Entré agitada al juzgado seguida de cerca por Lilian. Miré mi reloj, el cual indicaba que eran las 13:55… Cinco minutos antes del horario de entrada, un récord. Nunca fui muy hábil en lo que respecta a puntualidad; no podía permitirme llegar tarde en mi primer día de trabajo aquí en Estados Unidos, cosa que casi ocurre debido a la “pequeña” interrupción de esos cuatro en el hotel.
– Tuvimos suerte esta vez pero no creo que seamos tan afortunadas la próxima – le dije suspirando entre cortadamente a Lilian mientras buscaba un asiento en aquella larga mesa.
– Pensamos que llegarían tarde… – dijo alguien.
– Supusimos que la poca puntualidad era algo de franceses. – dijo, despectivamente y arrastrando las palabras, otro de ellos.
Junto a mí, pude notar como mi amiga comenzaba a temblar de rabia. Si había algo que nos molestara tanto a ella como a mí, era que nos subestimaran por ser extranjeras o mujeres.
– ¿Disculpa? Creo que oí mal… Es imposible que un abogado como tú haya dicho algo como eso – espetó Lilian.
– Y yo creo que, al parecer, eres idiota ya que no entiendes lo que digo. –
– ¡Hey! No te voy a permitir que la trates así. Si tienes problemas con nosotras lo resolveremos en otro lado, no en la oficina… ¡stupide! – le dije con mi mejor acento francés.
Por suerte en ese momento apareció nuestro jefe, Paúl Lombardi, quien nos mandó a sentarnos a todos, como si fuéramos pequeños niños en su primer día de escuela.
– Muy bien – anunció este – He recibido el llamado de un cliente muy importante en nuestra compañía. Me hizo saber que despidió a su antiguo representante legal y que necesitaba uno nuevo. Pero, esta vez, se encargó de dejar bien en claro sus preferencias. –dijo, sacando una lista de una carpeta frente a él – No debe ser muy formal, ya que no se llevarían bien; debe ser comprensivo en ciertos aspectos de su rutina; debe ser eficaz; y, por sobre todo, no debe ser un viejo roñoso y cascarrabias. – leyó, haciendo una cara de disgusto con esta última parte.
No pude evitar reír al oír aquello. Vaya que era exquisito…
– Me pregunto si será posible saber, señorita Devereux, ¿qué le parece tan gracioso de esto? – me preguntó Paúl.
– Oh… ehm, nada, en realidad… sólo pensé que el cliente era muy exquisito en cuanto a sus representantes – dije tímidamente.
– Pues sí. En verdad, lo es – me miró fijamente – Y creo que usted también lo sería si fuera una estrella del Rock, ¿no lo cree así? –
– A decir verdad no, no lo sería – respondí.
– Ya veo…. Entonces supongo que no le molestará ser la elegida para el puesto. –
Esa fue su última palabra. Estaba claro que era su manera de castigarme por mi falta de respeto. A mi alrededor, los hombres largaban imperceptibles risitas y dejaban escapar pequeñas sonrisas.
Ah… como odiaba eso, a veces me preguntaba si era abogacía la carrera que debería haber elegido. Aunque, obviamente, al mirar a mi lado y ver sentada junto a mí a mi mejor amiga, comprendía que sin esto jamás la hubiera incorporado a mi monótona vida. Era ella la que hacía que fuera más amena y divertida y la que hacía que mi elección de profesión haya valido la pena.
– Así que ya tienes trabajo – dijo Lilian rodeándome con uno de sus delgados brazos por sobre los hombros, riéndo.
– No le veo lo gracioso Lilian. No quiero tener que tratar con una diva en mi primera semana en California. –
– Bueno pues, tú te lo buscaste –
– Eso no me ayuda en absoluto – respondí riéndo.
– ¿Ya sabes quién es el afortunado? – preguntó.
– No, y ahora que lo dices creo que llamaré a la oficina para preguntar –
Tomé mi teléfono celular y marqué el número. Me atendió la secretaria y le pedí que me comunicará con Paúl.
– ¿Hola? – atendieron del otro lado de la línea.
– ¿Jefe? Habla Ivette Devereux –
– Ah sí… ¿qué sucede? –
– Quería saber… ¿a quién se supone que debo representar? –
– Pensé habérselo dicho… Tienes que representar a Metallica –
No podía creerlo. ¿Representar a mi banda favorita? Parecía imposible de creer.
Me despedí y corté. Lilian me miraba expectante, queriendo saber que famosa estrella sería representada por mí.
– ¿Y bien? – preguntó – ¿A quién estás representando? –
– A varias personas… – respondí, anonadada por la noticia.
– ¿Cómo que varias? ¡No me digas que estamos hablando de una banda! – exclamó emocionada.
– Sí… Metallica – susurré – Tengo que representar a Metallica –
Lilian comenzó a gritar en la mitad de la avenida por la que caminábamos, parecía estar más emocionada que yo misma.
– ¡Lilian! ¡Lilian! ¡Cálmate, no grites! –
– ¿Cómo puedes estar tan tranquila? ¡Es tu banda favorita! –
– Lo sé. Es sólo que aún no salgo del shock… –
– Vous êtes un idiot, Ivette –
– Je sais que –
Internamente, sabía que no podía esperar a mi primer día de trabajo con ellos.
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