• Narra Ivette.
“Things not what they used to be, missing
one inside of me. Deathly lost, this can't be real, cannot stand this hell I
feel. Emptiness is filling me to the point of agony. Growing darkness taking
dawn. I was me but now he's gone…”
– Hola…
– ¿Qué quieres? –
– Hablar, ¿podemos reunirnos en algún lado? –
– …Bien, dime donde –
– ¿Te parece en el café donde desayunamos siempre? –
– De acuerdo, te veo en hora y media –
–
Estás enojada – dije.
–
Como para no estarlo. Me acusas de algo que no hice –
–
Ibas a hacerlo –
–
Jamás te haría algo como eso, eres mi mejor amiga…
–
Eso es basura. Si lo fueras no te irías de mi lado tan pronto, hubieras
esperado un tiempo –
–
No iba a abandonarte idiota – dijo – En realidad iba a preguntarte
si querías venir conmigo, pero nunca me dejaste hacerlo –
–
¿Qué? – pregunté.
–
Así es, iba a invitarte – respondió con superioridad, sonriendo de lado.
–
Bueno pues… eso ya no importa ahora –
–
¿Cómo que no? – preguntó – ¿No vendrás conmigo? –
–
No…
–
¡¿Por qué?! – cuestionó – No me jodas… ¿aún sigues molesta? – alzó una ceja.
–
¿Insinúas que no debería estarlo? – fruncí el ceño.
–
No tienes razón para estarlo –
–
¿De verás crees que podría ser capaz de acompañarte después de lo
que has hecho? ¿Luego de lo que “nos” has hecho? – pregunté molesta.
–
¿Nos…? –
–
Sí, a mí y a Dave – tomé mi bolso y saqué “In Touch”, una revista de
chismes hechos por y para yankees.
–
No lo metas en esto – dijo entre dientes.
–
Tú me obligas a hacerlo…
Le
pasé la revista por sobre la mesa. La cara que puso no tenía comparación a nada
que haya visto antes. Sus ojos se abrieron hasta tal punto en que parecía que
se le iban a salir los globos oculares, abrió su boca levemente dejando ver la
hilera superior de sus dientes parcialmente y sus manos comenzaron a temblar
mientras sostenía aquella imagen. Era una foto de James Hetfield y de ella,
tomada de su brazo mientras salían de un bar; él estaba abriéndole la puerta de
su auto.
–
Esto… esto no es lo que parece – dijo.
–
¿Qué es entonces? – pregunté.
–
Estaba borracha y él se ofreció a llevarme – respondió.
–
Tsk, parece que no te cae tan mal después de todo…
– No tenía otra forma de
regresar al hotel – dijo – Además, aún no me agrada –
–
Como sea… Eres una mentirosa Lilian, ¿acaso no pensabas decírmelo? – fruncí el
seño.
–
No me pareció tan importante, es sólo una foto –
–
Será sólo una foto para ti pero, ¿siquiera piensas en tu noviecito? El tipo
está completamente enamorado –
–
Eso no te incumbe Ivette –
–
Lo que tú digas – me levanté de la mesa dispuesta a irme de allí – Aunque… tal
vez deberías llamarlo. Después de todo, ésta revista está en todos los puestos
de diarios del país –
Salí
por la puerta del café, podía sentir su mirada clavada en mi nuca. Caminé unas
tres cuadras hasta que encontré una parada de autobús en donde me dispuse a
esperar por el que me llevara a casa. No había nadie en ella, por lo cual
estaba agradecida, eso me daba tiempo para pensar que haría de ahora en
adelante. Mi relación con Lilian se había hundido como el Titanic en el océano; no pude evitar sonreír con esta
comparación, y James me había utilizado para su propia satisfacción. Sin
embargo, no podía darme el lujo de perder mi empleo como representante de la
banda, ¿quién sabe cuánto tiempo me tomaría encontrar otro trabajo decente? La
única opción que me quedaba era fingir que no había sucedido absolutamente nada
con el vocalista y mantener una relación meramente profesional con él…
–
Mi vida es una mierda – pensé – ¿Cuándo deje de ser la chica fría y ruda que era
en la secundaria? ¿Cuándo me volví tan… patética? –
Tomé
el autobús, el cual estaba lleno de miserables trabajadores que regresaban de
sus empleos, luego de esperarlo por 45 minutos; otra razón más para odiar esta
ciudad. Entré a mi departamento, arrojé las cosas sobre el sofá y me metí al
baño para ducharme. Cuando terminé me vestí y me tiré en mi cama para ver la
televisión. Habré mirado unos 5 minutos mientras hacía zapping por los canales
cuando un programa de noticias llamó mi atención:
“METALLICA: James Hetfield, ¿con
novia?”
– Al parecer el músico y líder de la banda
estaba saliendo de, lo que creemos era una fiesta o reunión en el conocido bar
Orson, ubicado aquí en la zona. Periodistas que lo han visto salir del lugar
aseguran que iba acompañado de una joven mujer, la cual se rumorea, podría ser
su pareja. Por otro lado es bien sabido que… –
Apagué
aquel aparato mientras las lágrimas corrían libremente por mi rostro. Nunca me
había sentido tan desolada en mi vida, deprimida sí, pero nunca de esta manera.
Mi mundo se había venido abajo por completo sin ninguna advertencia y no pude
hacer nada para evitarlo, mucho menos repararlo.
Dos
días pasaron con una lentitud inimaginable, casi agonizante. En la oficina todo
seguía igual, nada extraño ni diferente, a excepción del ambiente… estaba más
calmo desde la partida de Lilian. Como era de esperarse esto fue notado por
todos, incluso por nuestro jefe, por lo que los comentarios sarcásticos eran
cosa diaria.
–
Señorita Devereux, ¿puede venir un segundo? – me preguntó Paúl.
–
Claro, ¿qué sucede? – pregunté alzando mi ceja izquierda.
–
El señor Hetfield me ha llamado preguntándome por usted. Dice que
no devuelve sus llamadas ni contesta sus mensajes – dijo – ¿Puede decirme a que
se debe tal situación? – ironizó.
– No
es asunto suyo – bufé mirando para el costado.
–
Al contrario. Yo diría que me incumbe completamente… el que está quedando mal
con su actitud soy yo –
–
Estuve teniendo problemas personales, eso es todo lo que necesita
saber – dije – Ahora si me disculpa ya es la hora de salida y, honestamente,
quiero irme a dormir – espeté dándome la vuelta y saliendo de allí.
Decidí
regresar al hotel caminando. Dos, cinco, diez, quince… perdí la cuenta al
llegar a la décimo séptima cuadra; habré demorado aproximadamente una hora en
recorrer las 30 cuadras hasta mi hogar, si es que así se lo podía llamar. Entré
al departamento y me dispuse a ducharme, pero cuando estaba por comenzar a
desvestirme alguien tocó el timbre.
–
Hola… – dijo él.
–
…
–
¿Puedo pasar? – preguntó.
Asentí como idiota sin romper el contacto
visual ni articular palabra, y me corrí del medio para que pudiera ingresar al
lugar. Estaba nerviosa, debía admitirlo, tenía miedo de lo que pudiera pasar
ahora. Nunca fui de esas personas que creen en el destino y esas mierdas
espirituales u ocultistas pero quizás… esto sea una forma de castigo por todas
las cosas que he hecho a lo largo de mi vida… tal vez, sólo tal vez, el karma me estuviera jugando una
mala pasada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario