida, para eso son
las amigas…
Se
marchó y quedé aquí con Dave, él estaba en la cocina intentando cocinar algo
para comer, pero en realidad ambos sabíamos que ese no era su fuerte.
–
¿Quieres que pida una
pizza o algo? – reí al verlo tratar de preparar unas hamburguesas, las que por
cierto quemó.
–
Sí, será mejor que
comer estas cosas negras – rió.
–
Está bien
Me senté en el sofá y pedí una pizza por
teléfono; fui al cuarto para acomodar la ropa de las maletas en los muebles que
allí había y luego volví al sofá en donde estaba Dave sentado, nos miramos un
rato con intenciones ocultas que ambos poseíamos y entonces se dio el momento…
Él
se acercó a mí, comenzamos a besarnos, su lengua invadía en mi boca como la mía
lo hacía en la suya, sus manos me acariciaban al mismo tiempo que las mías lo
deseaban cada vez más; poco a poco la temperatura fue subiendo como en toda
situación de este tipo. Solo podía oír el sonido de su respiración reposada en
la zona alta de mis labios, con una agitación que me incitaba a más. Rodeé su
cintura con mis muslos, ambos sentados en el sofá… con cuidado desabrochó mi
blanca blusa, del mismo modo que yo quité su oscura remera; él sonreía igual
que yo, esto era algo que quizá debió suceder hace un tiempo atrás pero que sin
embargo no habíamos tenido la oportunidad de recrear.
Mientras
la emoción en ambos comenzaba a hacerse presente, alguien llamó a la puerta,
‘Que se jodan’ dijo Mustaine mientras besaba mi cuello con locura, yo solo reí,
pero siguieron insistiendo, cada vez con más fuerza.
–
¡¿Es que hoy en día no
puedo tener privacidad?! – gritó echando su cabeza hacia atrás.
–
Ve a la puerta –
sonreí.
Sonrió medio apenado, pero me levanté de sus
muslos, él se puso de pie y yo me quedé en el sofá mirando la puerta para ver
quien era. Dave abrió la puerta un poco enojado.
–
¿Qué mierda quieres? –
bufó Mustaine.
Era Ellefson, quien no paraba de sonreír al ver
a Dave sin remera, él sabía que algo estaba pasando y reía con más ganas al
sospechar que había interrumpido un buen momento. Yo sonreí desde el sofá
mientras que Ellefson me miraba a la lejanía.
–
Lilian, abrocha tu
blusa – dijo Dave serio.
Asentí riendo, él estaba incómodo al saber que
su mejor amigo sabía que estábamos a punto de concretar algo que Dave deseaba
hace tiempo. Los dejé solos, fui al cuarto a ver televisión un poco mientras
que ellos hablaban de no sé que cosa en la sala; al poco rato llegó la pizza y
ellos me llamaron para que comiéramos juntos.
Comentaron cosas de una posible gira, ciudades
y estados a los que jamás he ido pero que tal vez visitaría en un futuro no tan
lejano.
–
(…) y bueno, Lilian irá
con nosotros – dijo Ellefson antes de comer un trozo de pizza.
–
¿Qué…? – dije
asombrada, pero feliz.