• Narra Ivette.
Me encontraba durmiendo en mi plácida y cómoda cama cuando sonó mi celular, despertándome. Era Lilian y, a juzgar por la cantidad de llamadas perdidas que tenía de ella, debía ser algo urgente, por lo que contesté esperando que no me gritará por ignorar el teléfono.
– ¡Dios Ivette! ¡Llevo llamándote toda la tarde! – gritaba histérica.
– Lo sé, lo siento, pero estaba durmiendo y jamás escuché el celular – dije entre apenada y dormida.
– Como sea, necesito tu ayuda –
– ¿Dave? – afirmé más que preguntar.
– Sí… – respondió tímida.
– Voy para allá – corté.
Monté el auto que James me había regalado y me dirigí hacia el hotel donde se encontraba Lilian. Esa chica realmente podía ponerse como loca cuando estaba nerviosa y, créanme cuando digo que, definitivamente, no es un lado de ella que quieran ver… a menos claro, que seas yo.
Su departamento era un caos, toda su ropa estaba tirada sobre el suelo, las sillas, su cama… hasta había ropa colgando de las cortinas de la bañera. Me senté en el borde de su cama y el bombardeo de preguntas comenzó…
– ¿Qué debo hacer cuando lo vea? ¿Está bien si digo “Hola querido”? ¿Qué pasa si comienzan a sudarme las manos? ¿Qué debo hacer si me tropiezo entrando al restaurante? ¡Soy tan idiota que arruinaré todo! – dijo como histérica caminando de un lugar a otro en esa habitación.
“Tan histérica” pensé. Luego de convencerla de que se calmase, la conduje al restaurante en el que se encontraría con Mustaine. Bajó del auto acomodándose su vestido, mirando la entrada, nerviosa.
– ¡Tienes un buen trasero nena! ¡Sacúdelo en su cara! – grité, logrando incomodarla aún más, mientras comenzaba a alejarme.
Regresé a mi apartamento dispuesta a tomar un baño pero nuevamente mi celular me interrumpió.
– ¿Diga? – atendí.
– Hola cariño – respondieron.
– ¿Señor James? ¿Qué…? ¿Por qué me llama? – pregunté extrañada al oír su voz.
– No lo sé, supongo que quería hablar contigo pero veo que estabas ocupada… –
– ¡No! Ahm… quiero decir… no estaba ocupada es que sólo me sorprendió que llamara – dije, esto último en un susurro casi inaudible pero que James alcanzó a escuchar.
– En ese caso, hablemos. ¿Qué traes puesto? – preguntó, risa contenida en su voz.
– Pues… ropa – contesté riéndome.
– Que graciosa eres – rió – Dime ¿harás algo mañana en la noche? –
Me sorprendió con su pregunta, cambiando el tema de pronto.
– No lo creo – dije - ¿Por qué? – pregunté.
– Quería invitarte a cenar – dijo, extrañamente nervioso – No es nada personal, sólo para hablar de negocios…– agregó rápidamente.
– Me encantaría, señor James – dije, asombrada de que pudiera comprimir el grito que amenazaba salir de mi garganta.
– Maravilloso. Te pasaré a buscar a las 21:00 – dijo – Y llámame James, nada de señor que aún soy joven – dijo intentando sonar ofendido.
Reí con aquello… podía ser tan gracioso. Me despedí de él y corté. No podía creer lo que estaba sucediendo. ¿Acaso James Hetfield acababa de invitarme a salir? Todo me parecía tan surrealista que me era imposible asimilarlo… Demonios, ¿en qué estaba pensando? Alguien como él nunca se fijaría en mí… ¿o sí? No, definitivamente no. Además, sólo es por negocios, eso es lo que es…
No importaba cuantas veces me lo repitiera, no podía sacarme esa estúpida sonrisa del rostro, ni calmar la ansiedad que comenzaba a dominar cada fibra de mi cuerpo; solté el teléfono que aún sujetaba firmemente en mis manos, dejándolo caer a mis pies y brinqué sobre mi cama cual niña pequeña dispuesta a dormirme para que las horas pasaran con mayor rápidez.
“Mañana me bañaré tranquila y luego llamaré a Lilian para contarle y ver como le fue en su cita” pensé, cerrando mis ojos lentamente. Intentaba relajarme y calmar mis hormonas cuando alguien tocó el timbre del departamento, interrumpiendo mi momento. Maldiciendo para mis adentros, abrí la puerta; ante mí estaba él… mi antiguo marié y hermano de mi mejor amiga.
– ¿Fisher? – pregunté sin poder creer que él estuviera aquí, frente a mí.
– Hola Ivette – sonrió tímidamente – ¿Está Lilian? –
– No… ¿Cómo me encontraste? – quise saber.
– Llamé a tu casa y tu madre me dijo que estabas aquí. ¿Sabes dónde está? –
– En una cita – respondí – Espera, la llamaré para que venga –
Me molestaba tener que interrumpirla, después de todo era su cita con Dave Mustaine, pero si Fisher estaba aquí significaba que necesitaba algo o que había hecho algo ilegal. En cualquier caso venía a pedirle dinero a su hermana, como hacía siempre… y aquella otra naïve siempre le creía todas sus mentiras y prometía ayudarlo siempre que la necesitase.
– ¿Lilian? – pregunté cuando contestó – Lamento interrumpir tu bello momento de amor con Mustaine, pero debes venir a tu departamento urgente… –
– ¿Qué ha pasado? – preguntó.
– Sólo ven, ¿sí? –
Luego de cortar, dirigí mi atención a Fisher, quien seguía parado en el marco de la puerta sin animarse a entrar.
– ¿Piensas quedarte ahí mucho más tiempo? – le pregunté alzando una ceja – Pasa y siéntate –
– Gracias – dijo y se sentó en el sofá del living.
– ¿Para qué vienes esta vez? – inquirí sin preocuparme en disimular la bronca en mi voz - ¿Acaso estas falto de dinero nuevamente? –
– Nada que te interese petits – dijo con una inesperada confianza, demasiado conocida para mí.
– Sólo te recuerdo mi advertencia… si la haces sufrir, aunque sea una sola y mísera vez, juro que te buscaré y te encontraré sea en donde sea que te escondas y te mataré, lenta y dolorosamente para que aprendas de una vez por todas a valorar tu insignificante vida – le dije con odio.
Justo antes de que pudiera contestarme Lilian entró corriendo por la puerta.
– ¡Más vale que sea importante Ivette! Estoy sacrificando mi noche con Mustaine – gritó molesta.
– ¿Lilian? – preguntó él.
– ¿Fisher? – preguntó ella, atónita - ¿Qué… qué haces aquí? Pensé que estabas con mamá y papá – dijo lentamente.
– No funcionó; mamá es insoportable – dijo riendo.
– ¿Entonces…? – preguntó ella.
– No se como decir esto... necesito que me prestes dinero – dijo – Ya sabes que no me gusta pedirte prestado… -
– No, claro… - dijo ella, más para sí que para los demás - ¿Cuánto necesitas? –
– No mucho… sólo cien mil dólares –
– ¡Cien mil dólares! – repetí colérica - ¡¿Te parece poco?! – le grité.
– Tranquila Ivy – intentó calmarme Lilian.
– ¡No Lily, no! – le contesté, girándome hacia su hermano y caminando amenazadoramente hacia él con mi dedo índice apuntándolo – ¡Y tú! ¡¿Cómo es que aún te da la cara para venir a victimizarte, a arrastrarte a sus pies, rogándole por dinero?! ¡¿No tienes dignidad?! – le grité prácticamente en su cara.
– No te interesa – contestó con una actitud arrogante, pasándome por al lado, hacia Lilian - Me lo prestarás, ¿verdad? Soy tu hermano… yo te crié – dijo, tomando su mano entre las suyas y mirándola a los ojos, con los propios llenos de lágrimas de hipocresía.
Lilian me miró, buscando ayuda para responder a su pregunta. Negué con mi cabeza lentamente, mirándola fija y duramente, exigiéndole que se hiciera valorar por una vez, sin necesidad de que mediarán palabras. Vi como sus ojos se llenaron de lágrimas diferentes a las de Fisher. Su rostro se cubrío de aquellas gotas llenas de dolor.
Minutos pasaron… minutos en los cuales él se desesperaba más y más, inquieto por la esperanza de una respuesta afirmativa, hasta que ella, finalmente, dirigió su mirada a la suya.
– Lo siento… - dijo, destruyendo la esperanza de su hermano en pequeños pedazos.
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