• Narra Lilian.
Había llegado el día, tendría al fin mi cita con el famoso Dave Mustaine. ¿Si estaba nerviosa? ¡Pues ni podía mantenerme en pie! Obviamente no literalmente, pero los nervios carcomían mis entrañas; para una ocasión tan especial como esta necesitaba los consejos de la experta, sí… Ivette.
– ¿Qué debo hacer cuando lo vea? ¿Está bien si digo “Hola querido”? ¿Qué pasa si comienzan a sudarme las manos? ¿Qué debo hacer si me tropiezo entrando al restaurante? ¡Soy tan idiota que arruinaré todo! – decía como histérica caminando de un lugar a otro en esa habitación.
– Calma Lilian, todo saldrá bien – decía de piernas cruzada en mi el borde de mi cama con una cara de despreocupada, aunque en verdad no tenía que estarlo.
– ¿Cómo quieres que no esté nerviosa? ¿Qué pasa si quiere besarme y me huele mal el aliento? ¡Necesito unas mentas!
Se puso de pie y me tomó de los hombros con fuerza, frunció el seño mientras reía.
– O te calmas… o te golpeo tan fuerte que la cabeza te dará vueltas – dijo con firmeza.
– Me gustaría verte a ti cuando tengas una cita con Hetfield – apreté mis labios como una niña pequeña.
– Eso no pasará, así que ahora perfúmate que debo llevarte en mi auto…
– ¿Tienes un auto? – me sorprendí.
– Eh… si, tengo un auto – dijo incómoda.
– ¿De donde lo has sacado Ivette? No me digas que… ¡Oh no, lo has robado! – grité como una maniática.
– No, no digas estupideces Lily, James me lo ha dado – dijo sonrojándose.
– ¡No mientas! – dije riendo – Vaya… si que te está trayendo más hacia él eh… - jugué con mis cejas de arriba para abajo.
– Que cosas dices, mejor toma tu cartera y vamos, ¡que Dave se hará viejo esperándote femme!
Reí, tomé mi cartera como Ivette me lo pidió y bajamos por el ascensor, ella reía porque sabía que estaba nerviosa, yo reía por mis nervios. Salimos del hotel y subimos al lujoso auto que James Hetfield había prestado a Ivette para que no pagase taxis ni esas cosas que suelen cobrar demasiado por llevar a personas de un lugar a otro; lo abordamos y Ivette encendió el radio para que me tranquilizara un poco, comentó cosas graciosa en el transcurso del camino, mi vestido corto… negro llamativo me ponía aún más nerviosa, tenía un escote amplio y provocativo… quizá Dave que pensaría de mí.
– Aquí es – detuvo el auto de golpe.
– Mierda Ivette, ¿Por qué no vas tú por mí? – reí como una tonta.
– Anda, no seas tímida, recuerda cuando robamos alcohol en tu cumpleaños de los 19, recuerda eso y te irá bien – sonrió como mi hermana mayor.
– ¿Qué tiene que ver eso con esto? – dije sin entender.
– Pues tuviste personalidad para ello, piensa que esto es más fácil, la policía no te estará persiguiendo – rió.
– Idiota – negué con mi cabeza riendo.
– Suerte amiga, bésalo con pasión – guiñó un ojo riendo.
Cerré la puerta riendo, acomodando mi vestido y tragando bruscamente saliva para prepararme a entrar.
– ¡Tienes un buen trasero nena! ¡Sacúdelo en su cara! – gritó desde el auto haciendo que mucha gente me mirase a mí y a ella.
– Dios… Ivy… – reí en un susurró.
Un sujeto que estaba junto a la puerta me dejó pasar caballerosamente, entré en ese restaurante muy elegante y paré para buscarlo con la mirada, encogí mis delineados ojos en busca de su despeinado cabello, no lo encontré en un primer momento… pero un brazo aleteando a la lejanía captó mi atención: era él.
– Llegó el momento… – tragué saliva una vez más, sintiendo como bajaba por mi esófago con fuerza.
Caminé al vaivén de mis caderas, miré su rostro mientras me acercaba y su cara de asombro con la boca semiabierta me hacía saber que le gustaba como me veía. Tomé la silla para sentarme frente a él y éste se paró, levantó la silla para que me sentase… fue todo un caballero.
– Gracias… – sonreí tímida.
– Te ves hermosa – dijo sonriente volviendo a sentarse frente a mi.
– Nah’ que cosas dices Dave – sonreí.
– Es cierto, te ves linda, ¿Qué quieres comer?
– Me conformo con un helado… nada de comida, los nervios me revolvieron el estómago…
– ¿Nerviosa? Vaya, eso me halaga – rió.
El garzón llegó con los platos que luego de un rato pedimos, tomé mi helado con timidez, este sujeto si sabía como cohibirme, hablamos un rato de negocios… hasta que toco el tema de lo personal.
– ¿Tienes novio? – dijo sereno luego de acabar su helado.
– No… ¿tu tienes novia? Apuesto que si – sonreí encogiendo mis ojos.
– No, soy un hombre soltero… libre por la vida. ¿Cómo es que una chica tan linda no tenga novio…? – sonrió.
– Pues ya sabes, soy de Francia, no podía ligar con alguien y luego abandonarlo… no soy de esas – miré a otro lugar que no fueran sus ojos.
– ¿No eres de esas? Eso me gusta…
– No, no soy de esas – dije orgullosa, volviendo a mirar sus ojos.
Después de un largo rato de miradas en silencio, dejo libre un suspiro que llevó una linda sonrisa, que me hizo sonreír a mi también… hasta que sonó mi celular.
– ¿Lilian? Lamento interrumpir tu bello momento de amor con Mustaine, pero debes venir a tu departamento urgente…
– ¿Qué ha pasado? – sin querer presioné el altavoz.
– Solo ven ¿si?
– ¿Momento de amor? – dijo riendo Mustaine a carcajadas.
Guardé el teléfono y me levanté acelerada.
– Lamento esto Dave, pero debo irme – dije sonrojada.
– Yo te llevo muñeca, vamos – sonreía con lo que dijo Ivette.
Mal momento para interrumpir, pero peor aún para que escuchase eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario