domingo, 17 de julio de 2011

Chapter 2


 • Narra Ivette.


Entré agitada al juzgado seguida de cerca por Lilian. Miré mi reloj, el cual indicaba que eran las 13:55… Cinco minutos antes del horario de entrada, un récord. Nunca fui muy hábil en lo que respecta a puntualidad; no podía permitirme llegar tarde en mi primer día de trabajo aquí en Estados Unidos, cosa que casi ocurre debido a la “pequeña” interrupción de esos cuatro en el hotel.

         Tuvimos suerte esta vez pero no creo que seamos tan afortunadas la próxima – le dije suspirando entre cortadamente a Lilian mientras buscaba un asiento en aquella larga mesa.
         Pensamos que llegarían tarde… – dijo alguien.
         Supusimos que la poca puntualidad era algo de franceses. – dijo, despectivamente y arrastrando las palabras, otro de ellos.

Junto a mí, pude notar como mi amiga comenzaba a temblar de rabia. Si había algo que nos molestara tanto a ella como a mí, era que nos subestimaran por ser extranjeras o mujeres.

         ¿Disculpa? Creo que oí mal… Es imposible que un abogado como tú haya dicho algo como eso – espetó Lilian.
         Y yo creo que, al parecer, eres idiota ya que no entiendes lo que digo. –
         ¡Hey! No te voy a permitir que la trates así. Si tienes problemas con nosotras lo resolveremos en otro lado, no en la oficina… ¡stupide! – le dije con mi mejor acento francés.

Por suerte en ese momento apareció nuestro jefe, Paúl Lombardi, quien nos mandó a sentarnos a todos, como si fuéramos pequeños niños en su primer día de escuela.

         Muy bien – anunció este – He recibido el llamado de un cliente muy importante en nuestra compañía. Me hizo saber que despidió a su antiguo representante legal y que necesitaba uno nuevo. Pero, esta vez, se encargó de dejar bien en claro sus preferencias. –dijo, sacando una lista de una carpeta frente a él – No debe ser muy formal, ya que no se llevarían bien; debe ser comprensivo en ciertos aspectos de su rutina; debe ser eficaz; y, por sobre todo, no debe ser un viejo roñoso y cascarrabias. – leyó, haciendo una cara de disgusto con esta última parte.

No pude evitar reír al oír aquello. Vaya que era exquisito…

         Me pregunto si será posible saber, señorita Devereux, ¿qué le parece tan gracioso de esto? – me preguntó Paúl.
         Oh… ehm, nada, en realidad… sólo pensé que el cliente era muy exquisito en cuanto a sus representantes – dije tímidamente.
         Pues sí. En verdad, lo es – me miró fijamente – Y creo que usted también lo sería si fuera una estrella del Rock, ¿no lo cree así? –
         A decir verdad no, no lo sería – respondí.
         Ya veo…. Entonces supongo que no le molestará ser la elegida para el puesto. –

Esa fue su última palabra. Estaba claro que era su manera de castigarme por mi falta de respeto. A mi alrededor, los hombres largaban imperceptibles risitas y dejaban escapar pequeñas sonrisas.
Ah… como odiaba eso, a veces me preguntaba si era abogacía la carrera que debería haber elegido. Aunque, obviamente, al mirar a mi lado y ver sentada junto a mí a mi mejor amiga, comprendía que sin esto jamás la hubiera incorporado a mi monótona vida. Era ella la que hacía que fuera más amena y divertida y la que hacía que mi elección de profesión haya valido la pena.

         Así que ya tienes trabajo – dijo Lilian rodeándome con uno de sus delgados brazos por sobre los hombros, riéndo.
         No le veo lo gracioso Lilian. No quiero tener que tratar con una diva en mi primera semana en California. –
         Bueno pues, tú te lo buscaste –
         Eso no me ayuda en absoluto – respondí riéndo.
         ¿Ya sabes quién es el afortunado? – preguntó.
         No, y ahora que lo dices creo que llamaré a la oficina para preguntar –

Tomé mi teléfono celular y marqué el número. Me atendió la secretaria y le pedí que me comunicará con Paúl.

         ¿Hola? – atendieron del otro lado de la línea.
         ¿Jefe? Habla Ivette Devereux –
         Ah sí… ¿qué sucede?
         Quería saber… ¿a quién se supone que debo representar? –
         Pensé habérselo dicho… Tienes que representar a Metallica

No podía creerlo. ¿Representar a mi banda favorita? Parecía imposible de creer.
Me despedí y corté. Lilian me miraba expectante, queriendo saber que famosa estrella sería representada por mí.

         ¿Y bien? – preguntó  –  ¿A quién estás representando? –
         A varias personas…  –  respondí, anonadada por la noticia.
         ¿Cómo que varias? ¡No me digas que estamos hablando de una banda! – exclamó emocionada.
         Sí… Metallica – susurré – Tengo que representar a Metallica –

Lilian comenzó a gritar en la mitad de la avenida por la que caminábamos, parecía estar más emocionada que yo misma.

         ¡Lilian! ¡Lilian! ¡Cálmate, no grites! –
         ¿Cómo puedes estar tan tranquila? ¡Es tu banda favorita! –
         Lo sé. Es sólo que aún no salgo del shock…  –
         Vous êtes un idiot, Ivette –
         Je sais que

Internamente, sabía que no podía esperar a mi primer día de trabajo con ellos.

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