sábado, 24 de diciembre de 2011

Chapter 13.


            • Narra Lilian.


         Tranquila, todo estará bien…
         ¿Cómo lo sabes…? No se oía para nada bien. Dave… creo que deberé quedarme aquí… con ella – lo miré apenada mientras sostenía mi mano.
         Creo que tendrás que ir a hablar con ella… no me gusta ver tu rostro apagado – encogió sus ojos mientras me observaba.
        
         Pero hazlo mañana, ya es un poco tarde – sonrió.
         Cierto, debo irme…
         Yo te llevo
         No, voy a pasar a un bar – dije sin ánimos, estaba devastada.
         Entonces, te acompaño – sonrió otra vez.
         No, debo ir sola… debo amargarme sola. De todos modos… te veo mañana Dave – sonreí para no preocuparlo.
         ¿Segura? – levantó sus cejas.
         Claro, no debes dudar de mí…

Me puse de pie mientras él sonreía confuso, tomé mi maletín con un gran nudo en la garganta y me dirigí a la puerta dejando atrás al hombre despeinado, mi manó tocó la perilla de la puerta tan dura y fría y sentí un escalofríos.

         ¡Lilian… espera! – grito Dave, poniéndose de pie y corriendo hacia mí.

Me giré para mirarlo y sin cautela tomó mi rostro con suavidad e impactó sus labios sobre los míos, con los ojos cerrados disfruté aquel vals suculento mientras nuestras lenguas hacían contacto por primera vez; su boca se abría y cerraba dando paso a un aire caliente que me robó el aliento desde lo más profundo. Duró un buen rato aquel beso, pero debía irme, aunque en verdad prefería quedarme con Dave un rato más… pero ya era tarde y debía volver al hotel.

         Adiós… – le sonreí tímida.
         Nos vemos mañana, cuídate – me sonrió encogiendo sus ojos.

Le robé un último beso y salí de allí corriendo como una niña con su primer novio, fue idiota ahora que lo pienso.
Como sea, detuve un taxi y le pedí con mi mejor inglés que me llevara a un bar de buena calidad, si iba a emborracharme, debía hacerlo con onda, es decir… no podría emborracharme en un bar miserable, aunque daba igual.

         Gracias – le dije al chofer antes de bajar.
         Que tenga buena noche, dama – sonrió caballero.
         Igual usted – le devolví la sonrisa.

Corrí del auto hacia el bar, las luces lo hacían resaltar: Orson. Buen nombre. El guardia me detuvo, pidió mi identificación y luego de examinarme completamente con la mirada, me dejó entrar; caminé directo a la barra, dejé mi maletín a un lado y pedí un whiskey… necesitaba algo duro para pasar la noche.

         Gracias – levanté el vaso antes de beberlo de un sorbo.
         Tararararara….tan… tan tan tan ¡¡Tarara!! – gritaba un sujeto en la barra, un metro alejado de mí.

Lo miré de costado, el whiskey me había echo efecto así que no noté muy bien su rostro, así que reí con su extraña pero conocida melodía, seguí bebiendo… uno, dos, tres, ocho, hasta nueve whiskeys y aún tenía conciencia.

         Maldita sea – golpeé mi cabeza con mi muñeca.
         Oye… ¡tú! – gritó el sujeto junto a mí.

Lo miré sin ánimo, con mi rostro de desprecio, no estaba de ganas como para soportar bromas de un desconocido.

         Lilian… - abrí mis ojos como una loca cuando dijo mi nombre.
        
         ¡Já! ¿No me reconoces? Pero me halagas chica – rió acercándose.
         ¿Qué quieres? – bufé aún sin poder notar quien diablos era.
         Supe que te irás con Mustaine a New York… – dijo fríamente.

Y fue allí cuando me di cuenta de quien era, tenía en frente al mismísimo James Hetfield, ironizando con un tema que me tenía muy confundida. Miré al frente solo queriendo desaparecer, no quería responder a su comentario, ya estaba bastante cansada y un poco borracha, no sabía en verdad lo que podría pasar…

         Hablé con Ivette… está bastante dolida con lo que estás haciéndole…
         Yo no le estoy haciendo nada – apreté el vaso.
         ¿Cómo que no? Estás yéndote de su lado, la dejarás sola…
         Eso no te incumbe, no sé quien mierda te crees que eres. Solo eres su jefe y le gustas, eso no te da derecho para criticarme rubio – lo miré molesta.
         ¿Le gusto? – rió.
         No te hagas el idiota – mis ojos lo despreciaban.
         Así que te irás de todos modos…
         No, hablaré mañana con Ivy, solo quería saber si ella vendría conmigo, pero no me dejó hablar con ella… me cortó antes de tiempo – bebí.
         No puedes llevártela… – Abrió sus ojos grandes - tampoco puedes quedarte – dijo irónico.
         ¿Por qué no? – reí.
         Hoy te despidieron del tribunal… ya no tienes trabajo – dijo ya más serio.

Un balde de agua fría había caído sobre mí… ¿acaso dijo… Despedida? Eso era imposible. Mi intelecto superaba cualquier barrera, era tan responsable que parecía una idiota… jamás en mi vida me habían dicho mediocre, jamás en mi vida… me habían rechazado.

         ¿Qué dijiste…? – mis ojos lo apuntaron como culpable.
         Con el escándalo que diste hoy en el juzgado… el viejo te despidió, dijo que ya no servías bajo sus ordenes, así que no tienes trabajo – levantó sus cejas.
         Eso no es cierto…
         Claro que lo es, Ivette me lo dijo, no creo que estuviese mintiendo con algo como eso ¿no lo crees?
         A veces ella hace bromas… - reí sin poder creerlo.
         No creo que haya sido una broma, estaba muy enojada cuando le llamé – se acercó más a mí.
         Santa mierda, no tengo trabajo… no tengo futuro.

Tomé mi cabeza y apoyé mis codos en la barra, respiré profundo con los ojos cerrados intentando asimilar aquel notición que me venía encima. No podía creerlo: Miss perfección tiene defectos. Eso no era cierto…

         ¿Y que piensas hacer Señorita Mustaine? – dijo irónico, molestándome.
         ¿Cómo me llamaste? – lo miré enfurecida.
         ¿Qué? ¿No te gusta el nombre? – rió.
         Hetfield es tu nombre ¿no? Bueno, te digo algo… deja de creerte superior al resto, ya me tienes harta, eres solo un niño en cuerpo de un hombre ¡madura hombre! Y por favor… deja de ser un idiota – me puse de pie, pagando los tragos.

A penas me pude mantener de pie, un temblor me llegó y se me movió el mundo, lastima, caí sobre James.

         Pero miren aquí… la chica despedida necesita ayuda del hombre inmaduro – dijo serio, sujetando mis brazos, mirándome a los ojos que estaban a corta distancia de los suyos.

Lo miré boquiabierta, lo insulte y ahora de verdad necesitaba de alguien que me llevase a casa…

         Yo te llevo…
         No… – pensé – tu también estás bebido… tendremos un accidente – lo miré nerviosa.
         Que cosas dices Lilian – rió – Sé manejar en este estado…  mejor vámonos- me sonrió.

Tragué saliva, y tomada de su brazo por obvia razón salimos del bar. Antes de subirnos al auto un paparazzi nos tomó una fotografía, eso me puso como loca… lo único que me faltaba era ser relacionada como algo del vocalista de Metallica, eso sería un caos en todas sus letras…

         ¿Así que entonces no quieres dejar a Ivette? – dijo mirando al frente.
         No, no quiero dejarla… Pero si estoy sin trabajo no me queda más que irme a New York…
         Vaya, que cambio más drástico… – rió.
         No voy a quedarme en un lugar que no me necesita… además en New York hay mejor vida, más gente necesita abogados… aquí solo hay gente famosa que lo único que necesitan es satisfacer sus caprichos – miré por la ventana.
         Eso me llega ¿sabes? – rió.

No pude evitar sonreí, ahora comprendí porque Ivy está vuelta loca con este sujeto… era agradable aunque yo lo tratase como basura, pero de todos modos él me estaba quitando a la chica que más amaba en mi vida… mi mejor amiga prefería estar con él.

         Gracias… otra vez – sonreí desde la ventana.
         No te preocupes, más que mal eres amiga de Ivette… sus amigos son mis amigos… – rió.
         Claro – reí – Buenas noches James…
         Adiós lindura… suerte con tus decisiones, convenceré a Ivette para que hable contigo
         Gracias – sonreí.

Se fue y entré en el hotel, llegué a mi cuarto y me lancé sobre la gran cama, no podía creer que todo estuviese pasando… parecía mentira que todo lo que pasamos con Ivette se fue derrumbando por culpa de un viejo imbécil que prefería a sus compatriotas, aunque claro, quien no querría eso.

         Ya llegué…
         ¿De verdad? Me alegra bastante… ¿Cómo estás? – dijo en un tono de preocupación.
         Estoy bien Dave, no te preocupes – sonreí – Solo llamaba para desearte buenas noches…
         ¿Buenas noches? Está a punto de amanecer Lilian – rió – Son las 5.50 de la mañana – seguía riendo.
         Santo cielo – miré el reloj.
         No importa, vete a dormir, recuerda que hoy tenemos una reunión con los chicos…
         Lo sé, tú también vete a dormir ¿Qué haces aun despierto?
         Estaba esperando tu llamado…
         Buenas noches Dave… – corté.

No sé que fue lo que me pasó, tenía tanto miedo a enamorarme. Ese hombre me estaba haciendo reaccionar tan extraño frente a diferentes situaciones, tan vulnerable e insegura de mí misma ¿en verdad quería que eso pasara? No estaba segura de nada, más aún con todo lo que estaba pasando.

New York era mi nuevo destino, pero nada estaba seguro, debía hablar bien con Ivette respecto a lo que habló con Paúl, y sobre todo sobre nosotras… No quería perder a mi mejor amiga solo por un comentario sin finalizar, si tan solo me hubiera dejado terminar la frase… tal vez nada de esto estaría pasando. 

Por otro lado, no quería defraudar a Dave, me estaba haciendo muy feliz, mis miedos suelen arruinarlo todo… y sinceramente no quería perderlo, por mucho que me fuese a hacer daño todo lo que estoy sintiendo ahora mismo por él.

Chapter 12.


  • Narra Ivette.

Los días pasaron lentamente, las horas fueron interminables durante aquella difícil semana. Cuando al final se acabó no podíamos estar más felices con Lilian. Ella aún se reía con lo que había pasado en mi cita con James, luego de que se lo contara le dio tal ataque de risa que pensé que se moriría ahí mismo a mis pies.

         Señorita Proust… ¿puede prestar atención? – dijo nuestro jefe.
         ¿Eh? ¿Qué? –
         No sé en verdad lo que está pensando, pero pido que por favor preste atención a la clase… es de urgencia que usted se ponga al día en todo este asunto, sobre todo porque está tratando con gente famosa – ironizó.
         ¿De qué está hablando? –
         En verdad solo te está fastidiando, tu ya sabes eso – le dije riendo.
         ¿Qué ha dicho señorita Devereux? – me preguntó enfadado.


Lilian se puso de pie y caminó a la puerta. Todos la miraban asombrados, sorprendidos de que se atreviera a enfrentar al jefe de estudios, todos menos yo… ya estaba acostumbrada a este tipo de comportamiento de su parte.

         Señorita Proust… ¿A dónde cree que va? – dijo molesto.
         A hacer orden en este maldito tribunal, cerdo xenofóbico – dije entre dientes, asombrando a todos.

Todas las bocas se abrieron, las mujeres taparon sus oídos horrorizadas por su vulgar vocabulario; salió del lugar para dirigirse a quién sabe donde. Los murmullos no se hicieron esperar, los presentes se susurraban cosas los unos a los otros, cosas sobre Lilian, sobre nosotras. No podía distinguir quién decía que pero logre captar algunas frases sueltas… “¡Dios mío!”, “No puedo creer que el señor Smith permita esto”, “Sabía que era una mala idea traer estudiantes de otros países”, “Seguro es porque son de Francia. Escuche que allí son todos muy irrespetuosos”, “No me extrañaría que esa chica tenga un registro policial en algún lado”, “Todo esto es culpa de Paúl”.

         Señorita Devereux, ¿puede hacerme un favor? ¿O también va a acusarme por discriminación como su amiga? – dijo sonriendo, como si la situación tuviera algo de gracioso.
         ¿Qué demonios quiere? – fruncí el seño.
         Vaya, parece que tenemos a otra rebelde – varios en la oficina rieron – Pero como sea, hágame el favor de ir a buscar a su amiga –
         ¿Para qué quiere que la traiga? – espeté – ¿Acaso quiere seguir molestándola? –
         De hecho… era para notificarle que no puede venir más a este lugar –
         Tsk, ¿qué quiere decir con eso? – fruncí el seño.
         Está… ¿cómo decirlo?... “despedida” – sonrió.

Caminé por aquellos pasillos, ¿despedida?, no podía ser cierto… es decir, ¿cómo despides a alguien que está estudiando? Busqué a Lilian por todo el edificio pero sin éxito, incluso le pregunté al tipo del aseo si la había visto.

         Sí, estaba bastante molesta. Creo que se dirigía para el Magistrado – dijo.
         Muchas gracias, George –

Volví, prácticamente corriendo hacia la oficina, donde me esperaba un malhumorado Paúl Smith y una sala llena de puros idiotas riéndose.

         ¿Y bien…? – inquirió uno de aquellos tipos.
         No la encontré pero George me dijo que fue para hablar con el Magistrado –
         ¿Quién es George? – preguntó una de las mujeres.
         El tipo que hace el aseo… – contesté sin mirarla.
         Eso explica porque sabes su nombre –

Risas, siempre eran risas lo que nos recibía cada mañana en aquel lugar, risas cargadas de burla y desprecio, nos detestaban y eso estaba más que claro pero la cosa era ¿por qué? Hasta donde sé, jamás les hicimos daño. ¿Entonces…?

         Sé su nombre porque no me creo superior a nadie como para no dirigirle la palabra cuando me hablan – la miré – Por lo que si tienes una autoestima tan baja que necesitas burlarte de los demás, haciéndolos sentir como si fueran mierdas para tu propio deleite… creo que deberías ir a tratamiento – sonreí de costado.

La reunión siguió sin más conflictos, a las 5.30 el jefe se levantó, nos dejó un trabajo para entregar la semana siguiente y se fue sin decir más. Guardé todos mis papeles y salí de la oficina completamente furiosa, sin saludar a nadie. Cuando salí del edificio caminé hasta la plaza que estaba enfrente, quería estar sola y pensar, siempre fui una persona muy analítica y analizar la situación era lo que necesitaba hacer ahora. Al llegar a Estados Unidos nunca pensé que me tratarían como me tratan, creía que, siendo el país de las oportunidades, serían más tolerantes pero, para variar, me había equivocado. Mi celular comenzó a sonar, sacándome del torbellino que eran mis pensamientos.

         ¿Diga? – contesté.
         Hola primor – respondieron.
         James… – sonreí.
         ¿Cómo estás? – preguntó.
         Horrible, no podría estar peor –
         ¿Qué sucedió?

Le relate lo sucedido, desde nuestro primer día de trabajo hasta el día de hoy. No parecía muy sorprendido, la verdad, estaba más furioso que otra cosa, no paraba de insultar al viejo.

         ¡Ese maldito desgraciado! – gritó – ¡Siempre supe que era un bastardo!
         James, cálmate, no es para que te pongas así –
         ¡Claro que sí! No voy a dejar que te maltraten de esa manera y tú tampoco deberías permitirlo
         Lo sé, lo sé, pero no puedo perder mi trabajo… si Smith decide despedirme como hizo con Lilian nunca tendré una carrera prometedora en ningún lado y habré desperdiciado años de mi vida estudiando para nada – dije – Cielos, hasta me duele la cabeza de pensar que haré una y otra vez – tomé mi cabeza con una de mis manos para aplacar el dolor.
         No te preocupes por tu carrera. Si ese maldito viejo decrépito te despide yo me encargaré de solucionarlo
         ¿Cómo se supone que hagas eso? – pregunté.
         Tengo contactos nena – dijo; sabía que estaba sonriendo.
         De acuerdo, seguiré tu consejo… – reí.
         Bien, has eso. Pero si vuelve a molestarte quiero ser el primero que lo sepa, así podré darle su merecido… viejo de mierda
         No te preocupes, serás el primero – reí – Claro, el primero porque Lilian no cuenta –
         Oh dios… puedo sentir el amor en el aire…
         No te quejes – reí – Es mi mejor amiga –
         ¿Y quién se está quejando? – rió.
         Muy gracioso – sonreí – Ya debo irme –
         Yo también, los chicos me reclaman que vaya a ensayar – rió.
         Mándales saludos… Adiós –
         Lo haré, cuídate

Corté y me levanté para buscar un taxi. Cuando al fin uno se detuvo, le dije que me llevara a mi hotel, ahora lo único que quería era dormir durante toda la tarde. Llegué a mi departamento, no había electricidad y tuve que subir por las escaleras… este día iba de mal en peor. Tomé una ducha para despejarme y me puse un short negro con una remera holgada como pijama. Me hice un café, agarré mi netbook y me recosté en mi cama, decidí que le escribiría un mail a mi madre, hacía mucho que lo había hecho por última vez. Terminé de escribir y me dispuse a dormir. No sé cuánto tiempo dormí, pero cuando mi celular comenzó a sonar, despertándome, ya era noche cerrada.

         ¿…Hola…? – dije dormida.
         ¡Ivy! Disculpa, ¿estabas durmiendo?
         Sí… - fruncí el seño.
         Como sea – rió – Tengo noticias para ti
         Dímelas entonces – dije un poco más despierta.
         Primero que nada, hoy fui a ver a Dave y… bueno… nos besamos – dijo tímidamente.
         ¡Oh, felicidades! – dije – Aunque ya era hora – reí.
         Cállate – rió – Y segundo, estábamos hablando con Dave y me ofreció irme con él y la banda a New York, ¡¿puedes creerlo?! – dijo emocionada.
         Wow, debes gustarle mucho para que te ofreciera eso – fruncí el seño – Pero de todas maneras falta para que viajes, ¿verdad? – pregunté.
         De hecho nos iríamos en dos semanas…

Me quedé helada, sin saber que hacer o que decir… dos semanas era muy pronto. ¿Qué se suponía que hiciera sin ella? No pude evitar sentirme herida, desplazada; desde la llegada de Dave de lo único que hablaba era de él, ya no pasábamos tiempo juntas como hacíamos antes a excepción del que compartíamos en la oficina y, ahora que la habían echado, ni siquiera tendríamos ese tiempo. Sé que sonaba egoísta pero yo al menos intentaba hacer espacios en mi agenda para ella y sin embargo, ella parecía que no se preocupaba en absoluto.

         Ivy, ¿estás ahí? – preguntó.
         Tú… ¿realmente… te… irás? – dije atónita – ¿Me dejarás sola, en un lugar que apenas conozco? –
         Vamos… no te pongas así, por favor – suplicó.
         ¿Y cómo quieres que me ponga? – pregunté con lágrimas en mis ojos – Me dejarás por él –
         Podrías poner feliz por mí – ironizó – Ésta es una oportunidad única que no se me presentará de nuevo
         Ay, por favor. ¡El tipo está completamente loco por ti! Hará cualquier cosa que tú le pidas –
         Estás siendo egoísta Ivette – dijo fría.
         ¿Crees que eso me importa? – pregunté – Me estás abandonando –
         No seas tan exagerada…
         No estoy exagerando – dije - ¿Sabes? Nunca fuiste realmente una buena amiga… siempre pensabas en ti y en lo que te convenía… –
         ¿Qué estás diciendo?
         Quizás lo mejor sea que cada una haga su vida a partir de ahora… –
         Espera…
         Adiós Lily… – susurré.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

EXTRA


• Narra Lilian.

Aquellas viejas memorias se hacen inolvidables, los bellos recuerdos quedan impregnados en nuestras mentes de forma permanente, haciendo revivir todas esas sonrisas sin mucho esfuerzo.

            Ivy dice:           ¿Cómo podré reconocerte?
Lily dice:           Pues estaré con una boina roja, será llamativa, creo que con eso bastará ¿o quieres que llevé un cartel con tu nombre?
Ivy dice:            Yo iré vestida de negro, ya sabes; conoces mi estilo, no te será difícil reconocerme Lilian…
            Lily dice:           Eso espero, estoy muy nerviosa, mamá aún no se convence de que tú existes
            Ivy dice:           ¿Sigue creyendo que soy un gordo que piensa en violarte xD?
            Lily dice:           ¿Acaso tu madre piensa que soy tan solo una chica con buenas intenciones xD?
            Ivy dice:           ¡Claro que no! Nuestras madres están locas ¿lo sabias?
            Lily dice:           Lo sé ¡que manía de desconfiar…!
            Ivy dice:           Bueno, iré a buscar el dinero y voy en camino a tomar el bus para encontrarnos ¿te parece?
Lily dice:           Perfecto, espero que no te pierdas querida. RECUERDA: Estaré en la Torre Eiffel con una boina roja y un abrigo negro, no pienso esperarte con una remera de Metallica, está casi nevando Ivette ¿está claro? ¿¿O quieres que te lo dibuje xD??
Ivy dice:            ¡¡No soy tan tonta Lilian xD!! Espero que tengas paciencia, solo eh ido a Paris un par de veces, apenas recuerdo como llegar a la Torre, de todos modos te llamaré al móvil para evitar perderme ¿si?
Lily dice:           Reims queda a dos horas ¿no? Espero que no tardes, porque iré a comprarte un regalo y luego te esperaré, ya me marcho. Cuídate Ivette, te estaré esperando ¡¡POBRE DE TI QUE LLEGUES TARDE!!
Ivy dice:            Tranquila mujer, ahora voy saliendo, ya hice mis maletas así que espero que tu madre no me mire feo cuando llegue a tu casa :(
Lily dice:           Si lo hace, nos vamos al departamento secreto de mi hermano mayor, así que no te preocupes, ¡¡solo vente que la emoción me altera!!
Ivy dice:            Está bien, nos vemos en dos horas… te amo Lily *-*
Lily dice:           Y yo a ti Ivy *-* Nos vemos, ¡adiós!

                        Ivy ah cerrado sesión.

Aquella permanente emoción que me envolvía hacía de ese día uno de los mejores de mi vida, habíamos esperado cerca de 5 años para que este momento llegara. Ivette se había echo mayor de edad hace unos días y eso le permitía dejar su región sin autorización de sus padres, es decir, podría hacerme una visita; aunque claro, eso le molestaba mucho a ellos por el solo hecho de que nos conociéramos por Internet.

         ¿A dónde crees que vas? – dijo mi mamá desde la cocina, mientras yo abría la puerta para irme.
         Voy de compras y luego voy a encontrarme con Ivette – sonreí ilusamente.
         ¿Con permiso de quien? Ya te dije que no me parece buena idea que esa niñita venga a visitarte, no me gusta para nada – dijo recalcando la última parte de la frase.
         Lo sé, pero eh estado esperando este día hace ya 5 años mamá, no piensas arruinarlo… ¿o si? – dije enojada.
         ¿Viene sola?
         Si, sola mamá…
         Ve con cuidado, ve con tu hermano, lleva a Fisher – levantó las cejas.
         No mamá, a él lo dejas hacer todo sin tu permiso… incluso… – pensé – Nada, no iré con él de todos modos, esto es algo que debo hacer sola – sonreí.
         Ve con cuidado hija, cualquier cosa que pase… me llamas – dijo ya más calmada.

Asentí, me coloqué la tan amada boina roja y abroché mi largo abrigo negro, cerré la puerta y guardé mis llaves en uno de los bolsillos. Caminé por la avenida Pierre en busca de un hermoso ramo de flores, rosas azules, las que más le gustaban a Ivette, quería recibirla de una manera especial; más que mal compartíamos un lazo especial desde ya hace mucho y eso había provocado que la quisiera como una verdadera hermana.
Con Megadeth a todo volumen en mi mp4, transcurrí por esas frías pero bellas calles, pasé incluso fuera de una automotriz y me deleité mirando aquellas motocicletas, juré que algún día, cuando fuera ya mayor y tuviese dinero… me compraría una y sería la francesa más feliz del mundo.

         Estoy contigo en 15 minutos, el conductor prometió apresurarse – reía.
         Eso suena maravilloso, ya estoy camino a la Torre Eiffel – sonreí.
         ¡Estupendo! Allá nos vemos entonces – cortó.

La emoción me carcomía por dentro, sentía como mis latidos aumentaban al pensar que haría cuando la viera ¿Qué tenía que hacer? ¿Abrazarle o solo saludarle? En verdad el momento sería maravilloso fuera como fuera nuestro encuentro, pensar en qué haríamos era lo de menos.
Caminé a dicho lugar, contemplar aquella maravilla desde abajo era magnífico, me sentía tan diminuta… Me senté en una banca frente a la entrada del parque que existe junto a la Torre y allí esperé, nerviosísima. Arreglé mi boina mil veces para que se viera perfecta, siempre me gustó verme bien, y no iba a dejar que mi mejor amiga me viera mal vestida más aún, la primera vez.

         ¿Por qué tardas tanto Devereux? – bufé mirando la hora en mi celular.
         Lo siento tanto, es que el tráfico aquí en Paris es horrible – rió atrás de mí.

No podía creerlo, me puse de pie tirando al suelo mi mp4, haciéndolo trizas, pero eso no me importó; la abracé con todas mis fuerzas, ella hizo lo mismo. Cerré mis ojos para sentirla cerca de mí, lo más que pudiese, este era el momento que había esperado durante mucho tiempo…

         ¡¡No puedo creerlo!! – grité sujetando mi boina, luego de soltarla.
         ¡¡Yo tampoco!! Vi tu boina a la lejanía y pensé ¿Será ella? ¿O alguna otra idiota decidió venir con una boina del mismo color hoy? – rió arreglando su abrigo.
         ¡Mira, somos del mismo tamaño! – grité sin poder creerlo.
         Es cierto, pensé que serías más pequeña – dijo riendo apenada.
         Pues debiste beberte toda la leche cuando pequeña, así serías más grande –reí.
         Tienes toda la razón, por cierto, me gusta tu maldita boina roja – sonrió dulcemente.
         ¿De verdad? ¡Oh! Te traje un regalo – sonreí.
         No era necesario – frunció el seño – de todos modos, dámelo – rió.

Reí y le entregué las rosas azules tal como le gustaban, también le di unos panecillos que había comprado para su aterradora hambre, que de seguro traía por el largo viaje. Nos sentamos en esa banquita del parque, maravillándonos con la gran obra del hombre frente a nosotras, la gran torre Eiffel; hablamos tonterías, estupideces e incoherencias, es decir, apenas teníamos 17 y 18 años, no pensábamos hablar de matemáticas ni mucho menos de política, aunque en verdad… bueno olvídenlo.

         ¿Estás lista para ir a mi casa?
         ¿Segura que puedo ir? No quiero que tengas problemas por mi culpa…
         Tranquila, llamaré a mamá, ¿me esperas un poco? – sonreí.
         Todo el que quieras, pero no demasiado… ¡Viaje dos malditas horas para verte! – bufó riendo.

Sonreí y me puse de pie, caminé un poco y marqué el número de mi madre, tardo mucho en contestar pero al fin lo hizo.

         ¿Mamá?
         Hija, ¿Ya te encontraste con tu amiga? – dijo preocupada.
         Sí, ya estoy con ella… quería saber si podemos ir a casa…
         No, mejor vete al departamento de tu hermano, tu papá está borracho y está haciendo un escándalo… no quiero que tu amiga vea este tipo de cosas, le dije a Fisher que te llevara ropa para allá. Hable con Daniel y autorizó tu estadía allí ¿está bien hija?
         Claro… no te preocupes, gracias, si papá te hace algo…
         No te preocupes, no me hará nada…
         Eso espero – dije molesta - ¿Por qué no pasas la noche con nosotras?
         No hija, me quedaré en casa, solo cuida la casa de tu hermano y procura que no te pase nada – sonrió.
         Está bien mamá, adiós…
         Adiós hija – cortó.

Apreté mi mandíbula, molesta, con mucha ira en mi interior… para variar mi padre había comenzado a hacer escándalos gracias a su maravilloso don de estar borracho casi todo el tiempo. Volví con Ivette, le sonreí y le expliqué que por motivos “familiares” debíamos quedarnos en el departamento de mi hermano mayor.

         Eso es mejor, tendremos la casa para nosotras solas… ¡¿No es genial?! – gritó.
         Creo que si… – reí por su risa.
         ¡Vamos Lily! Debo llevarte a un bar – sonrió.
         Son las 8 ¿crees que hayan bares abiertos?
         Claro que si… hay mucho abiertos, además, esta es la capital querida… los bares abren a las 10 de la mañana – sonrió.
         Entonces… ¿Qué estamos esperando? – reí.

Y así lo hicimos, fue mi primera noche de alcohol apasionado. Esa noche ambas nos emborrachamos a más no poder, ese día perdí mi virginidad con un Irlandés maravilloso, parecía sacado de una película. Como sea, era menor de edad, lo sé, pero en verdad ningún bar nos pidió nuestras identificaciones ni nada por el estilo, con Ivette a cargo, la juerga era intensa. Llegamos al departamento de mi hermano a eso de las 7 de la mañana, sin recordar muy bien lo que hicimos; alcohol, también hubo drogas, mucha música, sexo y quien sabe que otro tipo de cosas fue la que hicimos aquella noche… pero de todas maneras, había sido la mejor de mi vida.

         Buenos días – rió junto a mí.
         Buenos… ¿días? – reí con resaca.

Ambas estábamos desnudas, ¿Qué fue lo que hicimos en esa cama ambas? Pues solo nuestro maldito subconsciente lo sabía, estábamos tan extasiadas que tal vez… cabe una pequeña posibilidad que entre nosotras… también haya existido un arrebato sexual… digo… tal vez.

Aquel día, aquella noche, aquel maravilloso encuentro fue el mejor de todos. Fue y será inolvidable por siempre, así fue como comenzamos nuestra vida juntas. Recuerdo también que esa misma mañana Ivette me dijo que estudiaría lo mismo que yo, pero aquí en Paris, que jamás volvería a Reims. Dijo que su vida allá era aburrida, que toda la diversión estaba aquí en Paris, que los pasajes a Alemania, Inglaterra e incluso Norteamérica eran más baratos… lo que nos facilitaba la opción de irnos de este maldito lugar.

         Comenzaré a trabajar, iré a la universidad el mismo año que tu entres, así estudiaremos juntas ¿te parece?
         Pero irás un año más tarde – bufé.
         Eso que importa, te compraré la motocicleta que tanto quieres y nos iremos de aquí con nuestro primer sueldo, eres buena en lo que haces Lilian, surgirás pronto… y eso quiere decir que me llevarás contigo sea a donde vayas – rió.
         ¿Cómo estás tan segura de eso? – reí.
         Porque somos mejores amigas para siempre, y no nos separaremos nunca, pase lo que pase…