• Narra Lilian.
Despertar luego de ya haber pasado algunos días aquí lejos de mi tierra natal, todo marchaba bien, todo iba bien para ser sincera, lo único que, quizás me molestaba un poco era la envidia que sentía por Ivette, ella ya tenía un trabajo en camino y yo... para variar: nada.
Me levanté luego de que sonó el despertador, me di un baño de agua caliente, alisé mi cabello y luego me vestí lista para irme al juzgado. Desayunaría luego con Ivette, como ya se había echo costumbre; caminé por el pasillo hasta llegar al ascensor y abordar éste mismo que en ese mismo momento venía vacío.
– Pero que suerte tengo – reí como una ilusa al subir y presionar el botón número uno para llegar a ese piso.
Todo iba bien hasta que el ascensor se detuvo en el piso 5. Abordó aquel pelinaranjo que había visto hace algunos días, al parecer me reconoció, rió de media luna encogiendo sus ojos llamativos para mi y como si nada se paró junto a mí mirando el techo.
– Hace buen clima hoy – dijo en voz alta.
– Sí, eso creo – miré el suelo sujetando con fuerza mi portafolio.
– ¿Cómo estás? Hace días que no te veía…
Me extrañé un poco, sí, en verdad me reconocía.
– Oh pues… llego muy tarde del trabajo y me voy siempre muy temprano, creo que tal vez por la diferencia de horario no nos hemos topado – sonreí un poco.
– Quizá sea por eso… - rió con una carcajada.
No dije nada más, no tenía porqué… tenía un nerviosismo sin sentido, que me hacía vibrar por completo.
– ¿Cómo te llamas? El otro día no me dijiste tu nombre
– Lilian… creo que si te lo había dicho… Dave…
Sonrió mirándome al fin, giró su rostro hacía mí.
– Recuerdas mi nombre… vaya, que bien suena eso – su respiración chocó con mis cabellos del lado derecho.
– Como no recordarlo, hombres como tú no conoces todos los días – sonreí.
– ¿Cómo yo? – levantó sus cejas.
– Lo lamento, quise decir… bueno… tú sabrás – reí nerviosa.
Se abrieron las puertas dejando ver el primer piso, mi destino era aquello.
– Aquí me bajo, lo siento – lo miré tímida a sus ojos.
– No te preocupes, también me bajo aquí – caminó conmigo.
Sonreí mirando el frente, intentando evitar sus ojos en los míos, ya me sentía muy incómoda con su presencia… esto se sentía extraño.
– ¿Vas al juzgado? – me detuvo del brazo en la salida del hotel.
– Sí… ¿por qué?
– Puedo llevarte, también voy para allá…
– No quiero molestarte Dave, en serio muchas gracias pero…
– Insisto, déjame llevarte, no moriré por llevar a una bella dama a su fuente de trabajo – sonrió nuevamente de media luna.
Lo pensé un poco, él me miraba de una manera única, adorable como ningún otro; me convenía que él me llevase, así me ahorraría el dinero para el desayuno y poder comprar esas deliciosas galletas, que Ivette sabe donde se venden.
– Está bien – suspiré.
– Bien, mi auto está por aquí – rió guiándome.
Lo seguí aún con miedo, un lujoso auto pude ver frente a mis ojos, plateado resplandeciente. Sacó las llaves e hizo sonar la alarma, abrió el la puerta del copiloto y me hizo subir como un caballero.
– ¿Es ese de unas cuantas cuadras más allá no?
Asentí en un profundo silencio, maravillándome con su perfil.
– Háblame, no seas tímida… no muerdo – dijo varonilmente.
Me estremecí de tan solo oírlo, no sabía que decir, ni siquiera que pensar. Permanecí callada, encendió el radio y sonó una de esas canciones que solíamos oír con Ivette en su casa, antes de viajar aquí.
– Me gusta esa canción – sonreí mirando el radio.
– ¿Si? Pues yo la escribí… y también la canto, con mi voz extraña – dijo riendo mientras conducía.
– Lo sé – lo miré de reojo – Eres… mi cantante favorito… – susurré.
Rió, me miró y esquivé su mirada, llegamos al juzgado y estacionó el vehículo en el aparcamiento, le agradecí mucho que se haya molestado al traerme, me sonrió y besó mi mejilla de manera caballerosa, creo que me sonrojé, pero eso daba igual: Dave Mustaine me trajo al trabajo. Sí que me sentía orgullosa.
Entré al juzgado corriendo, pensando que podía llegar tarde, pero solo eran suposiciones mías… para variar llegué temprano, tenía que dejar de ser tan responsable… incluso a mí me estaba molestado ello. Encontré a Ivette, y de reojo pude ver al pelinaranjo hablar con el viejo Paúl ¿de que hablaran? Pues en verdad no lo sé… tan solo quería averiguarlo.
– No mires, está apuntando hasta aquí… – rió Ivette con un café en la mano.
– ¿De verdad? – me giré.
– ¡Te dije que no te girarás! – chilló emocionada.
– Lo siento, lo siento – cerré mis ojos con fuerza.
Terminamos nuestro café y entramos a la sala de junta, donde nosotras siempre éramos el centro de atención…
– Mañana tendremos un debate, veremos quien tiene la suficiente memoria capacitada para recordar todos los artículos de ley… recuerden, mañana será el debate, zona oriente versus zona occidente – dijo apuntando derecha e izquierda.
– Que aburrido – bufó Ivette.
– Pues lamentablemente son cosas que usted deberá hacer durante el tiempo que le dedique a este rubro señorita Devereux – la regañó.
– Cállate Ivette, este tipo nos odia – la mire de reojo.
– Usted también podría guardar silencio señorita Proust, veo que ustedes dos son unas busca problemas…
Me resigné, me callé y preferí guardar silencio, acatar lo que el anciano dijera. Acabó la hora, Paúl me llamó a su oficina muy extrañada fui.
– ¿Qué quieres? – bufé con rudeza.
– Vaya, veo que alguien ya se siente con confianza suficiente – levantó sus cejas por sobre sus anteojos.
– Dime que quieres, tengo que ir a almorzar – bufé.
– Bueno, eres la única sin trabajo ¿lo sabías?
– No… pero ahora si – miré apenada hacia un lado.
– Hoy eso se acaba, hace algunos minutos ha venido un sujeto que quiere contratarte… eres muy suertuda, el trabajo vino a buscarte, no tuviste siquiera que moverte – rió irónico.
– ¿De verdad? – me asombré.
– Sí, comienzas dentro de una semana, cuando ya hayamos pasado todos los contenidos correspondientes para que sepas apenas lo principal dentro de esta labor como lo es hacer respetar la ley…
– Genial – dije emocionada.
– No te emociones tanto Proust, tu acogedor… es un busca problemas, igual que tú y tu amiga – volvió a levantar sus cejas irónico.
– Yo no soy una busca problemas, Ivette está un poco loca, pero tampoco lo es… deja de tratarnos así por ser extranjeras y mucho más por ser mujeres – dije enojada.
– Se llama Dave Mustaine – dijo ignorándome.
– ¿Qué…?
– Ya oíste, comienzas a trabar con él y su banda en una semana…
– Dave…
Susurré dentro de mi cabeza mil cosas, no podía entender porque tenía que estar pasándome esto a mi, era demasiado… no sé si podría con esto.
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