martes, 21 de febrero de 2012

Capitulo 16


• Narra Ivette.

Hay días en los que simplemente no puedo alejarme de mis pensamientos, días en los que, como hoy, todo resulta de manera catastrófica. Estuve notando cambios en mi vida que me han hecho cuestionarme todo en lo que creía, ya no estaba segura de nada. ¿Estaba siendo racional o una idiota? ¿Justa o injusta? Mis emociones comenzaron a controlar mis acciones, algo que me prometí a mi misma nunca sucedería. ¿Qué se suponía que hiciera? Luego de aquella tarde… ya no sabía que pensar.

        Antes de que digas algo necesito que me escuches – dijo seriamente – No vengo a que me perdones ni a dar lástima, sólo quiero explicarme… luego podrás insultarme todo lo que quieras pero ahora, sólo escucha –

Asentí lentamente sin despegar mis ojos de su rostro, parecía triste, apenado, realmente me dolía verlo así. Tomó aire como si quisiera darse el valor para decir lo que tuviera para decir y comenzó…

        Esa noche estábamos en el bar con los chicos, sentados en la barra bebiendo cuando Kirk señaló a una chica sentada a unos asientos de nosotros. Al principio no la reconocí debido al alcohol que ya había consumido pero luego de unos minutos de mirarla vi que era Lilian, así que me acerqué a saludarla. Ella tampoco me reconoció al principio, al menos hasta que mencioné a Dave… quería hablarle para que ustedes dos arreglaran las cosas – sonrió tristemente al decir eso – No resultó muy bien…
        ¿Por qué dices eso? – pregunté imaginando la respuesta.
        Ella terminó insultándome y llamándome inmaduro – respondió haciendo una mueca – Pero eso no es lo importante; estaba borracha y yo me ofrecí a llevarla a su hotel. Cuando salimos del bar un paparazzi nos tomó la fotografía y… ya conoces el resto de la historia – concluyó mirándome fijamente.

Mi mente daba vueltas y vueltas sin sentido, sin poder detenerse en un solo lugar. Repaso todos los acontecimientos más recientes en mi vida, el aeropuerto, llegar a un nuevo país con mi mejor amiga, Lilian, las discusiones, James… y su explicación. ¿Debía creerle? Esa pregunta rondaba en mi cabeza desde el momento en que abandonó mi apartamento; se veía tan sincero pero, al mismo tiempo, no sería la primera vez que me mienten en situaciones similares. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no noté que mi celular estaba sonando hasta después de un minuto, me extrañó que no se hubiera cortado antes de que atendiera. Miré el identificador de llamadas; el número pertenecía a ella.

        ¿Qué quieres? – pregunté molesta, luego de contestar.
        Llamaba para saber como estabas – dijo melancólica – Como en los viejos tiempos…
        Sí. Estoy bien, gracias por llamar, pero si no te importa… debo trabajar – dije seria.
        Está bien, lamento haberte molestado. Pero quería avisarte de algo que tal vez… ya no te importe…
        ¿De qué estás hablando Lilian? – pregunté enarcando una ceja.
        Bueno Ivette, vuelvo a Francia
       
           Estados Unidos no es para mí, fue lindo soñar con que aquí seríamos felices, juntas. Pero fueron solo sueños, tal vez para ti sea todo lo contrario que para mí
       
         Te deseo mucha suerte Ivy, te amo amiga, perdona todo lo que tuvo que pasar… No te preocupes, no volveré a meterme en tu vida jamás, no te causaré caos alguno… nunca más.
        Lilian…
        Nos veremos algún día… quien sabe, cuando ya seas una abogada echa y derecha – sollozó.
        Yo… Lilian… no puedes…
        Adiós Ivette, cuídate mucho y suerte con tu vida aquí en Los Ángeles – cortó.
        ¿Lily…? – pregunté mirando al teléfono como idiota.

Lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, cayendo libremente por mi rostro y llevándose mi maquillaje con ellas. No podía irse así como si nada, eso sería tirar por la borda todo su esfuerzo y trabajo duro para llegar a donde estaba, estaría arruinando su futuro… no podía permitir eso… no iba a permitirlo, y es que recién ahora me daba cuenta de cuanto la necesitaba en mi vida y de cuan apenada estaba por haber exagerado todo. Inmediatamente marqué el primer número que se me vino a la cabeza.

        ¿Ivette? – preguntó incrédulo.
        Necesito tu ayuda, es una emergencia – dije rápida y desesperadamente.
        Claro, ¿qué sucede? – preguntó notando la urgencia en mi voz.
        Tienes que conseguirme la dirección de Mustaine –

Tomé mi auto y salí a toda velocidad hacia la calle que me había indicado James. Rogaba que Dave estuviera en su casa y no se le hubiera ocurrido salir, él era el único que podría ayudarme a detenerla, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde. Detuve el vehículo en la puerta de una casa de tamaño mediano, me bajé y corrí hacia la puerta. Golpeé repetidas veces hasta que se dignaron a abrirme, un sujeto de oscuro cabello largo bloqueaba mi vista al interior de la casa.

        ¿Sí? – preguntó sonriendo de media luna.
        Quiero hablar con Dave, es urgente – dije aceleradamente.
        Hey, ¡David, ven un segundo! – gritó riendo.

Un sujeto de cabello rubio se asomo por detrás del que había reconocido como Drover, me miró de arriba abajo y sonrió mostrando sus dientes.

        Vaya… ¿qué tenemos aquí? – dijo lentamente sin dejar de sonreír.
        Oigan no tengo tiempo para sus estupideces – resoplé – ¿Está Mustaine o no? – pregunté firmemente, estaba comenzando a perder la paciencia.
         Tal vez sí, tal vez no… ¿por qué asunto es preciosa? – preguntó acercándose a mí.
        Nada que te incumba a ti – respondí secamente, entrecerrando mis ojos.
        Vamos, no tienes por qué ser así…
        Seré como se me de la maldita gana idiota –

Empujé a los dos sujetos fuera de mi camino y entré a lo que parecía ser un living, no había señales de que Dave estuviera allí. Se oían ruidos provenientes del segundo piso, subí las escaleras rápidamente, podía oír a los otros dos corriendo detrás de mí, gritándome que me detuviera. Mustaine salió de una de las habitaciones, sorprendido de verme ahí.

        ¿Qué hace ella aquí? – preguntó enfadado a Drover y a Ellefson quienes acababan de llegar.
        Tengo que hablarte de Lilian – contesté.
        Tsk, ¿Lilian? – ironizó – No hay nada que hablar –

Se dio media vuelta y regresó a su habitación, cerrando la puerta de un portazo en mi rostro. Comencé a golpear a su puerta como una desquiciada, había ido para que me escuchara y eso era precisamente lo que iba a hacer, le gustara o no.

        ¡Abre la puerta! – grité.
       
        ¡Idiot, j'ai besoin de vous pour écouter! –
       
        ¡Vine aquí para que me ayudaras y no pienso irme sin que al menos escuches lo que tengo para decir! –
       
        ¡¡Mustaine, abre la maldita puerta ahora mismo!! –
        Deja de gritar – dijo alzando la voz, luego de abrir la puerta – ¿Qué es de tanta urgencia que vienes a pedir mi ayuda y no la del idiota de tu novio? –
        Lilian me llamó esta mañana para despedirse de mí…
        ¿Cómo que despedirse? – preguntó atónito.
        Sí, en este momento se dirige al aeropuerto; quiere regresar a París –

Guardó silencio, miles de emociones cruzaron sus facciones, parecía que estaba debatiendo consigo mismo sobre que hacer, que decisión tomar.

        Ella sólo te escuchará a ti, no puedes dejar que se vaya y me deje… nos deje a ambos – supliqué.
        ¿Por qué no le pides ayuda a Hetfield? Ellos están juntos ahora… – dijo casi agonizando.
        No, es todo un malentendido – admití – Dave… él sólo la estaba llevando a su hotel porque estaba ebria. El fotógrafo aprovecho la oportunidad en cuanto vio una historia nueva – aclaré.
        ¿Y tú les crees? – preguntó inseguro.
        Creo que los juzgamos sin conocer sus versiones. Puedes escuchar la de Lily, pero sólo si evitamos que suba a bordo de ese avión –
        Por dios… ¿Qué he hecho? – se lamentó – Soy un completo idiota…
        No hay tiempo para que te tengas lástima. Si quieres redimirte deja de lloriquear, cálzate los pantalones y ve a disculparte con ella – ordené.

Nos dirigimos a LAX, el aeropuerto de Los Ángeles, con suerte y conociéndola a Lilian se encontraría ahí, después de todo, era el número uno en lo que respecta a vuelos internacionales directos. Dave aparcó el coche en el estacionamiento, me bajé y, lo más rápido que mis piernas me lo permitían, corrí hasta la mesa de recepción. Había un gran cartel que indicaba los vuelos, busqué con la vista los que dijeran Francia; sólo había uno y estaba demorado.

        Disculpe – dijo Dave que acababa de llegar a mi lado – ¿Podría decirnos si Lilian Proust ya abordó su avión? Sacó un boleto para el vuelo 187 – preguntó acelerado.
        Vuelo 187, Los Ángeles, California – París, Francia... no, aún no puede abordar nadie debido a que está demorado –
        ¿Cuánto tiempo tiene de demora? – preguntó esperanzado.
        Está programado para las 17.45… unos 10 minutos, aproximadamente –
        Muchas gracias – agradecí, tomando el brazo de Dave y arrastrándolo conmigo.
        Este lugar es enorme, no la encontraremos a tiempo –
        Cállate y sígueme –

Caminamos por largos pasillos y subimos escaleras, todo el tiempo esquivando gente con grandes maletas y niños que corrían despreocupadamente de un lugar a otro, ya era casi la hora límite. Estábamos por darnos por vencidos, habíamos recorrido casi todo el lugar y aún no la encontrábamos por ninguna parte.

        Dave –
        ¿Qué sucede? –
        Ahí… – dije señalando una pequeña mesa al fondo de un bar.

Allí estaba ella, sentada bebiendo un café con sus maletas debajo de la mesa mientras miraba su reloj ansiosamente, esperando para abordar. Tomé a Dave por los hombros y lo empujé en su dirección. Él se acercó lentamente a su mesa y ella lo miró fijamente, la sorpresa de reflejaba en su rostro. Estaba muy nerviosa, ya no había vuelta atrás.

        Por favor… – susurré – Por lo que más quieras, no lo arruines Mustaine



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