- Narra Ivette.
Una semana había pasado ya desde que mi jefe, Paúl, me había designado como la nueva representante de Metallica, todo iba de maravillas y mi precipitada emoción era la clara prueba de ello, no podía esperar a comenzar mi trabajo. Durante estos últimos siete días estuve tan abocada a mi investigación de la reputación de la banda y al estudio de diferentes leyes y artículos de la Constitución que pudieran serme útiles en un futuro que incluso Lilian parecía asombrada por mi dedicación y, cabe aclarar, que no era una persona muy fácil de impresionar.
El sonido de mi despertador me arrastró de manera dolorosa a la calurosa mañana obligándome a levantarme para apagarlo. Inmediatamente tomé una ducha fría y lavé mi largo cabello, me vestí con mi traje de oficina, me alisé el pelo y me dirigí al juzgado donde me encontraría luego con Lilian.
- Buenos días – dije al entrar.
- Buenos días querida – respondió una voz a mis espaldas.
- ¿Lilian? ¿Qué haces tan temprano en el trabajo? – pregunté extrañada.
- Ah pues… buena letra, eso hago – rió ella.
Tomamos nuestro café y entramos a la sala de juntas. Llegamos primeras por lo que nos ubicamos en las mejores sillas de aquella larga mesa y esperamos a que entraran los demás. Una vez que todos se sentaron, el jefe hizo su aparición y comenzó a hablar de los temas a discutir en el próximo debate. Acabó nuestro horario, ya estaba recogiendo mis cosas para irme cuando Paúl me llamo al corredor que comunica la sala de juntas con el Gran Salón del juzgado.
- Bien señorita Devereux, hoy es el día – dijo con una mueca que podría pasar por una sonrisa.
- ¿De verdad? – dije sorprendida, esperaba que fuera la semana entrante.
- Así es. Ahora, aquí tiene la dirección del hotel en el que la esperan a las 16:00 hs. Sea puntual, no les agradan las demoras –
- ¡Pero falta media hora para las cuatro! – exclamé.
- En ese caso será mejor que se apresure –
No alcanzó a terminar de hablar porque ya me había ido corriendo de allí. Me dirigí hasta el hotel y subí por las escaleras, arrojé mis cosas sobre el enorme sillón ubicado en la sala y entré al baño para lavarme. Ahora venía el problema… ¿qué se suponía que usara en una reunión con una banda de Trash? Quiero decir, ¿debería ir vestida formal o informal? Si decidía ir informal, lo único que tenía eran remeras de dicha banda y, posiblemente, parecería adulación. Ante la duda, llamé a Lilian.
- ¡Hey, Lilian! – exclamé.
- ¿Tú de nuevo? – rió al otro lado.
- Tengo una misión para ti – dije seria.
- ¿Cuál? – la emoción se hacía presente en su voz.
- Vestirme para mi primera reunión con ellos –
- Voy en camino mon amour. – dijo antes de colgar.
- ¡Ya sal de una maldita vez cher! - gritó Lilian desde fuera del baño.
- No me digas cher, gosse – le dije saliendo.
Llevaba puesto un pantalón negro ajustado que marcaba el contorno de mis piernas, una camisa blanca con una chaquetilla negra encima, mis borcegos negros, unos guantes de cuero sin dedos y un cinturón con cadenas para adornar el conjunto.
- ¿Y bien? – pregunté - ¿Cómo me veo? –
- Arréglate la camisa – me respondió acercándose y desabrochando los botones superiores, abriéndola hasta arriba de mis pechos – ¡Listo! Ya eres la sensual amiga que me conquistó allá hace años en Francia –
- No seas idiota – respondí riendo - ¿Qué hora es? –
- Faltan diez para las cuatro –
- ¿Qué carajos…? ¡Voy a llegar tarde! – chillé histéricamente.
- Tranquila mon petit, llegarás a tiempo – dijo.
Llegué al hotel donde se encontraban sobre la hora, gracias a que Lilian cedió de muy buena manera en prestarme su motocicleta, luego de cinco minutos de ruegos y súplicas. Entré corriendo por la puerta principal y llamé al ascensor, me subí en él y busqué en el papel con las indicaciones de Paúl: décimo piso. Presioné el botón y aguardé a que subiera.
Con el corazón en la garganta, tomé una última bocanada del aire frío del pasillo para tranquilizarme y llamé a la puerta. Un sujeto alto y medianamente corpulento abrió la puerta tras unos breves segundos, como si hubieran estado aguardando mi llegada con ansias, y se me quedó mirando como si fuera un payaso de circo.
- Disculpa… - dije tímidamente, reconociendo al sujeto como Jason Newsted – Vengo de parte del buffet de abogados Lombardi, como su nueva representante… -
- Ah, sí - dijo luego de unos minutos de incómodas miradas – Te estábamos esperando – dijo y se apartó de la puerta para que pudiera pasar.
Entré caminando lo más segura posible, erguida y con la cabeza en alto, transmitiendo decisión y agresividad al mismo tiempo, y me dirigí hacia el living del departamento donde se encontraban los demás miembros, cada uno haciendo algo distinto pero característico de ellos. Lars Ulrich golpeaba los muebles con sus baquetas imitando el ritmo de Running Free de Iron Maiden, banda que les sirvió de inspiración en sus comienzos; Kirk Hammet jugaba a un videojuego de luchas. Mis ojos se posaron en el hombre sentado a su lado que observaba como jugaba, el dueño de aquel largo cabello rubio y enmarañado y de esa poderosa voz que hacía que me estremeciera cada vez que lo oía cantar. Jason carraspeó en un intento de llamar su atención y sus ojos azules se posaron en mí… la rigidez en los músculos de mi cuerpo impedía que respirara con normalidad al sentir su mirada recorrer mi figura en busca de respuestas a las preguntas que se habían formulado en su cabeza; la incomodidad se hizo presente y, antes de que me explotara la cabeza por culpa de esta, decidí decir algo.
- Ehm… Soy la nueva representante de la banda. Vengo de parte de Lombardi… - dije, casi en un susurro.
- Con que era eso – dijo el rubio con interés. Se paró de donde estaba y se acercó a mí con su mano extendida y una gran sonrisa de media luna en el rostro – Soy James –
- Hetfield, lo sé – lo interrumpí estrechando su mano – Yo, ahm, los conozco. Son mi banda favorita – pude notar como al decir esto me sonrojaba casi al instante.
- Interesante… - dijo Lars, uniéndose a la conversación – ¿Cómo te llamas? – preguntó.
- Ivette Devereux -
Me reprendí internamente por mi timidez repentina, generalmente solía ser una persona muy extrovertida y segura de si misma. Me desconcertaba el hecho de que una simple mirada o el leve roce de la mano de aquel rubio tuviera la fuerza para causar en mí sensaciones que nunca antes había experimentado, que me dejara sin palabras y que me provocara leves ataques de pánico y es que, sí, he estado enamorada de él desde que tengo memoria pero nunca pensé que sería tanto lo que había provocado en mí… en ese momento, al mirarlo fijamente a los ojos, me pregunté… ¿podría con el trabajo?
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