- Narra Ivette.
Los
días pasaron lentamente, las horas fueron interminables durante aquella difícil
semana. Cuando al final se acabó no podíamos estar más felices con Lilian. Ella
aún se reía con lo que había pasado en mi cita con James, luego de que se lo contara
le dio tal ataque de risa que pensé que se moriría ahí mismo a mis pies.
–
Señorita Proust… ¿puede prestar atención? – dijo nuestro
jefe.
–
¿Eh? ¿Qué? –
–
No sé en verdad lo que está pensando, pero pido que por
favor preste atención a la clase… es de urgencia que usted se ponga al día en
todo este asunto, sobre todo porque está tratando con gente famosa – ironizó.
–
¿De qué está hablando? –
–
En verdad solo te está fastidiando, tu ya sabes eso – le
dije riendo.
–
¿Qué ha dicho señorita Devereux? – me preguntó enfadado.
Lilian
se puso de pie y caminó a la puerta. Todos la miraban asombrados, sorprendidos
de que se atreviera a enfrentar al jefe de estudios, todos menos yo… ya estaba acostumbrada a este tipo de
comportamiento de su parte.
–
Señorita Proust… ¿A dónde cree que va? – dijo molesto.
–
A hacer orden en este maldito tribunal, cerdo xenofóbico –
dije entre dientes, asombrando a todos.
Todas
las bocas se abrieron, las mujeres taparon sus oídos horrorizadas por su vulgar
vocabulario; salió del lugar para dirigirse a quién sabe donde. Los murmullos
no se hicieron esperar, los presentes se susurraban cosas los unos a los otros,
cosas sobre Lilian, sobre nosotras. No podía distinguir quién decía que pero
logre captar algunas frases sueltas… “¡Dios mío!”, “No puedo creer que el señor
Smith permita esto”, “Sabía que era una mala idea traer
estudiantes de otros países”, “Seguro es porque son de Francia. Escuche
que allí son todos muy irrespetuosos”, “No me extrañaría que esa chica
tenga un registro policial en algún lado”, “Todo esto es culpa de Paúl”.
–
Señorita Devereux, ¿puede hacerme un favor? ¿O también va a
acusarme por discriminación como su amiga? – dijo sonriendo, como si la
situación tuviera algo de gracioso.
–
¿Qué demonios quiere? – fruncí el seño.
–
Vaya, parece que tenemos a otra rebelde – varios en la
oficina rieron – Pero como sea, hágame el favor de ir a buscar a su amiga –
–
¿Para qué quiere que la traiga? – espeté – ¿Acaso quiere
seguir molestándola? –
–
De hecho… era para notificarle que no puede venir más a
este lugar –
–
Tsk, ¿qué quiere decir con eso? – fruncí el seño.
–
Está… ¿cómo decirlo?... “despedida” – sonrió.
Caminé
por aquellos pasillos, ¿despedida?,
no podía ser cierto… es decir, ¿cómo despides a alguien que está estudiando?
Busqué a Lilian por todo el edificio pero sin éxito, incluso le pregunté al tipo
del aseo si la había visto.
–
Sí, estaba bastante molesta. Creo que se dirigía para el
Magistrado – dijo.
–
Muchas gracias, George –
Volví,
prácticamente corriendo hacia la oficina, donde me esperaba un malhumorado Paúl
Smith y una sala llena de puros idiotas riéndose.
–
¿Y bien…? – inquirió uno de aquellos tipos.
–
No la encontré pero George me dijo que fue para hablar con
el Magistrado –
–
¿Quién es George? – preguntó una de las mujeres.
–
El tipo que hace el aseo… – contesté sin mirarla.
–
Eso explica porque sabes su nombre –
Risas, siempre eran risas lo que nos
recibía cada mañana en aquel lugar, risas cargadas de burla y desprecio, nos
detestaban y eso estaba más que claro pero la cosa era ¿por qué? Hasta donde sé, jamás les hicimos daño. ¿Entonces…?
–
Sé su nombre porque no me creo superior a nadie como para
no dirigirle la palabra cuando me hablan – la miré – Por lo que si tienes una
autoestima tan baja que necesitas burlarte de los demás, haciéndolos sentir
como si fueran mierdas para tu propio deleite… creo que deberías ir a
tratamiento – sonreí de costado.
La
reunión siguió sin más conflictos, a las 5.30 el jefe se levantó, nos dejó un
trabajo para entregar la semana siguiente y se fue sin decir más. Guardé todos
mis papeles y salí de la oficina completamente furiosa, sin saludar a nadie.
Cuando salí del edificio caminé hasta la plaza que estaba enfrente, quería
estar sola y pensar, siempre fui una
persona muy analítica y analizar la situación era lo que necesitaba hacer
ahora. Al llegar a Estados Unidos nunca pensé que me tratarían como me tratan,
creía que, siendo el país de las oportunidades, serían más tolerantes pero,
para variar, me había equivocado. Mi celular comenzó a sonar, sacándome del torbellino
que eran mis pensamientos.
–
¿Diga? – contesté.
–
Hola primor – respondieron.
–
James… – sonreí.
–
¿Cómo estás? – preguntó.
–
Horrible, no podría estar peor –
–
¿Qué sucedió? –
Le
relate lo sucedido, desde nuestro primer día de trabajo hasta el día de hoy. No
parecía muy sorprendido, la verdad, estaba más furioso que otra cosa, no paraba
de insultar al viejo.
–
¡Ese maldito desgraciado! – gritó – ¡Siempre supe que era un bastardo! –
–
James, cálmate, no es para que te pongas así –
–
¡Claro que sí! No voy a
dejar que te maltraten de esa manera y tú tampoco deberías permitirlo –
–
Lo sé, lo sé, pero no puedo perder mi trabajo… si Smith
decide despedirme como hizo con Lilian nunca tendré una carrera prometedora en
ningún lado y habré desperdiciado años de mi vida estudiando para nada – dije –
Cielos, hasta me duele la cabeza de pensar que haré una y otra vez – tomé mi
cabeza con una de mis manos para aplacar el dolor.
–
No te preocupes por tu
carrera. Si ese maldito viejo decrépito te despide yo me encargaré de solucionarlo –
–
¿Cómo se supone que hagas eso? – pregunté.
–
Tengo contactos nena – dijo; sabía que estaba
sonriendo.
–
De acuerdo, seguiré tu consejo… – reí.
–
Bien, has eso. Pero si
vuelve a molestarte quiero ser el primero que lo sepa, así podré darle su
merecido… viejo de mierda –
–
No te preocupes, serás el primero – reí – Claro, el primero
porque Lilian no cuenta –
–
Oh dios… puedo sentir el
amor en el aire… –
–
No te quejes – reí – Es mi mejor amiga –
–
¿Y quién se está quejando? – rió.
–
Muy gracioso – sonreí – Ya debo irme –
–
Yo también, los chicos me
reclaman que vaya a ensayar – rió.
–
Mándales saludos… Adiós –
–
Lo haré, cuídate –
Corté
y me levanté para buscar un taxi. Cuando al fin uno se detuvo, le dije que me
llevara a mi hotel, ahora lo único que quería era dormir durante toda la tarde.
Llegué a mi departamento, no había electricidad y tuve que subir por las
escaleras… este día iba de mal en peor.
Tomé una ducha para despejarme y me puse un short negro con una remera holgada
como pijama. Me hice un café, agarré mi netbook y me recosté en mi cama, decidí
que le escribiría un mail a mi madre, hacía mucho que lo había hecho por última
vez. Terminé de escribir y me dispuse a dormir. No sé cuánto tiempo dormí, pero
cuando mi celular comenzó a sonar, despertándome, ya era noche cerrada.
–
¿…Hola…? – dije dormida.
–
¡Ivy! Disculpa, ¿estabas
durmiendo?
–
–
Sí… - fruncí el seño.
–
Como sea – rió – Tengo noticias para ti –
–
Dímelas entonces – dije un poco más despierta.
–
Primero que nada, hoy fui a
ver a Dave y… bueno… nos besamos – dijo tímidamente.
–
¡Oh, felicidades! – dije – Aunque ya era hora – reí.
–
Cállate – rió – Y segundo, estábamos hablando con Dave y me
ofreció irme con él y la banda a New York, ¡¿puedes creerlo?! – dijo
emocionada.
–
Wow, debes gustarle mucho para que te ofreciera eso –
fruncí el seño – Pero de todas maneras falta para que viajes, ¿verdad? –
pregunté.
–
De hecho nos iríamos en dos
semanas… –
Me
quedé helada, sin saber que hacer o que decir… dos semanas era muy pronto. ¿Qué se suponía que hiciera sin ella?
No pude evitar sentirme herida, desplazada; desde la llegada de Dave de lo
único que hablaba era de él, ya no pasábamos tiempo juntas como hacíamos antes
a excepción del que compartíamos en la oficina y, ahora que la habían echado,
ni siquiera tendríamos ese tiempo. Sé que sonaba egoísta pero yo al menos
intentaba hacer espacios en mi agenda para ella y sin embargo, ella parecía que
no se preocupaba en absoluto.
–
Ivy, ¿estás ahí? – preguntó.
–
Tú… ¿realmente… te… irás? – dije atónita – ¿Me dejarás
sola, en un lugar que apenas conozco? –
–
Vamos… no te pongas así,
por favor
– suplicó.
–
¿Y cómo quieres que me ponga? – pregunté con lágrimas en
mis ojos – Me dejarás por él –
–
Podrías poner feliz por mí – ironizó – Ésta es una oportunidad única que no se me
presentará de nuevo –
–
Ay, por favor. ¡El tipo está completamente loco por ti!
Hará cualquier cosa que tú le pidas –
–
Estás siendo egoísta Ivette – dijo fría.
–
¿Crees que eso me importa? – pregunté – Me estás
abandonando –
–
No seas tan exagerada… –
–
No estoy exagerando – dije - ¿Sabes? Nunca fuiste realmente
una buena amiga… siempre pensabas en ti y en lo que te convenía… –
–
¿Qué estás diciendo? –
–
Quizás lo mejor sea que cada una haga su vida a partir de
ahora… –
–
Espera… –
–
Adiós Lily… – susurré.
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