• Narra Yvette.
Por fin había llegado el día en el que tendría mi gran cita con James Hetfield, apenas podía creerlo. Para ser honesta, estaba fuera de mí; corría como sicótica por toda mi habitación, arrojando mi ropa por todos lados, por lo que decidí llamar a Lilian para que me ayudara.
– ¿Por qué no tengo ropa para situaciones como esta? ¿Qué se supone que me ponga… la remera roja o la negra? ¡Dios, ayúdame a decidir! –
– No eres tan ruda ahora que vas a salir con él, ¿verdad? – preguntó sonriendo de medio lado.
– Bien, admito que quizás estaba subestimando esto de las citas. Ahora… ¡búscame ropa o moriré aquí mismo! – grité histéricamente mientras continuaba revisando entre mis cajones.
– ¿Por qué no te pones esto? – dijo poniendo la prenda frente a mi rostro.
– Claro que no, es para usar sin corpiño. Además, es un vestido blanco y no quiero aparentar celibato – dije riendo ante la idea de que James pensara que era pura o algo así.
– Creo que, a no ser que se te ocurra una mejor idea, esta es tu única opción –
Me di la vuelta para mirarla, estaba sonriendo; sabía que lo usaría de todas formas, así que se lo arrebaté y me metí al baño a ducharme. Cuando terminé, me vestí con una colaless negra que me había regalado Lilian para mi pasado cumpleaños, y el vestido blanco. Me calcé mis sandalias de taco favoritas, me alisé el cabello y me maquillé.
– ¿Cómo crees que deba saludarlo? ¿Debo comenzar a hablar yo primero o dejarlo a él? No debí haberme puesto este vestido… – decía histérica.
– Cálmate mujer, estás comenzando a ponerme nerviosa… – dijo frunciendo el seño riendo – Y ese vestido te queda perfecto –
Continuamos discutiendo como debía comportarme, en realidad yo, ella solo escuchaba y reía. Tocaron el timbre de mi apartamento; di un pequeño salto… era James.
– Suerte nena, te irá bien – rió.
Salí del apartamento riendo a causa de los nervios, acomodando mi cabello. Mire mi reflejo en el espejo del ascensor mientras bajaba los 12 pisos hasta la recepción. Tomé una última bocanada de aire para darme valor antes de salir a las alborotadas e iluminadas calles de Los Ángeles. Allí en la puerta me esperaba él, recostado sobre su lado izquierdo contra la pared, dándole la espalda a la puerta principal. Llevaba puestos unos pantalones de jean sueltos, zapatos negros y una campera de cuero. Me acerqué por detrás; estiré el brazo para tocar su hombro y llamar su atención pero me detuve, sentía como se formaba aquel tan conocido nudo en mi garganta… me armé de un valor que saqué de no sé donde y rocé su brazo. Él se dio vuelta, sorprendido de verme ahí, su mirada recorrió mi figura y sonrió de media luna dándome a entender que le agradaba lo que veía. Me tomó de la mano y me condujo hasta su auto, un BMW negro. Abrió la puerta del copiloto para que subiera.
– ¿A dónde iremos a cenar? – pregunté cuando entró al auto.
– Es un restaurante-bar, es nuevo – dijo mirándome.
– ¿Cómo se llama? – pregunté.
– “Zafira Shaiad” – contestó sonriendo.
– ¿Qué clase de nombre es ese? – reí – Cielos James, ¿qué tipo de lugares frecuentas? –
– No quieres saberlo cariño – rió – Veo que ya superamos lo del señor…–
– No es que lo haya superado, es que no quiero hacerte sentir más viejo de lo que ya eres – reí.
Bromeamos todo el resto del trayecto hacia aquel bar de nombre extraño. Estacionó el vehículo en el aparcamiento, bajo del auto y se apuró a abrirme la puerta.
– Gracias – dije tímidamente.
Me ofreció su brazo caballerosamente, el cual tomé riendo como idiota. Caminamos hasta la puerta donde nos recibió una empleada y nos indicó nuestra mesa. Nos sentamos y casi inmediatamente aparecieron dos meseros… quienes estaban desnudos, menos por los taparrabos que traían puestos. Tomaron nuestros pedidos y desaparecieron detrás de las puertas de la cocina.
Hablamos de negocios, fechas para los tours, posibles nombres, las canciones que entrarían en el próximo álbum, merchandising, entre otras cosas. Realmente estaba cómoda hablando con él, pero claro, eso no podía durar mucho.
– Te ves hermosa con ese vestido – dijo repentinamente.
– ¿Tú crees? – pregunté totalmente sonrojada y sin poder creer lo que oía.
– Claro que sí – dijo – ¿Por qué mentiría primor? –
– No lo sé…– sonreí.
Trajeron nuestra comida, estábamos por comenzar a comer cuando comenzó a sonar una alarma en el lugar. Humo salía de la cocina y los meseros corrían de un lado a otro intentando calmar a la gente, quienes se ponían más y más alterados por el inminente incendio. De pronto, agua comenzó a llover del techo a causa de los grifos, que se activaron con la presencia de humo en el lugar. Afortunadamente, esto acabo con el fuego pero nos dejó completamente empapados.
– ¿Estás bien? – preguntó James.
– Sí… ¿y tú? – pregunté pero no obtuve respuesta – ¿James? – giré mi cabeza para mirarlo… estaba mirándome los pechos, muy fijamente para mi gusto.
– Oye… ¡James! – chasqueé mis dedos frente a su rostro.
– Oh... disculpa – dijo – No estaba escuchando –
– Lo noté, gracias – respondí – ¿Qué estabas mirando? –
– Es que… no traes… corpiño… –
– ¿Qué demonios? – miré mi vestido y noté como se traslucían mis pezones a causa del agua – James, eres un pervertido – reí.
– Bueno… esa fue una reacción que no me esperaba – rió.
Comenzamos a comer, reíamos por los chistes que él contaba. No me importaba el hecho de estar mojada y con mi maquille arruinado, esta era posiblemente la mejor cita que había tenido. James estaba contando un chiste sobre un hispano y un ruso, revoleando sus manos, cuando el tenedor salió volando de su agarre y aterrizó debajo de la mesa. Quise recogerlo pero no me dejo, se agachó él, tirándose debajo de la mesa, haciéndome reír nuevamente. Seguí comiendo, mientras esperaba que lo encontrara, cuando sentí una sensación extraña en mis piernas. Se sentía como si algo las rozara… una mano, para ser más específica. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al contacto de su piel con la mía.
– Tengo… tengo que ir al baño – dije torpemente.
Me levanté lo más rápido que pude y corrí al baño. Abrí la canilla del agua fría y me mojé la cara. ¿Qué era lo que acababa de pasar allí afuera? Escuché que abrían la puerta pero no le di importancia y seguí refrescándome. Alguien me tomó del brazo y me giró, obligándome a mirarlo.
– ¿James…? –
Tomó mi rostro entre sus manos y se acercó lentamente; podía sentir su cálido aliento sobre mis labios. Cerró la distancia que nos separaba en un beso, el beso más dulce que me habían dado. Respondí casi al instante, rodeando su cuello con mis brazos y enredando mis manos en su cabello.
– Eres hermosa – dijo colocando un mechón de cabello detrás de mi oreja.
Cerré mis ojos, dejando que su boca fuera desde mis labios hasta mi cuello. Tiré mi cabeza hacia atrás, un suspiro de aprobación resonando en mi garganta. Me subió sobre la mesada de la pileta para estar más cómodo. Gemí, al sentir una mordida en mi cuello.
– Te gusta que te muerdan – dijo curiosamente – Dime… ¿Te gustan las charlas sucias? –
Intenté resistirme, mantuve mis ojos cerrados y mi boca de la misma manera.
– ¿Sabes que quiero hacerte ahora? – murmuró en mi oído – Quiero quitarte toda la ropa – prosiguió, acariciando todo mi cuerpo y deteniéndose al final de mi vestido – Y demostrarte cuanto me gustas –
– Hazlo – susurré.
Me quitó el vestido rápidamente. Ya no me preocupaba por mis inseguridades; estaba demasiado lejos de eso. Le quité su remera, acercándolo más a mí. Ambos gemíamos, besándonos apasionadamente. Mi cuerpo estaba en llamas y sólo podía pensar en cuan cerca quería a James de mí.
– James – respiré agitada, él presionó su frente contra la mía – Por favor…– rogué.
Él sabía exactamente de lo que estaba hablando, sus ojos estaban oscuros por la lujuria. Rodeé su cintura con mis piernas, acercándolo más. Movió sus manos a la única prenda que me quedaba, retirándola salvajemente, pronto los dos estábamos desnudos. Se acomodó entre mis piernas, su miembro eréctil hacía contacto con mi piel. Cerré mis ojos y mordí mi labio inferior, mientras el entraba en mí, moviéndose lentamente. Me aferré a sus hombros; se estaba moviendo más rápido y ya no podía contener los gemidos que se escapan de mis labios. Me besó, una pasión que nunca antes había sentido oculta detrás de él. Sus movimientos se estaban volviendo más largos y fuertes y pude sentir como me acercaba cada vez más al clímax. Arqueé mi espalda, gritando su nombre. Mantenía mis ojos cerrados con fuerza, luces brillando en mis párpados. Podía oír a James gruñendo en mi oído, y sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando aquella sustancia se extendió en mi interior. Nos quedamos ahí, intentando recuperar el control de nuestra respiración y calmar los latidos descontrolados. Apoyé mi cabeza en su pecho y lancé mis brazos a su cuello, mientras él me rodeaba con sus brazos.
Definitivamente… esta era la mejor cita que había tenido, por lejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario