• Narra Lilian.
Así pasaron unos días, quizá unas dos semanas, en donde nosotras nos fuimos adaptando a este país, a este nuevo mundo para nosotras… queriendo así por fin, ganar un poco de respeto. No es por presumir pero tuve buenas calificaciones en los exámenes de cuestionamiento, fui unas de las mejores… sin embargo mi querida amiga… no.
– ¡Dios Ivette!
– ¡Soy un fiasco, me admiro! – gritaba riendo.
– No me alegraría por eso si fuera tu – dijo presumido Johan, uno de nuestros compañeros.
– Ignóralo – dije molesta.
– ¿Quién te crees tú para decirme eso? – gritó Ivette al sujeto.
– Pues alguien que tiene mejores calificaciones – sonrió egocéntricamente.
– Dios… ¡basta! – dije serena.
– ¡Nada que basta! ¡Estoy harta de que nos traten diferente solo por ser francesas! ¡Américains sacrément!
Paúl nos observaba a la lejanía mientras intentaba controlar a la desquiciada de Ivette, tomé su brazo y la llevé afuera a la fuerza, en donde sí, había otro alboroto.
– ¿Pero que dem…? – dije asombrada.
– ¿Esos son…?
Sí, Dave Mustaine desde un lado con su banda Megadeth y James Hetfield del otro con su banda Metallica, disputaban un intercambio de groseras palabras. La razón obviamente la desconocíamos ambas, pero queríamos averiguar así que entramos en acción, nos acercamos a ellos.
El vocalista de la banda de mi amiga me miró con desprecio mientras que Dave sonreía al saludarme, lo mismo pasó con Dave mientras Ivette saludaba a James.
– Hola Lilian – dijo encogiendo sus ojos sonriente Dave.
– Hola – dije ya con un poco de personalidad.
– Hola lindura – decía James besando la mejilla de Ivette.
– Hola señor James – dijo orgullosa ella.
Sin razón James ya me odiaba tan solo por el echo de que conociera a Dave, y lo mismo él, odiaba sin razón a Ivette por el simple echo de que conociese a su enemigo de hace un tiempo, James.
– ¿Qué hacen aquí? – pregunté.
– Venía a buscarte… quería conversar de algo serio contigo – respondió Mustaine.
– ¿Si? ¿Sobre qué?
– Este no es lugar para hablar, mucho menos delante de esta gente – refiriéndose a Metallica.
– ¡Que te sucede idiota! – gritó James.
– Señor James, será mejor que se tranquilice, esta es la vía pública – dijo Ivette.
Reí viéndola tratar con respeto a aquel sujeto, sí su gran ídolo. Dave me abrazó con uno de sus brazos por sobre los hombros y sentí como la sangre se me venía a la cabeza, sentí el rubor sobre mis mejillas y vi reír al resto de miembros de la banda.
– Que linda te ves sonrojada – rió Ellefson.
– No la molestes David – dijo serio y respetuoso Dave.
Me cohibí entre su brazo y su torso, me llevó a la limusina que los cuatros traían consigo; Ivette se fue con su respectiva banda, alejándonos una de la otra por motivos del destino. Ingresaron a la gran limosina y no sabía que hacer, sí, me quedé para como una idiota fuera de ella mientras los cuatro reían burlándose de mí.
– Sube francesilla, no mordemos – rió Samuelson, el baterista.
– Ven Lilian, no tengas miedo – dijo dulcemente Dave.
– Dios no quiero hacer esto – dije en susurro para mí misma.
– Claro que quieres – jugó con sus cejas Ellefson mientras reía con los demás.
Me hizo reír, entrando tan solo un poco en confianza, subí junto a Dave mirando como los hombres bebían, como disfrutaban de todos estos lujos que tenían, me ofrecieron beber pero no podía, estaba trabajando.
– ¿Dónde vamos? – miré a Dave.
– Ya lo verás querida, ten calma
– Debo volver a trabajar Dave…
– No te preocupes, luego yo hablo con tu superior – rió rodeándome con uno de sus brazos.
– ¿De que parte de Francia eres? – preguntó Chris Poland.
– Soy de Paris, una linda ciudad – sonreí tímidamente.
– Si, linda ciudad… haremos un concierto dentro de un mes allí… – dijo Samuelson.
– Podría venir con nosotros ¿no? – rió Ellefson – Serviría como guía turística digo yo… - volvió a reír.
– Sería una grandiosa idea ¿no Dave? – lo miraron.
– Si, si ella quiere por supuesto que podría venir, pero si le damos miedo y no quiere viajar con nosotros no podremos llevarla – dijo irónico.
– Claro que me gustaría ir con ustedes – dije emocionada.
– ¿Vendrías con nosotros francesa? – rió el baterista
– Lilian. Se llama Lilian, Gar… no seas descortés – me defendió Dave acercándome a su pecho gracias al efecto de su brazo.
– Como sea, ¿vendrías con nosotros… Lilian? – reímos.
– Claro, me encantaría – sonreí.
Y así pasamos el rato hasta que la limusina se detuvo fuera de un teatro, miré por la ventana un poco azorada… no comprendía porque estábamos aquí. Los chicos me hicieron bajar primero, luego cada uno de ellos; era un lugar extraño… muchos vándalos cerca me provocaban escalofríos, me aferré a la mano de Dave quien me miró extrañado.
¿Pero qué estaba haciendo? Lo solté de inmediato, dándome cuenta del error que había cometido, él rió mirándome por sobre su hombro.
– ¿Dónde está Jefferson? – preguntó Samuelson.
– No lo sé, a esta ya debería haber llegado – contestó Ellefson.
– ¿Qué hacemos aquí? – le susurré a Dave.
– Ya lo verás – sonrió de media luna despeinándome.
En eso, llegó un sujeto de traje, muy guapo para ser sincera, pero no llamo mi atención.
– Hola chicos ¿Qué hay? – dijo riendo de brazos abiertos.
– Estás despedido – dijo Dave serio.
Hubo un silencio incómodo, no entendía lo que estaba pasando, nadie decía nada.
– ¿Por qué? ¡Si yo les di todo! ¡Gracias a mí están donde están! – gritaba enojado.
– Pues encontramos a alguien mucho mejor que tú – lo recriminó Gar.
– ¿Si? ¡Bien por ustedes, pueden irse a la misma mierda! ¡No me digan que es esa perra que está allí! – gritó molesto.
Dave lo golpeó con un buen derechazo, cayó al suelo con el labio sangrando. Los chicos lo miraron molesto, Dave también lo estaba y yo no creía lo que veía.
– No es una perra, ella es una dama… no como tú hijo de puta – escupió sobre él Mustaine.
– ¡Como pueden hacerme esto! – gritaba desde el suelo.
Sentí miedo de Dave por un momento, su extrema agresividad nunca antes la había sentido, los chicos me pedían que me tranquilizara, creo que me dio un ataque de esos.
– ¿Quieres entonces ser nuestra representante? – Dave acomodó mis cabellos tras mi oreja con cuidado.
– ¿Qué? – me sorprendí tragando saliva bruscamente.
– ¿Podrías ser nuestra representante legal? – sonrió.
– ¡Je suis d'accord! – grité.
Me miraron con una mueca extraña sin entender lo que decía.
– ¿Qué? – rió David.
– Claro… ¿Por qué no? – reí como idiota.
Uno de los chicos me tomó entre sus brazos y comenzó a rodar conmigo, junto a nosotros los otros 3… no sé porque tanta felicidad, ni sabía lo que tenía que hacer específicamente. Se suponía que sería abogada del gran Dave Mustaine, pero terminé jugando bajo el poder de Megadeth…
No hay comentarios:
Publicar un comentario