• Narra
Ivette.
Hay días en los que simplemente no puedo alejarme de mis
pensamientos, días en los que, como hoy, todo resulta de manera catastrófica.
Estuve notando cambios en mi vida que me han hecho cuestionarme todo en lo que
creía, ya no estaba segura de nada. ¿Estaba siendo racional o una idiota?
¿Justa o injusta? Mis emociones comenzaron a controlar mis acciones, algo que
me prometí a mi misma nunca sucedería. ¿Qué se suponía que hiciera? Luego de
aquella tarde… ya no sabía que pensar.
–
Antes de que digas algo
necesito que me escuches – dijo seriamente – No vengo a que me perdones ni a
dar lástima, sólo quiero explicarme… luego podrás insultarme todo lo que
quieras pero ahora, sólo escucha –
Asentí lentamente sin despegar mis
ojos de su rostro, parecía triste, apenado, realmente me dolía verlo así. Tomó aire como si quisiera darse el
valor para decir lo que tuviera para decir y comenzó…
–
Esa noche estábamos en el
bar con los chicos, sentados en la barra bebiendo cuando Kirk señaló a una
chica sentada a unos asientos de nosotros. Al principio no la reconocí debido
al alcohol que ya había consumido pero luego de unos minutos de mirarla vi que
era Lilian, así que me acerqué a saludarla. Ella tampoco me reconoció al
principio, al menos hasta que mencioné a Dave… quería hablarle para que ustedes
dos arreglaran las cosas – sonrió tristemente al decir eso – No resultó muy
bien…
–
¿Por qué dices eso? –
pregunté imaginando la respuesta.
–
Ella terminó insultándome y
llamándome inmaduro – respondió haciendo una mueca – Pero eso no es lo
importante; estaba borracha y yo me ofrecí a llevarla a su hotel. Cuando
salimos del bar un paparazzi nos tomó la fotografía y… ya conoces el resto de
la historia – concluyó mirándome fijamente.
Mi
mente daba vueltas y vueltas sin sentido, sin poder detenerse en un solo lugar.
Repaso todos los acontecimientos más recientes en mi vida, el aeropuerto,
llegar a un nuevo país con mi mejor amiga, Lilian,
las discusiones, James… y su explicación. ¿Debía creerle? Esa pregunta rondaba
en mi cabeza desde el momento en que abandonó mi apartamento; se veía tan
sincero pero, al mismo tiempo, no sería la primera vez que me mienten en
situaciones similares. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no noté que
mi celular estaba sonando hasta después de un minuto, me extrañó que no se
hubiera cortado antes de que atendiera. Miré el identificador de llamadas; el
número pertenecía a ella.
–
¿Qué quieres? – pregunté molesta, luego de contestar.
–
Llamaba para saber como
estabas –
dijo melancólica – Como en los
viejos tiempos…
–
Sí. Estoy bien, gracias por llamar, pero si no te importa…
debo trabajar – dije seria.
–
Está bien, lamento haberte
molestado. Pero quería avisarte de algo que tal vez… ya no te importe…
–
¿De qué estás hablando Lilian? – pregunté enarcando una
ceja.
–
Bueno Ivette, vuelvo a
Francia –
–
…
–
Estados
Unidos no es para mí, fue lindo soñar con que aquí seríamos felices, juntas.
Pero fueron solo sueños, tal vez para ti sea todo lo contrario que para mí
–
–
…
–
Te deseo mucha
suerte Ivy, te amo amiga, perdona todo lo que tuvo que pasar… No te preocupes,
no volveré a meterme en tu vida jamás, no te causaré caos alguno… nunca más.
–
Lilian…
–
Nos veremos algún día…
quien sabe, cuando ya seas una abogada echa y derecha – sollozó.
–
Yo… Lilian… no puedes…
–
Adiós Ivette, cuídate mucho
y suerte con tu vida aquí en Los Ángeles – cortó.
–
¿Lily…? – pregunté mirando al teléfono como idiota.
Lágrimas
comenzaron a salir de mis ojos, cayendo libremente por mi rostro y llevándose
mi maquillaje con ellas. No podía irse así como si nada, eso sería tirar por la
borda todo su esfuerzo y trabajo duro para llegar a donde estaba, estaría
arruinando su futuro… no podía permitir eso… no iba a permitirlo, y es que recién ahora me daba cuenta de cuanto
la necesitaba en mi vida y de cuan apenada estaba por haber exagerado todo.
Inmediatamente marqué el primer número que se me vino a la cabeza.
–
¿Ivette? – preguntó incrédulo.
–
Necesito tu ayuda, es una emergencia – dije rápida y
desesperadamente.
–
Claro, ¿qué sucede? – preguntó notando la urgencia
en mi voz.
–
Tienes que conseguirme la dirección de Mustaine –
Tomé
mi auto y salí a toda velocidad hacia la calle que me había indicado James.
Rogaba que Dave estuviera en su casa y no se le hubiera ocurrido salir, él era
el único que podría ayudarme a detenerla, sólo
esperaba que no fuera demasiado tarde. Detuve el vehículo en la puerta de
una casa de tamaño mediano, me bajé y corrí hacia la puerta. Golpeé repetidas
veces hasta que se dignaron a abrirme, un sujeto de oscuro cabello largo
bloqueaba mi vista al interior de la casa.
–
¿Sí? – preguntó sonriendo de media luna.
–
Quiero hablar con Dave, es urgente – dije aceleradamente.
–
Hey, ¡David, ven un segundo! – gritó riendo.
Un
sujeto de cabello rubio se asomo por detrás del que había reconocido como Drover,
me miró de arriba abajo y sonrió mostrando sus dientes.
–
Vaya… ¿qué tenemos aquí? – dijo lentamente sin dejar de
sonreír.
–
Oigan no tengo tiempo para sus estupideces – resoplé –
¿Está Mustaine o no? – pregunté firmemente, estaba comenzando a perder la
paciencia.
–
Tal vez sí, tal vez
no… ¿por qué asunto es preciosa? – preguntó acercándose a mí.
–
Nada que te incumba a ti – respondí secamente,
entrecerrando mis ojos.
–
Vamos, no tienes por qué ser así…
–
Seré como se me de la maldita gana idiota –
Empujé
a los dos sujetos fuera de mi camino y entré a lo que parecía ser un living, no
había señales de que Dave estuviera allí. Se oían ruidos provenientes del
segundo piso, subí las escaleras rápidamente, podía oír a los otros dos
corriendo detrás de mí, gritándome que me detuviera. Mustaine salió de una de
las habitaciones, sorprendido de verme ahí.
–
¿Qué hace ella aquí? – preguntó enfadado a Drover y a
Ellefson quienes acababan de llegar.
–
Tengo que hablarte de Lilian – contesté.
–
Tsk, ¿Lilian? – ironizó – No hay nada que hablar –
Se
dio media vuelta y regresó a su habitación, cerrando la puerta de un portazo en
mi rostro. Comencé a golpear a su puerta
como una desquiciada, había ido para que me escuchara y eso era precisamente lo
que iba a hacer, le gustara o no.
–
¡Abre la puerta! – grité.
–
…
–
¡Idiot, j'ai besoin de vous pour écouter! –
–
…
–
¡Vine aquí para que me ayudaras y no pienso irme sin que al
menos escuches lo que tengo para decir! –
–
…
–
¡¡Mustaine, abre la maldita puerta ahora mismo!! –
–
Deja de gritar – dijo alzando la voz, luego de abrir la
puerta – ¿Qué es de tanta urgencia que vienes a pedir mi ayuda y no la del
idiota de tu novio? –
–
Lilian me llamó esta mañana para despedirse de mí…
–
¿Cómo que despedirse? – preguntó atónito.
–
Sí, en este momento se dirige al aeropuerto; quiere
regresar a París –
Guardó silencio, miles de emociones cruzaron sus
facciones, parecía que estaba debatiendo consigo mismo sobre que hacer, que
decisión tomar.
–
Ella sólo te escuchará a ti, no puedes dejar que se vaya y
me deje… nos deje a ambos – supliqué.
–
¿Por qué no le pides ayuda a Hetfield? Ellos están juntos
ahora… – dijo casi agonizando.
–
No, es todo un malentendido – admití – Dave… él sólo la
estaba llevando a su hotel porque estaba ebria. El fotógrafo aprovecho la
oportunidad en cuanto vio una historia nueva – aclaré.
–
¿Y tú les crees? – preguntó inseguro.
–
Creo que los juzgamos sin conocer sus versiones. Puedes
escuchar la de Lily, pero sólo si evitamos que suba a bordo de ese avión –
–
Por dios… ¿Qué he hecho? – se lamentó – Soy un completo
idiota…
–
No hay tiempo para que te tengas lástima. Si quieres
redimirte deja de lloriquear, cálzate los pantalones y ve a disculparte con
ella – ordené.
Nos
dirigimos a LAX, el aeropuerto de Los Ángeles, con suerte y conociéndola
a Lilian se encontraría ahí, después de todo, era el número uno en lo que
respecta a vuelos internacionales directos. Dave aparcó el coche en el
estacionamiento, me bajé y, lo más rápido que mis piernas me lo permitían,
corrí hasta la mesa de recepción. Había un gran cartel que indicaba los vuelos,
busqué con la vista los que dijeran Francia; sólo había uno y estaba demorado.
–
Disculpe – dijo Dave que acababa de llegar a mi lado –
¿Podría decirnos si Lilian Proust ya abordó su avión? Sacó un boleto para el
vuelo 187 – preguntó acelerado.
–
Vuelo 187, Los Ángeles,
California – París, Francia... no, aún no puede abordar nadie debido a que está
demorado –
–
¿Cuánto tiempo tiene de demora? – preguntó esperanzado.
–
Está programado para las 17.45… unos 10 minutos,
aproximadamente –
–
Muchas gracias – agradecí, tomando el brazo de Dave y
arrastrándolo conmigo.
–
Este lugar es enorme, no la encontraremos a tiempo –
–
Cállate y sígueme –
Caminamos
por largos pasillos y subimos escaleras, todo el tiempo esquivando gente con
grandes maletas y niños que corrían despreocupadamente de un lugar a otro, ya
era casi la hora límite. Estábamos por darnos por vencidos, habíamos recorrido
casi todo el lugar y aún no la encontrábamos por ninguna parte.
–
Dave –
–
¿Qué sucede? –
–
Ahí… – dije señalando una pequeña mesa al fondo de un bar.
Allí estaba ella, sentada bebiendo un café
con sus maletas debajo de la mesa mientras miraba su reloj ansiosamente,
esperando para abordar. Tomé a Dave por los hombros y lo empujé en su
dirección. Él se acercó lentamente a su mesa y ella lo miró fijamente, la
sorpresa de reflejaba en su rostro. Estaba muy nerviosa, ya no había vuelta
atrás.
–
Por favor… – susurré – Por
lo que más quieras, no lo arruines Mustaine –
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