• Narra Lilian.
–
Tranquila, todo estará
bien…
–
¿Cómo lo sabes…? No se
oía para nada bien. Dave… creo que deberé quedarme aquí… con ella – lo miré
apenada mientras sostenía mi mano.
–
Creo que tendrás que ir
a hablar con ella… no me gusta ver tu rostro apagado – encogió sus ojos
mientras me observaba.
–
…
–
Pero hazlo mañana, ya es
un poco tarde – sonrió.
–
Cierto, debo irme…
–
Yo te llevo
–
No, voy a pasar a un
bar – dije sin ánimos, estaba devastada.
–
Entonces, te acompaño –
sonrió otra vez.
–
No, debo ir sola… debo
amargarme sola. De todos modos… te veo mañana Dave – sonreí para no preocuparlo.
–
¿Segura? – levantó sus
cejas.
–
Claro, no debes dudar
de mí…
Me puse de pie mientras él sonreía confuso,
tomé mi maletín con un gran nudo en la garganta y me dirigí a la puerta dejando
atrás al hombre despeinado, mi manó tocó la perilla de la puerta tan dura y
fría y sentí un escalofríos.
–
¡Lilian… espera! –
grito Dave, poniéndose de pie y corriendo hacia mí.
Me giré para mirarlo y sin cautela tomó mi
rostro con suavidad e impactó sus labios sobre los míos, con los ojos cerrados
disfruté aquel vals suculento mientras nuestras lenguas hacían contacto por
primera vez; su boca se abría y cerraba dando paso a un aire caliente que me
robó el aliento desde lo más profundo. Duró un buen rato aquel beso, pero debía
irme, aunque en verdad prefería quedarme con Dave un rato más… pero ya era
tarde y debía volver al hotel.
–
Adiós… – le sonreí
tímida.
–
Nos vemos mañana,
cuídate – me sonrió encogiendo sus ojos.
Le robé un último beso y salí de allí corriendo
como una niña con su primer novio, fue idiota ahora que lo pienso.
Como sea,
detuve un taxi y le pedí con mi mejor inglés que me llevara a un bar de buena
calidad, si iba a emborracharme, debía hacerlo con onda, es decir… no podría
emborracharme en un bar miserable, aunque daba igual.
–
Gracias – le dije al
chofer antes de bajar.
–
Que tenga buena noche,
dama – sonrió caballero.
–
Igual usted – le
devolví la sonrisa.
Corrí del auto hacia el bar, las luces lo
hacían resaltar: Orson. Buen nombre.
El guardia me detuvo, pidió mi identificación y luego de examinarme
completamente con la mirada, me dejó entrar; caminé directo a la barra, dejé mi
maletín a un lado y pedí un whiskey… necesitaba algo duro para pasar la noche.
–
Gracias – levanté el
vaso antes de beberlo de un sorbo.
–
Tararararara….tan… tan
tan tan ¡¡Tarara!! – gritaba un sujeto en la barra, un metro alejado de mí.
Lo
miré de costado, el whiskey me había echo efecto así que no noté muy bien su
rostro, así que reí con su extraña pero conocida melodía, seguí bebiendo… uno,
dos, tres, ocho, hasta nueve whiskeys y aún tenía conciencia.
–
Maldita sea – golpeé mi
cabeza con mi muñeca.
–
Oye… ¡tú! – gritó el
sujeto junto a mí.
Lo miré sin ánimo, con mi rostro de desprecio,
no estaba de ganas como para soportar bromas de un desconocido.
–
Lilian… - abrí mis ojos
como una loca cuando dijo mi nombre.
–
…
–
¡Já! ¿No me reconoces?
Pero me halagas chica – rió acercándose.
–
¿Qué quieres? – bufé
aún sin poder notar quien diablos era.
–
Supe que te irás con Mustaine a New York… – dijo fríamente.
Y fue allí cuando me di cuenta de quien era,
tenía en frente al mismísimo James Hetfield, ironizando con un tema que me
tenía muy confundida. Miré al frente solo queriendo desaparecer, no quería
responder a su comentario, ya estaba bastante cansada y un poco borracha, no
sabía en verdad lo que podría pasar…
–
Hablé con Ivette… está bastante dolida con lo que estás
haciéndole…
–
Yo no le estoy haciendo nada – apreté el vaso.
–
¿Cómo que no? Estás yéndote de su lado, la dejarás sola…
–
Eso no te incumbe, no sé quien mierda te crees que eres. Solo eres
su jefe y le gustas, eso no te da derecho para criticarme rubio – lo miré
molesta.
–
¿Le gusto? – rió.
–
No te hagas el idiota – mis ojos lo despreciaban.
–
Así que te irás de todos modos…
–
No, hablaré mañana con Ivy, solo quería saber si ella vendría
conmigo, pero no me dejó hablar con ella… me cortó antes de tiempo – bebí.
–
No puedes llevártela… – Abrió sus
ojos grandes - tampoco puedes quedarte – dijo irónico.
–
¿Por qué no? – reí.
–
Hoy te despidieron del tribunal… ya no tienes trabajo – dijo ya
más serio.
Un
balde de agua fría había caído sobre mí… ¿acaso dijo… Despedida? Eso era
imposible. Mi intelecto superaba cualquier barrera, era tan responsable que
parecía una idiota… jamás en mi vida me habían dicho mediocre, jamás en mi
vida… me habían rechazado.
–
¿Qué dijiste…? – mis
ojos lo apuntaron como culpable.
–
Con el escándalo que
diste hoy en el juzgado… el viejo te despidió, dijo que ya no servías bajo sus
ordenes, así que no tienes trabajo – levantó sus cejas.
–
Eso no es cierto…
–
Claro que lo es, Ivette
me lo dijo, no creo que estuviese mintiendo con algo como eso ¿no lo crees?
–
A veces ella hace
bromas… - reí sin poder creerlo.
–
No creo que haya sido
una broma, estaba muy enojada cuando le llamé – se acercó más a mí.
–
Santa mierda, no tengo
trabajo… no tengo futuro.
Tomé mi cabeza y apoyé mis codos en la barra,
respiré profundo con los ojos cerrados intentando asimilar aquel notición que
me venía encima. No podía creerlo: Miss
perfección tiene defectos. Eso no era cierto…
–
¿Y que piensas hacer
Señorita Mustaine? – dijo irónico, molestándome.
–
¿Cómo me llamaste? – lo
miré enfurecida.
–
¿Qué? ¿No te gusta el
nombre? – rió.
–
Hetfield es tu nombre
¿no? Bueno, te digo algo… deja de creerte superior al resto, ya me tienes
harta, eres solo un niño en cuerpo de un hombre ¡madura hombre! Y por favor…
deja de ser un idiota – me puse de pie, pagando los tragos.
A penas me pude mantener de pie, un temblor me
llegó y se me movió el mundo, lastima, caí sobre James.
–
Pero miren aquí… la
chica despedida necesita ayuda del hombre inmaduro – dijo serio, sujetando mis brazos,
mirándome a los ojos que estaban a corta distancia de los suyos.
Lo miré boquiabierta, lo insulte y ahora de
verdad necesitaba de alguien que me llevase a casa…
–
Yo te llevo…
–
No… – pensé – tu
también estás bebido… tendremos un accidente – lo miré nerviosa.
–
Que cosas dices Lilian
– rió – Sé manejar en este estado… mejor
vámonos- me sonrió.
Tragué saliva, y tomada de su brazo por obvia
razón salimos del bar. Antes de subirnos al auto un paparazzi nos tomó una
fotografía, eso me puso como loca… lo único que me faltaba era ser relacionada
como algo del vocalista de Metallica, eso sería un caos en todas sus letras…
–
¿Así que entonces no
quieres dejar a Ivette? – dijo mirando al frente.
–
No, no quiero dejarla…
Pero si estoy sin trabajo no me queda más que irme a New York…
–
Vaya, que cambio más
drástico… – rió.
–
No voy a quedarme en un
lugar que no me necesita… además en New York hay mejor vida, más gente necesita
abogados… aquí solo hay gente famosa que lo único que necesitan es satisfacer
sus caprichos – miré por la ventana.
–
Eso me llega ¿sabes? – rió.
No
pude evitar sonreí, ahora comprendí porque Ivy está vuelta loca con este
sujeto… era agradable aunque yo lo tratase como basura, pero de todos modos él
me estaba quitando a la chica que más amaba en mi vida… mi mejor amiga prefería
estar con él.
–
Gracias… otra vez –
sonreí desde la ventana.
–
No te preocupes, más
que mal eres amiga de Ivette… sus amigos son mis amigos… – rió.
–
Claro – reí – Buenas
noches James…
–
Adiós lindura… suerte
con tus decisiones, convenceré a Ivette para que hable contigo
–
Gracias – sonreí.
Se fue y entré en el hotel, llegué a mi cuarto
y me lancé sobre la gran cama, no podía creer que todo estuviese pasando…
parecía mentira que todo lo que pasamos con Ivette se fue derrumbando por culpa
de un viejo imbécil que prefería a sus compatriotas, aunque claro, quien no
querría eso.
–
Ya llegué…
–
¿De verdad? Me alegra bastante… ¿Cómo estás? – dijo en un tono de preocupación.
–
Estoy bien Dave, no te
preocupes – sonreí – Solo llamaba para desearte buenas noches…
–
¿Buenas noches? Está a punto de amanecer Lilian – rió – Son las 5.50 de la
mañana – seguía riendo.
–
Santo cielo – miré el
reloj.
–
No importa, vete a dormir, recuerda que hoy tenemos una
reunión con los chicos…
–
Lo sé, tú también vete
a dormir ¿Qué haces aun despierto?
–
Estaba esperando tu llamado…
–
Buenas noches Dave… –
corté.
No sé que fue lo que me pasó, tenía tanto miedo
a enamorarme. Ese hombre me estaba haciendo reaccionar tan extraño frente a
diferentes situaciones, tan vulnerable e insegura de mí misma ¿en verdad quería
que eso pasara? No estaba segura de nada, más aún con todo lo que estaba
pasando.
New York era mi nuevo destino, pero nada estaba
seguro, debía hablar bien con Ivette respecto a lo que habló con Paúl, y sobre
todo sobre nosotras… No quería perder a mi mejor amiga solo por un comentario
sin finalizar, si tan solo me hubiera dejado terminar la frase… tal vez nada de
esto estaría pasando.
Por otro lado, no quería defraudar a Dave, me estaba
haciendo muy feliz, mis miedos suelen arruinarlo todo… y sinceramente no quería
perderlo, por mucho que me fuese a hacer daño todo lo que estoy sintiendo ahora
mismo por él.
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