• Narra Lilian.
Aquellas viejas memorias se hacen inolvidables,
los bellos recuerdos quedan impregnados en nuestras mentes de forma permanente,
haciendo revivir todas esas sonrisas sin mucho esfuerzo.
Ivy dice: ¿Cómo podré reconocerte?
Lily dice: Pues
estaré con una boina roja, será llamativa, creo que con eso bastará ¿o quieres
que llevé un cartel con tu nombre?
Ivy dice: Yo iré
vestida de negro, ya sabes; conoces mi estilo, no te será difícil reconocerme
Lilian…
Lily dice: Eso espero, estoy muy nerviosa, mamá aún no se convence de
que tú existes
Ivy
dice: ¿Sigue creyendo que soy un gordo que
piensa en violarte xD?
Lily
dice: ¿Acaso tu madre piensa que
soy tan solo una chica con buenas intenciones xD?
Ivy
dice: ¡Claro que no! Nuestras madres están locas
¿lo sabias?
Lily
dice: Lo sé ¡que manía de
desconfiar…!
Ivy
dice: Bueno, iré a buscar el dinero y voy en
camino a tomar el bus para encontrarnos ¿te parece?
Lily dice: Perfecto,
espero que no te pierdas querida. RECUERDA: Estaré en la Torre Eiffel con una
boina roja y un abrigo negro, no pienso esperarte con una remera de Metallica,
está casi nevando Ivette ¿está claro? ¿¿O quieres que te lo dibuje xD??
Ivy dice: ¡¡No soy tan tonta Lilian xD!! Espero que
tengas paciencia, solo eh ido a Paris un par de veces, apenas recuerdo como
llegar a la Torre, de todos modos te llamaré al móvil para evitar perderme ¿si?
Lily dice: Reims queda a dos horas ¿no? Espero que
no tardes, porque iré a comprarte un regalo y luego te esperaré, ya me marcho.
Cuídate Ivette, te estaré esperando ¡¡POBRE DE TI QUE LLEGUES TARDE!!
Ivy dice: Tranquila mujer, ahora voy saliendo, ya
hice mis maletas así que espero que tu madre no me mire feo cuando llegue a tu
casa :(
Lily dice: Si lo
hace, nos vamos al departamento secreto de mi hermano mayor, así que no te
preocupes, ¡¡solo vente que la emoción me altera!!
Ivy dice: Está bien, nos vemos en dos horas… te amo
Lily *-*
Lily dice: Y yo a ti
Ivy *-* Nos vemos, ¡adiós!
• Ivy ah
cerrado sesión.
Aquella
permanente emoción que me envolvía hacía de ese día uno de los mejores de mi
vida, habíamos esperado cerca de 5 años para que este momento llegara. Ivette
se había echo mayor de edad hace unos días y eso le permitía dejar su región
sin autorización de sus padres, es decir, podría hacerme una visita; aunque
claro, eso le molestaba mucho a ellos por el solo hecho de que nos conociéramos
por Internet.
–
¿A dónde crees que vas?
– dijo mi mamá desde la cocina, mientras yo abría la puerta para irme.
–
Voy de compras y luego
voy a encontrarme con Ivette – sonreí ilusamente.
–
¿Con permiso de quien?
Ya te dije que no me parece buena idea que esa niñita venga a visitarte, no me
gusta para nada – dijo recalcando la última parte de la frase.
–
Lo sé, pero eh estado
esperando este día hace ya 5 años mamá, no piensas arruinarlo… ¿o si? – dije
enojada.
–
¿Viene sola?
–
Si, sola mamá…
–
Ve con cuidado, ve con
tu hermano, lleva a Fisher – levantó las cejas.
–
No mamá, a él lo dejas
hacer todo sin tu permiso… incluso… – pensé – Nada, no iré con él de todos
modos, esto es algo que debo hacer sola – sonreí.
–
Ve con cuidado hija, cualquier cosa que pase… me llamas – dijo ya
más calmada.
Asentí,
me coloqué la tan amada boina roja y abroché mi largo abrigo negro, cerré la
puerta y guardé mis llaves en uno de los bolsillos. Caminé por la avenida
Pierre en busca de un hermoso ramo de flores, rosas azules, las que más le
gustaban a Ivette, quería recibirla de una manera especial; más que mal
compartíamos un lazo especial desde ya hace mucho y eso había provocado que la
quisiera como una verdadera hermana.
Con
Megadeth a todo volumen en mi mp4, transcurrí por esas frías pero bellas
calles, pasé incluso fuera de una automotriz y me deleité mirando aquellas
motocicletas, juré que algún día, cuando fuera ya mayor y tuviese dinero… me
compraría una y sería la francesa más feliz del mundo.
–
Estoy contigo en 15 minutos, el conductor prometió
apresurarse – reía.
–
Eso suena maravilloso,
ya estoy camino a la Torre Eiffel
– sonreí.
–
¡Estupendo! Allá nos vemos entonces – cortó.
La
emoción me carcomía por dentro, sentía como mis latidos aumentaban al pensar que
haría cuando la viera ¿Qué tenía que hacer? ¿Abrazarle o solo saludarle? En
verdad el momento sería maravilloso fuera como fuera nuestro encuentro, pensar
en qué haríamos era lo de menos.
Caminé
a dicho lugar, contemplar aquella maravilla desde abajo era magnífico, me
sentía tan diminuta… Me senté en una banca frente a la entrada del parque que
existe junto a la Torre
y allí esperé, nerviosísima. Arreglé mi boina mil veces para que se viera
perfecta, siempre me gustó verme bien, y no iba a dejar que mi mejor amiga me
viera mal vestida más aún, la primera vez.
–
¿Por qué tardas tanto
Devereux? – bufé mirando la hora en mi celular.
–
Lo siento tanto, es que
el tráfico aquí en Paris es horrible – rió atrás de mí.
No podía creerlo, me puse de pie tirando al
suelo mi mp4, haciéndolo trizas, pero eso no me importó; la abracé con todas
mis fuerzas, ella hizo lo mismo. Cerré mis ojos para sentirla cerca de mí, lo
más que pudiese, este era el momento que había esperado durante mucho tiempo…
–
¡¡No puedo creerlo!! –
grité sujetando mi boina, luego de soltarla.
–
¡¡Yo tampoco!! Vi tu
boina a la lejanía y pensé ¿Será ella? ¿O alguna otra idiota decidió venir con
una boina del mismo color hoy? – rió arreglando su abrigo.
–
¡Mira, somos del mismo tamaño! – grité sin poder creerlo.
–
Es cierto, pensé que serías más pequeña – dijo riendo apenada.
–
Pues debiste beberte toda la leche cuando pequeña, así serías más
grande –reí.
–
Tienes toda la razón, por cierto, me gusta tu maldita boina roja –
sonrió dulcemente.
–
¿De verdad? ¡Oh! Te traje un regalo – sonreí.
–
No era necesario – frunció el seño – de todos modos, dámelo – rió.
Reí
y le entregué las rosas azules tal como le gustaban, también le di unos
panecillos que había comprado para su aterradora hambre, que de seguro traía
por el largo viaje. Nos sentamos en esa banquita del parque, maravillándonos
con la gran obra del hombre frente a nosotras, la gran torre Eiffel; hablamos
tonterías, estupideces e incoherencias, es decir, apenas teníamos 17 y 18 años, no pensábamos hablar de matemáticas
ni mucho menos de política, aunque en verdad… bueno olvídenlo.
–
¿Estás lista para ir a
mi casa?
–
¿Segura que puedo ir?
No quiero que tengas problemas por mi culpa…
–
Tranquila, llamaré a
mamá, ¿me esperas un poco? – sonreí.
–
Todo el que quieras,
pero no demasiado… ¡Viaje dos malditas horas para verte! – bufó riendo.
Sonreí y me puse de pie, caminé un poco y
marqué el número de mi madre, tardo mucho en contestar pero al fin lo hizo.
–
¿Mamá?
–
Hija, ¿Ya te encontraste con tu amiga? – dijo preocupada.
–
Sí, ya estoy con ella… quería
saber si podemos ir a casa…
–
No, mejor vete al departamento de tu hermano, tu papá está
borracho y está haciendo un escándalo… no quiero que tu amiga vea este tipo de
cosas, le dije a Fisher que te llevara ropa para allá. Hable con Daniel y autorizó
tu estadía allí ¿está bien hija?
–
Claro… no te preocupes,
gracias, si papá te hace algo…
–
No te preocupes, no me hará nada…
–
Eso espero – dije
molesta - ¿Por qué no pasas la noche con nosotras?
–
No hija, me quedaré en casa, solo cuida la casa de tu hermano
y procura que no te pase nada – sonrió.
–
Está bien mamá, adiós…
–
Adiós hija – cortó.
Apreté
mi mandíbula, molesta, con mucha ira en mi interior… para variar mi padre había
comenzado a hacer escándalos gracias a su maravilloso don de estar borracho
casi todo el tiempo. Volví con Ivette, le sonreí y le expliqué que por motivos
“familiares” debíamos quedarnos en el departamento de mi hermano mayor.
–
Eso es mejor, tendremos
la casa para nosotras solas… ¡¿No es genial?! – gritó.
–
Creo que si… – reí por
su risa.
–
¡Vamos Lily! Debo llevarte a un bar – sonrió.
–
Son las 8 ¿crees que hayan bares abiertos?
–
Claro que si… hay mucho abiertos, además, esta es la capital
querida… los bares abren a las 10 de la mañana – sonrió.
–
Entonces… ¿Qué estamos esperando? – reí.
Y
así lo hicimos, fue mi primera noche de alcohol apasionado. Esa noche ambas nos
emborrachamos a más no poder, ese día perdí mi virginidad con un Irlandés
maravilloso, parecía sacado de una película. Como sea, era menor de edad, lo
sé, pero en verdad ningún bar nos pidió nuestras identificaciones ni nada por
el estilo, con Ivette a cargo, la juerga era intensa. Llegamos al departamento
de mi hermano a eso de las 7 de la mañana, sin recordar muy bien lo que
hicimos; alcohol, también hubo drogas, mucha música, sexo y quien sabe que otro
tipo de cosas fue la que hicimos aquella noche… pero de todas maneras, había
sido la mejor de mi vida.
–
Buenos días – rió junto
a mí.
–
Buenos… ¿días? – reí con resaca.
Ambas
estábamos desnudas, ¿Qué fue lo que hicimos en esa cama ambas? Pues solo
nuestro maldito subconsciente lo sabía, estábamos tan extasiadas que tal vez…
cabe una pequeña posibilidad que entre nosotras… también haya existido un
arrebato sexual… digo… tal vez.
Aquel
día, aquella noche, aquel maravilloso encuentro fue el mejor de todos. Fue y
será inolvidable por siempre, así fue como comenzamos nuestra vida juntas.
Recuerdo también que esa misma mañana Ivette me dijo que estudiaría lo mismo
que yo, pero aquí en Paris, que jamás volvería a Reims. Dijo que su vida allá
era aburrida, que toda la diversión estaba aquí en Paris, que los pasajes a
Alemania, Inglaterra e incluso Norteamérica eran más baratos… lo que nos
facilitaba la opción de irnos de este maldito lugar.
–
Comenzaré a trabajar,
iré a la universidad el mismo año que tu entres, así estudiaremos juntas ¿te
parece?
–
Pero irás un año más
tarde – bufé.
–
Eso que importa, te
compraré la motocicleta que tanto quieres y nos iremos de aquí con nuestro
primer sueldo, eres buena en lo que haces Lilian, surgirás pronto… y eso quiere
decir que me llevarás contigo sea a donde vayas – rió.
–
¿Cómo estás tan segura
de eso? – reí.
–
Porque somos mejores amigas para siempre, y no nos separaremos
nunca, pase lo que pase…
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