lunes, 27 de febrero de 2012

Capitulo 17


DALE PLAY Y LEE.

            • Narra Lilian.

Se paró frente a mí, su figura retorcida frente a la mesa estaba presente, apreté mi taza de café con una fuerza terrible, sentí como poco a poco perdía el aliento… tenía miedo a lo que pudiera pasar.

         ¿Qué haces aquí…? – dije sin comprender.
         No puedes irte.
         ¿Qué? Espera… ¿Cómo me encontraste…? – me puse de pie, molesta.
         No puedes irte – dijo con la mirada ida.
         Deja de repetir eso – negué con la cabeza – ¿Qué haces aquí Dave?
         Lo siento… – susurró apenado frunciendo el seño.

No comprendía nada de lo que él estaba diciendo, parecía que tenía algo en mente, pero no era precisamente lo que estaban interpretando sus palabras. No sabía que pensar, y tampoco estaba de ganas para perder mi tiempo, mi vuelo estaba a punto de salir, solo quedaban 5 minutos.

         Permiso – dije esquivándolo, tomando mis maletas y yéndome de allí.
         ¡No! – gritó.

Todas las personas se nos quedaron mirando, su mano apretó mi brazo con una fuerza no bruta, pero si extraña; sus ojos demostraban desesperación, su aliento estaba resultándome tan ansiado… que no sabía bien lo que podía pasar ahora.

         No puedes dejarme solo ahora, no voy a dejarte ir… recuerda que te hice una promesa, te llevaré a New York… – sonrió complicado.
         ¿A eso has venido? – reí sin ganas – Ya no quiero ir a esa ciudad, puedes ir solo si quieres, yo vuelvo a Paris, idiota – miré el suelo.

Tenía tantas ganas de golpearlo en el rostro, solo me estaba haciendo perder el tiempo, ya estaba decidida a abandonar esta ciudad, este país… y no regresar nunca más.

         Buena suerte con tu banda – me solté.
         No…

Con el corazón hecho pedazos tomé mis maletas y caminé en dirección al avión, paso a paso, como si la gravedad me jugara en contra; las personas pasaban junto a mí tan lentamente que creí que me desmayaría… Unos duros pasos comenzaron a seguirme, sentí como la presión de esa persona atormentara mi mente, de alguna manera algo estaba provocando en mí… algo que me estaba haciendo daño…

         No voy a dejar que te vayas – susurró mientras se acercaba.

Entonces me giré para verle, sus manos tomaron mi nuca y una de mis manos, la presión que hicieron sus labios sobre los míos al fin me abrían los sentidos para darme cuenta que estaba a punto de cometer el peor error de mi vida al dejar en un país tan extraño a mi mejor amiga…

Su boca se abría y cerraba dando paso a su lengua, por un extraño impulso yo correspondí, tal vez de verdad quería que esto pasara tarde o temprano, pero una alerta me hizo reaccionar.

                        ‘Vuelo 187 con destino Paris, Francia, despegará en dos minutos (…)’

¿Estaba segura que dejaría ir ese avión? ¿O simplemente esto era una despedida…? Mierda, ya no sé que es lo que tenga que pasar…

         No puedes irte… yo te necesito aquí – tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos.
         ¿Por qué? Hace menos de 24 horas no querías verme… ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
         La verdad – dijo sin más.
         ¿La verdad? ¿De qué hablas? – reí.
         James e Ivette hablaron conmigo, ya sé lo que pasó y lo idiota que fui al tratarte tan mal injustamente… lo siento.
         Tengo un vuelo que tomar – le sonreí.
         ¿Piensas dejarme aquí solo…? – alzó la voz.
         Es triste que no confíes en mí… Yo no tengo porque estar aquí, no pertenezco a este lugar Dave…
         No volverá a pasar, en serio. No puedes irte Lilian, yo te quiero aquí… conmigo – besó mi frente.

Cerré mis ojos, sentí su aroma. Tomé su rostro con cuidado y lo besé superficialmente… no estaba convencida de nada así que tomé mis maletas una vez más y emprendí el camino hacía el puerto de embarque para abordar el avión con destino a mi ciudad natal.

Dejé atrás al hombre que revolucionaba mis hormonas, con quizá una cara de asombro al ver que él ya no podía hacer nada para retenerme en este maldito lugar; y fue allí cuando un grito me paralizó.

         ¡¡Liliaaaaaaaaaaaaaaan…!! – se escuchó en el vacío.

Me detuve, sabía quien era, su voz era inconfundible…

         No debes irte – gritaba mientras se acercaba.
         ¿Por qué no? – reí dolida.
         Porque eres mi mejor amiga – estaba sollozando.

La presión que había en su voz me atormentó, me giré para mirarla… las lágrimas corrían desde sus ojos mientras me suplicaba con su gesto de valentía que no la abandonara. Se acercó más a mí y de la nada ya estábamos abrazadas, sus brazos me aferraban a ella con una fuerza acogedora, comenzó a llorar, pidiendo disculpas, diciendo que jamás volvería a ocurrir lo que había pasado, que no volvería a insultarme porque gracias a mí ella había llegado tan lejos, gracias a mí gusto por las leyes ella se metió al rubro y conoció a James, el amor de su vida… diciendo que sin mí, ella no sería feliz.

         Perdóname… por favor – decía en mi oreja.
         Ivette… – susurré mientras dudaba de mis capacidades.
         Lilian, te lo ruego… quédate, aquí, conmigo, con Dave… por favor, quédate – me miró fijamente, abatida.
        
         ¡Vamos, Lilian! No puedes abandonarme así, tu sueño era venir a California, NUESTRO SUEÑO ERA VENIR A CALIFORNIA… no me salgas ahora con que quieres irte, aún nos quedan muchas cosas por hacer… juntas.
         No lo sé… nada es como me imaginé…
         ¿Cómo que no? Eres abogada, vives en un lujoso hotel, tienes una motocicleta, te enamoraste, tienes a tu mejor amiga aún contigo… ¿qué más quieres imaginar? Aún nos falta tener una gran casa… – sonrió animada – Si te vas… no podremos lograr nada de eso…
         ¿Enamorada? – reí.
         Por favor, no seas testaruda… quédate – suplicó.
         ¿Qué más quieres que hagamos para que te quedes? – decía Dave parado atrás de mí.
         Yo…

No sabía como reaccionar, tenía un gran nudo en la garganta; Dave comenzó a inclinarse, aún con esa mirada tan ruda que siempre ha tenido e Ivette sonrió disimuladamente cuando Mustaine de rodillas tomó mi mano.

         Lilian, te lo pido de verdad… por favor, no te vayas – dijo apenado.

Verlo así, de esa manera me rompió el corazón y como una niña tan arrepentida comencé a llorar, Dave se puso de pie y me apegó a él mientras Ivette sonreía, él me soltó y luego fue su turno para abrazarme, jamás en tanto tiempo había sentido tanto miedo de dejar a Ivette sola…

Me llevaron de vuelta a la ciudad, pero esta vez no al hotel, si no que a la casa de Dave, dijo él que tenía una habitación disponible, los chicos de la banda solían quedarse ahí cuando no querían volver a sus casas, entonces él me la prestaría por un tiempo, hasta que con Ivette consiguiéramos suficiente dinero como para comprar una casa para ambas.

         Hablaré con Lombardi para ver el asunto de tu regreso al bufé de abogados… haré todo lo posible – decía Ivette parada en la puerta.
         Si el viejo pone problemas, no te preocupes, tendré que encontrar trabajo en otro lugar – sonreí.
         No, porque siquiera somos abogadas aún, somos estudiantes y él no puede despedir a una estudiante.
         Bueno, haz lo que puedas, confío en tus capacidades…
         Haré lo mejor que pueda, ahora ve a descansar… suerte y no pienses en irte nunca más, no sin mí – me abrazó.
         Tranquila… gracias por todo Ivy – la apreté con fuerza.
         Descuida, para eso son las amigas…

Se marchó y quedé aquí con Dave, él estaba en la cocina intentando cocinar algo para comer, pero en realidad ambos sabíamos que ese no era su fuerte.

         ¿Quieres que pida una pizza o algo? – reí al verlo tratar de preparar unas hamburguesas, las que por cierto quemó.
         Sí, será mejor que comer estas cosas negras – rió.
         Está bien

Me senté en el sofá y pedí una pizza por teléfono; fui al cuarto para acomodar la ropa de las maletas en los muebles que allí había y luego volví al sofá en donde estaba Dave sentado, nos miramos un rato con intenciones ocultas que ambos poseíamos y entonces se dio el momento…

Él se acercó a mí, comenzamos a besarnos, su lengua invadía en mi boca como la mía lo hacía en la suya, sus manos me acariciaban al mismo tiempo que las mías lo deseaban cada vez más; poco a poco la temperatura fue subiendo como en toda situación de este tipo. Solo podía oír el sonido de su respiración reposada en la zona alta de mis labios, con una agitación que me incitaba a más. Rodeé su cintura con mis muslos, ambos sentados en el sofá… con cuidado desabrochó mi blanca blusa, del mismo modo que yo quité su oscura remera; él sonreía igual que yo, esto era algo que quizá debió suceder hace un tiempo atrás pero que sin embargo no habíamos tenido la oportunidad de recrear.

Mientras la emoción en ambos comenzaba a hacerse presente, alguien llamó a la puerta, ‘Que se jodan’ dijo Mustaine mientras besaba mi cuello con locura, yo solo reí, pero siguieron insistiendo, cada vez con más fuerza.

         ¡¿Es que hoy en día no puedo tener privacidad?! – gritó echando su cabeza hacia atrás.
         Ve a la puerta – sonreí.

Sonrió medio apenado, pero me levanté de sus muslos, él se puso de pie y yo me quedé en el sofá mirando la puerta para ver quien era. Dave abrió la puerta un poco enojado.

         ¿Qué mierda quieres? – bufó Mustaine.

Era Ellefson, quien no paraba de sonreír al ver a Dave sin remera, él sabía que algo estaba pasando y reía con más ganas al sospechar que había interrumpido un buen momento. Yo sonreí desde el sofá mientras que Ellefson me miraba a la lejanía.

         Lilian, abrocha tu blusa – dijo Dave serio.

Asentí riendo, él estaba incómodo al saber que su mejor amigo sabía que estábamos a punto de concretar algo que Dave deseaba hace tiempo. Los dejé solos, fui al cuarto a ver televisión un poco mientras que ellos hablaban de no sé que cosa en la sala; al poco rato llegó la pizza y ellos me llamaron para que comiéramos juntos.
Comentaron cosas de una posible gira, ciudades y estados a los que jamás he ido pero que tal vez visitaría en un futuro no tan lejano.

         (…) y bueno, Lilian irá con nosotros – dijo Ellefson antes de comer un trozo de pizza.
         ¿Qué…? – dije asombrada, pero feliz.

martes, 21 de febrero de 2012

Capitulo 16


• Narra Ivette.

Hay días en los que simplemente no puedo alejarme de mis pensamientos, días en los que, como hoy, todo resulta de manera catastrófica. Estuve notando cambios en mi vida que me han hecho cuestionarme todo en lo que creía, ya no estaba segura de nada. ¿Estaba siendo racional o una idiota? ¿Justa o injusta? Mis emociones comenzaron a controlar mis acciones, algo que me prometí a mi misma nunca sucedería. ¿Qué se suponía que hiciera? Luego de aquella tarde… ya no sabía que pensar.

        Antes de que digas algo necesito que me escuches – dijo seriamente – No vengo a que me perdones ni a dar lástima, sólo quiero explicarme… luego podrás insultarme todo lo que quieras pero ahora, sólo escucha –

Asentí lentamente sin despegar mis ojos de su rostro, parecía triste, apenado, realmente me dolía verlo así. Tomó aire como si quisiera darse el valor para decir lo que tuviera para decir y comenzó…

        Esa noche estábamos en el bar con los chicos, sentados en la barra bebiendo cuando Kirk señaló a una chica sentada a unos asientos de nosotros. Al principio no la reconocí debido al alcohol que ya había consumido pero luego de unos minutos de mirarla vi que era Lilian, así que me acerqué a saludarla. Ella tampoco me reconoció al principio, al menos hasta que mencioné a Dave… quería hablarle para que ustedes dos arreglaran las cosas – sonrió tristemente al decir eso – No resultó muy bien…
        ¿Por qué dices eso? – pregunté imaginando la respuesta.
        Ella terminó insultándome y llamándome inmaduro – respondió haciendo una mueca – Pero eso no es lo importante; estaba borracha y yo me ofrecí a llevarla a su hotel. Cuando salimos del bar un paparazzi nos tomó la fotografía y… ya conoces el resto de la historia – concluyó mirándome fijamente.

Mi mente daba vueltas y vueltas sin sentido, sin poder detenerse en un solo lugar. Repaso todos los acontecimientos más recientes en mi vida, el aeropuerto, llegar a un nuevo país con mi mejor amiga, Lilian, las discusiones, James… y su explicación. ¿Debía creerle? Esa pregunta rondaba en mi cabeza desde el momento en que abandonó mi apartamento; se veía tan sincero pero, al mismo tiempo, no sería la primera vez que me mienten en situaciones similares. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no noté que mi celular estaba sonando hasta después de un minuto, me extrañó que no se hubiera cortado antes de que atendiera. Miré el identificador de llamadas; el número pertenecía a ella.

        ¿Qué quieres? – pregunté molesta, luego de contestar.
        Llamaba para saber como estabas – dijo melancólica – Como en los viejos tiempos…
        Sí. Estoy bien, gracias por llamar, pero si no te importa… debo trabajar – dije seria.
        Está bien, lamento haberte molestado. Pero quería avisarte de algo que tal vez… ya no te importe…
        ¿De qué estás hablando Lilian? – pregunté enarcando una ceja.
        Bueno Ivette, vuelvo a Francia
       
           Estados Unidos no es para mí, fue lindo soñar con que aquí seríamos felices, juntas. Pero fueron solo sueños, tal vez para ti sea todo lo contrario que para mí
       
         Te deseo mucha suerte Ivy, te amo amiga, perdona todo lo que tuvo que pasar… No te preocupes, no volveré a meterme en tu vida jamás, no te causaré caos alguno… nunca más.
        Lilian…
        Nos veremos algún día… quien sabe, cuando ya seas una abogada echa y derecha – sollozó.
        Yo… Lilian… no puedes…
        Adiós Ivette, cuídate mucho y suerte con tu vida aquí en Los Ángeles – cortó.
        ¿Lily…? – pregunté mirando al teléfono como idiota.

Lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, cayendo libremente por mi rostro y llevándose mi maquillaje con ellas. No podía irse así como si nada, eso sería tirar por la borda todo su esfuerzo y trabajo duro para llegar a donde estaba, estaría arruinando su futuro… no podía permitir eso… no iba a permitirlo, y es que recién ahora me daba cuenta de cuanto la necesitaba en mi vida y de cuan apenada estaba por haber exagerado todo. Inmediatamente marqué el primer número que se me vino a la cabeza.

        ¿Ivette? – preguntó incrédulo.
        Necesito tu ayuda, es una emergencia – dije rápida y desesperadamente.
        Claro, ¿qué sucede? – preguntó notando la urgencia en mi voz.
        Tienes que conseguirme la dirección de Mustaine –

Tomé mi auto y salí a toda velocidad hacia la calle que me había indicado James. Rogaba que Dave estuviera en su casa y no se le hubiera ocurrido salir, él era el único que podría ayudarme a detenerla, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde. Detuve el vehículo en la puerta de una casa de tamaño mediano, me bajé y corrí hacia la puerta. Golpeé repetidas veces hasta que se dignaron a abrirme, un sujeto de oscuro cabello largo bloqueaba mi vista al interior de la casa.

        ¿Sí? – preguntó sonriendo de media luna.
        Quiero hablar con Dave, es urgente – dije aceleradamente.
        Hey, ¡David, ven un segundo! – gritó riendo.

Un sujeto de cabello rubio se asomo por detrás del que había reconocido como Drover, me miró de arriba abajo y sonrió mostrando sus dientes.

        Vaya… ¿qué tenemos aquí? – dijo lentamente sin dejar de sonreír.
        Oigan no tengo tiempo para sus estupideces – resoplé – ¿Está Mustaine o no? – pregunté firmemente, estaba comenzando a perder la paciencia.
         Tal vez sí, tal vez no… ¿por qué asunto es preciosa? – preguntó acercándose a mí.
        Nada que te incumba a ti – respondí secamente, entrecerrando mis ojos.
        Vamos, no tienes por qué ser así…
        Seré como se me de la maldita gana idiota –

Empujé a los dos sujetos fuera de mi camino y entré a lo que parecía ser un living, no había señales de que Dave estuviera allí. Se oían ruidos provenientes del segundo piso, subí las escaleras rápidamente, podía oír a los otros dos corriendo detrás de mí, gritándome que me detuviera. Mustaine salió de una de las habitaciones, sorprendido de verme ahí.

        ¿Qué hace ella aquí? – preguntó enfadado a Drover y a Ellefson quienes acababan de llegar.
        Tengo que hablarte de Lilian – contesté.
        Tsk, ¿Lilian? – ironizó – No hay nada que hablar –

Se dio media vuelta y regresó a su habitación, cerrando la puerta de un portazo en mi rostro. Comencé a golpear a su puerta como una desquiciada, había ido para que me escuchara y eso era precisamente lo que iba a hacer, le gustara o no.

        ¡Abre la puerta! – grité.
       
        ¡Idiot, j'ai besoin de vous pour écouter! –
       
        ¡Vine aquí para que me ayudaras y no pienso irme sin que al menos escuches lo que tengo para decir! –
       
        ¡¡Mustaine, abre la maldita puerta ahora mismo!! –
        Deja de gritar – dijo alzando la voz, luego de abrir la puerta – ¿Qué es de tanta urgencia que vienes a pedir mi ayuda y no la del idiota de tu novio? –
        Lilian me llamó esta mañana para despedirse de mí…
        ¿Cómo que despedirse? – preguntó atónito.
        Sí, en este momento se dirige al aeropuerto; quiere regresar a París –

Guardó silencio, miles de emociones cruzaron sus facciones, parecía que estaba debatiendo consigo mismo sobre que hacer, que decisión tomar.

        Ella sólo te escuchará a ti, no puedes dejar que se vaya y me deje… nos deje a ambos – supliqué.
        ¿Por qué no le pides ayuda a Hetfield? Ellos están juntos ahora… – dijo casi agonizando.
        No, es todo un malentendido – admití – Dave… él sólo la estaba llevando a su hotel porque estaba ebria. El fotógrafo aprovecho la oportunidad en cuanto vio una historia nueva – aclaré.
        ¿Y tú les crees? – preguntó inseguro.
        Creo que los juzgamos sin conocer sus versiones. Puedes escuchar la de Lily, pero sólo si evitamos que suba a bordo de ese avión –
        Por dios… ¿Qué he hecho? – se lamentó – Soy un completo idiota…
        No hay tiempo para que te tengas lástima. Si quieres redimirte deja de lloriquear, cálzate los pantalones y ve a disculparte con ella – ordené.

Nos dirigimos a LAX, el aeropuerto de Los Ángeles, con suerte y conociéndola a Lilian se encontraría ahí, después de todo, era el número uno en lo que respecta a vuelos internacionales directos. Dave aparcó el coche en el estacionamiento, me bajé y, lo más rápido que mis piernas me lo permitían, corrí hasta la mesa de recepción. Había un gran cartel que indicaba los vuelos, busqué con la vista los que dijeran Francia; sólo había uno y estaba demorado.

        Disculpe – dijo Dave que acababa de llegar a mi lado – ¿Podría decirnos si Lilian Proust ya abordó su avión? Sacó un boleto para el vuelo 187 – preguntó acelerado.
        Vuelo 187, Los Ángeles, California – París, Francia... no, aún no puede abordar nadie debido a que está demorado –
        ¿Cuánto tiempo tiene de demora? – preguntó esperanzado.
        Está programado para las 17.45… unos 10 minutos, aproximadamente –
        Muchas gracias – agradecí, tomando el brazo de Dave y arrastrándolo conmigo.
        Este lugar es enorme, no la encontraremos a tiempo –
        Cállate y sígueme –

Caminamos por largos pasillos y subimos escaleras, todo el tiempo esquivando gente con grandes maletas y niños que corrían despreocupadamente de un lugar a otro, ya era casi la hora límite. Estábamos por darnos por vencidos, habíamos recorrido casi todo el lugar y aún no la encontrábamos por ninguna parte.

        Dave –
        ¿Qué sucede? –
        Ahí… – dije señalando una pequeña mesa al fondo de un bar.

Allí estaba ella, sentada bebiendo un café con sus maletas debajo de la mesa mientras miraba su reloj ansiosamente, esperando para abordar. Tomé a Dave por los hombros y lo empujé en su dirección. Él se acercó lentamente a su mesa y ella lo miró fijamente, la sorpresa de reflejaba en su rostro. Estaba muy nerviosa, ya no había vuelta atrás.

        Por favor… – susurré – Por lo que más quieras, no lo arruines Mustaine



miércoles, 11 de enero de 2012

Capitulo 15



            • Narra Lilian.


Las cosas empeoraban muy rápido, cada vez temía más a este nuevo país. Estados Unidos. Era más aterrador de lo que sonaba, siempre creí que viviendo aquí mi vida mejoraría, mi carrera sería un éxito y que nada ni nadie podrían arruinarme, pero me equivoqué.
Aquella mañana amanecí con una decisión en mi mente, tenía algo planeado, algo que tal vez era lo mejor para todos.

         ¿Cómo estás? – dije agobiada.
         Bien – respondió sin más.
         ¿Podemos vernos hoy? Dave. Es urgente que hablemos…
         No lo sé, tengo que hacer cosas importantes… – susurró molesto.
         Lo que debo decirte también es importante.
         Ah pues, lo siento, no podemos vernos hoy – cortó.

Lancé mi celular al piso, a la alfombra junto al mueble que sostenía el televisor. Una melancolía terrible invadió mis sentidos, lo único que deseaba en este momento era desaparecer. Aquella revista me había traído muchos problemas y lo mejor para esta situación era aclarar todo.

Me puse un vestido corto, hacía mucho calor, me veía provocativa, tal vez más de lo que quería parecer y tomé las llaves de mi motocicleta, bajé en el ascensor muy ansiosa, odio cuando esas cosas demoran tanto. Subí a mi motocicleta luego de salir del hotel, la monté rápido y partí a la dirección que encontré en una tarjeta de Ivette, la que por cierto había dejado en mi casa por olvido.

Subí las escaleras, no tenía tiempo de esperar el ascensor, y llegué a aquella habitación del hotel, golpeé con fuerza sin parar hasta que un despeinado sujeto de cabello negro me abrió, me miró de pies a cabeza y rió.

         ¿Está James? – dije acelerada, arreglando mi cabello tras una de mis orejas.
         Vaya… ¡James, ha llegado tu noviecita! – rió, llamándolo.

Lo miré con desagrado, me impacienté y lo empujé para entrar en el departamento, cuatro pares de ojos me observaron detenidamente, James estaba en el sofá, se puso de pie rápidamente asombrado de verme allí, más aún vestida así y con una actitud agresiva.

         ¿Qué haces aquí? – dijo levantando parte de su labio.
         ¿Tú que crees? – dije molesta.
         ¿Ella no es la de la foto? – rió uno de ellos con cara de idiota, Lars, creo que ese era su nombre.
         Tú cállate – le dijo James – ¿Qué sucede Lilian?
         ¡Por culpa de esa maldita foto mi vida se está hundiendo! ¡Y tú no estás haciendo nada al respecto! – grité, aguantando el llanto.
         Tranquila, no es para tanto… – puso las manos en el aire, intentando calmarme.
         ¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Estoy perdiendo a mi mejor amiga por tu culpa! – comencé a lloriquear – Debiste haber aclarado esa foto de inmediato con ella… gracias a esa maldita foto mi vida comenzó a desmoronarse… Perdí a Ivette… y perdí… a Dave… – rompí a llorar.
         Oye, eso no es mi culpa, intenté hablar con ella pero no quiere entender – suplicó.
         ¡De todos modos sabes que tú puedes convencerla! – grité.

Se acercó a mí mientras los otros tres miraban preocupados todo lo que estaba pasando, yo estaba fuera de control y precisamente no me gustaba que me vieran en esta faceta de desesperada.

Él, James, se acercó a mí e intentó calmarme, por lo que contesté con pequeños golpes en su pecho mientras éste no tuvo otra alternativa que atraparme entre sus brazos. Yo no me quedaba quieta, me sentía perdida, él me apegó a su pecho con fuerza intentando tranquilizarme, pero era imposible, lloraba sin poder detenerme; lo que estaba sintiendo en este momento era la perdición en toda su magnitud.

         Lilian, tranquilízate… golpeas duro – dijo echando la cabeza para atrás mientras me aferraba a su cuerpo.
         Todo es tu culpa – grité.
         Ya basta con eso, nadie es culpable en este asunto – alzó la voz – Tranquilízate de una vez – me apretó con fuerza.

Me largué a llorar en su pecho, mojando su oscura remera, sus brazos me sirvieron de apoyo para no despegarme de él, aunque en verdad solo quería golpearlo e insultarlo a más no poder. Mis lágrimas fueron derramadas, mi aliento fue perdiendo su fuerza y mi corazón fue disminuyendo su ritmo a medida que se prolongaba nuestro contacto corporal, aún no podía sacar de mi cabeza todo lo que estaba pasando y eso me mantenía devastada. Creí que viniendo aquí podría salir al menos sin un peso encima, pero tenía otro peso sobre mí… James no era un idiota como había pensado.

Me solté como pude, lo miré a sus azules ojos, lo miré con dolor e ira al mismo tiempo, sequé un poco mis mejillas mojadas y negué con mi cabeza.

Caminé a la puerta y al salir de allí di un gran portazo, bajé por las escaleras para tranquilizarme. Me detuve en la puerta de salida y sentí la brisa llevarse mis añoradas lágrimas. ¿Qué es lo que debía suceder ahora?


         Dave por favor… ábreme la puerta – dije mientras golpeaba la puerta del galpón donde ellos solían ensayar.
        
         Dios, ¡Dave, por favor! – supliqué, cansada.

Sentí un ruido adentro, quizá alguien se cayó. Demoró para que alguien abriera la puerta, era él… Dave, con la vista ida, era obvio que no estaba dentro de sus cabales. Ebrio, tal vez drogada, quien sabe, su cara era la típica estando en bajo los efectos de esas sustancias, lo miré un largo rato con las cejas preocupadas, demostrándole así que no me gustaba verlo en ese estado.

         Tenemos que hablar – intenté moverlo para poder entrar.
         No – dijo imponente.
         ¿Cómo que no? – encogí mis ojos sin entender.
         Tú no entras, no quiero nada contigo – dijo repudiándome, con ese característico labio levantado.
         Dave… tenemos que…
         ¡Te dije que no! – gritó – Lo que hiciste con Hetfield… jamás te lo perdonaré – dijo entre dientes.
         Yo no he hecho nada con él… solo…
         ¿Nada? – rió – ¿Y esa foto qué? ¿No estaban haciendo nada en ese bar? – alzó la voz.
         Dave… déjame explicarte… no es lo que tu estás pensando – lo miré abrumada.
         ¿Y que estoy pensando…? ¿Acaso puedes leer mi mente? – rió irónico.
         No me trates así… yo no quería que…
         ¡Vete de aquí! Eres una mentirosa, igual que todas las mujeres… – negó con su cabeza.
         ¡Puedes escucharme de una maldita vez! – grité.

Se me quedó mirando asombrado, atónito con mi respuesta y forma de actuar. Comencé a sentirme sobrepasada, esto ya era demasiado. Él solo negó con su cabeza, con sus ojos llorosos… me partió el corazón verlo así.

         Dave… – susurré.
         Adiós Lilian… – cerró la puerta en mi cara.

Un vació se llevaba mi alma, un aire espantaba mis sueños y la adrenalina de la desesperación me hizo sentir una idiota otra vez. Aguanté las lágrimas dentro de mí, respiré agitada, profundo… para poder calmar mis nervios.

Caminé nuevamente a mi motocicleta, con el alma echa trizas, repitiéndome una vez más: Jamás debiste dejar ParísManejé hasta el hotel en donde estaba viviendo, busqué mi teléfono y llamé al aeropuerto, demoraron más de media hora para poder darme unos asientos en el primer avión que saliera la mañana siguiente, no pasaría más tiempo en un país que me había arrebatado las ganas de vivir.

Busqué toda mi ropa, todos mis trajes de abogada que jamás volvería a usar en este lugar, guardé mis peines, mis calcetines, incluso aquella foto que tenía en el aeropuerto de Paris, horas antes de pisar el suelo de este maldito país. Cada segundo que pasaba se hacía terrible, parecía que mi maleta jamás se llenaría; guardé hasta el pijama, esta noche dormiría en ropa interior. Me recosté en la cama y me perdí en miles de fragancias que venían de la panadería de enfrente, aquel dulce olor a pan recién horneado.

Amaneció, con el despertador a todo volumen. Lo apagué como pude, miré tal vez por última vez por aquella gran ventana que poseía esta habitación, me di un largo baño, lavé mi cabello y luego de secarlo lo alisé. Me puse una falta negra corta, haciendo lucir mis largas piernas, unos tacones negros me hacían ver más alta, y una ajustada camisa blanca dejaba ver la zona alta de mis pechos. Me maquillé como siempre, con el delineador oscuro en mis ojos y un labial rojo en mis labios, tomé mi cabello en una coleta y unos aretes largos y plateados adornaban mis orejas.

         Bien, esto ha sido todo…

Tomé mis dos maletas y salí, cerré con llave y esperé el ascensor. Demoró quizá más de lo que había demorado durante mi estadía en este lugar.

Una buena música se oía mientras bajaba al piso principal, dejé la llave en recepción, pagué lo que debía y agradecí la buena atención. Pedí un camión para que llevara la motocicleta al aeropuerto conmigo, viajé junto al chofer durante el camino, pedir un taxi hubiera sido un gasto extra e inútil.

         Vamos… contesta – dije mientras marqué un número.
         ¿Qué quieres? – preguntó molesta, luego de contestar.
         Llamaba para saber como estabas – dije melancólica – Como en los viejos tiempos…
         Sí. Estoy bien, gracias por llamar, pero si no te importa… debo trabajar – dijo seria.
         Está bien, lamento haberte molestado. Pero quería avisarte de algo que tal vez… ya no te importe…
         ¿De qué estás hablando Lilian?
         Bueno Ivette, vuelvo a Francia – cerré los ojos.
        
         Estados Unidos no es para mí, fue lindo soñar con que aquí seríamos felices, juntas. Pero fueron solo sueños, tal vez para ti sea todo lo contrario que para mí – sonreí mirando por la ventana, soltando unas lágrimas.
        
         Te deseo mucha suerte Ivy, te amo amiga, perdona todo lo que tuvo que pasar… No te preocupes, no volveré a meterme en tu vida jamás, no te causaré caos alguno… nunca más.
         Lilian…
         Nos veremos algún día… quien sabe, cuando ya seas una abogada echa y derecha – sonreí, sollozando.
         Yo… Lilian… no puedes…
         Adiós Ivette, cuídate mucho y suerte con tu vida aquí en Los Ángeles – corté.

El alejado aire de la carretera entrando por la ventana se llevaba en él todas mis esperanzas, mis anhelos eran derramados como lágrimas sin sabor, con una furia plena al no saber que la vida me jugaría tantas malas pasadas. El camino se hacía lejano, autos por todas partes y para colmo una canción de Megadeth en la radio del camión…

         Hasta nunca Dave – susurré.

Cerré los ojos, intentado así olvidar lo que pasó, pero era imposible, era inevitable. La vida no se hizo para borrar y volver a hacerlo, se hizo para continuar y hacerlo mejor.